Google+

Posts by Laia

Cuando la maternidad puede ser un cubo de agua fría

Posted by on Mar 17, 2016 in Alumnas Asesoras Continuum, Información, Maternidad | Comments

Cuando la maternidad puede ser un cubo de agua fría

A la maternidad no siempre se llega de forma consciente. Y no me refiero a si se decide ser madre o no. Muchas de nosotras pensamos que hemos decidido ser madres, pero en realidad ¿es nuestra esa decisión? O al menos, ¿hasta qué punto somos conscientes de lo que implica realmente lo que estamos decidiendo? ¿Qué factores de nuestro entorno nos condicionan en esa elección? A lo largo de este tiempo que llevo acompañando a mujeres he conocido muchos casos. Las mujeres podemos encontrarnos con una maternidad a la que no habíamos llamado o a la que hacía tiempo que esperábamos. También podemos decidir tener hijos porque quizás socialmente es lo que se espera de nosotras después de tener pareja estable.  O también decidimos tenerlos porque vemos que nos hacemos mayores y tenemos miedo no poder serlo más adelante, aunque eso implique llegar a la maternidad sin estar del todo preparadas… Pero, ¿se está preparada para ser madre? ¿Tenemos información real y de primera mano cuando nos planteamos serlo? Una persona muy cercana a mí me dijo un día que había sido egoísta al elegir ser madre: “no lo hago por crear una vida y dedicarme a ella, sino por ser un aliciente nuevo y tener otro entretenimiento, una faceta más para darle sentido a mi vida”. Y aunque tengo que reconocer que, en un primer momento también vi esa reacción como un hecho egoísta, con el tiempo me he ido dado cuenta que no es en absoluto cuestionable la decisión que nos lleva a querer pasar por la maternidad o paternidad. El caso es que las mujeres que llegamos a la maternidad lo hacemos viniendo de un camino concreto, con sus pendientes y características que lo hacen único para cada una de nosotras. Y ese camino, en muchos casos, no ha pasado por el “stand” informativo de: “Todo lo que deberías saber para ser madre”. Ese stand, precisamente, nos lo vamos encontrando, en pequeñas o grandes dosis, a medida que vamos descubriendo, o no, qué es eso de tener una criatura a tu cargo. Yo decidí ser madre, lo tenía claro. Pero he de reconoder que no me había planteado nunca qué podía suponer tomar esa decisión. El primer bebé recién nacido que tuve en mis brazos fue mi hijo. Recuerdo el sentimiento de ridiculez que me invadió cuando, en el hospital, me “enseñaban” a amamantar a mi hijo, me mostraban cómo debía sujetarlo, los cuidados que debía tener con el ombligo y, lo mejor de todo, cómo cambiarle el pañal y bañarlo. La sensación de “no saber”, de novata, de inexperta, de que todo era nuevo y todo debía ser aprendido era abrumadora. En vez de empoderada, salí del hospital con un sentimiento de “madre mía, esto es más grande que yo y no voy a saber ni por dónde empezar”. Y en parte, no iba tan mal encaminada.   ¿Cómo puede ser que una especie animal que tiene más de 2 millones de años de existencia tenga que aprender en un hospital cómo atender a su cría? Visto ahora, con cierta perspectiva, me parece terriblemente patético.   ¿Qué hemos hecho como sociedad que la crianza de nuestros hijos, el conocimiento de lo que es un “bebé real” se ha desvinculado tanto de nuestro día a día? La respuesta no es muy difícil de encontrar, lo sé. Mi reflexión es que la mayoría de mujeres llegamos a la maternidad sin ser muy conscientes de lo que realmente significa ser madre. Y eso también incluye que muchas de nosotras no tenemos mucha idea de lo que implica para el...

Read More