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La carga de las madres

Posted by on Abr 13, 2016 in Información, Maternidad | Comments

La carga de las madres

  Las mujeres de por si tenemos la costumbre, normalmente, de cargar con toda o casi toda la responsabilidad. El trabajo, la casa, los hijos… No es que nuestra pareja (si la hay) no colabore, es que el grado de responsabilidad no suele ser la misma.     Desde niñas nos han enseñado, ya sea de una forma más o menos sutil, a no molestar, a no pedir, a que no somos dueñas de nuestro cuerpo, a estar para el otro, a agradar.   La sociedad se encarga también de transmitirnos que tenemos que poder con todo para ser supermujeres, supermamás, superexitosastrabajadoras, supereducadas.   Tenemos que demostrar que valemos, que podemos con todo.   Y la culpa. Ay la culpa. Nuestra eterna acompañante.   Si no llegamos a todo es culpa nuestra. Si al otro le molestan nuestras palabras o nuestras quejas es culpa nuestra. Si nuestro parto o lactancia no es el que deseamos es culpa nuestra porque no sabemos y nuestro cuerpo no funciona. Si nos agobiamos es culpa nuestra, porque no somos capaces de poder con todo.   Pero es que no tenemos ni debemos que poder con todo. Si vivimos en pareja la responsabilidad debería ser compartida. Pero por desgracias no nos han educado igual.     Por otro lado vivimos aislados unos de otros. Estamos solos. Y nos sentimos solas. Cuantas madres se ven solas y superadas en la crianza de sus hijos.   La maternidad debería ser compartida y vivida con alegría, en comunidad, en tribu.   Estoy cansada de la pregunta de ¿y no trabajas?, cuando nos quedamos en casa al cuidado de nuestro hijos. Como si el cuidado de una persona fuese cualquier cosa. Como si estar en casa cuidando de nuestros hijos implicase no hacer nada.   El cuidado de una persona en pleno desarrollo es el trabajo que mayores conocimientos, responsabilidad, cualidades y tiempo requiere.   Claro, no estoy hablando de dejar a nuestros hijos en su cunita llorando hasta que aprendan a consolarse solos (cosa que no es tal y que además tiene sus consecuencia). Ni tampoco hablo de dejarles enchufados a la tele constantemente. Hablo de presencia para con nuestros hijos.   Mis hijas no me molestan, me molesta quien se cree con derecho a decirme que estarían mejor en una guardería, que qué bien vivo (dando por hecho que no hago nada), o que me estoy centrando demasiado en mi maternidad.   Señores, mis hijas no van a volver a ser niñas. Si no disfruto ahora de ellas y su crianza, ¿cuándo lo haré? Cada etapa tiene su tiempo. Y con mi vida hago lo que me place.     Por otro lado, si mi pareja es quien trabaja fuera, y yo quien se queda en casa cuidando de mis hijas, esto no es sinónimo de encargarme yo de todo lo concerniente de la casa. Ambos estamos desempeñando un trabajo, aunque el mío no sea remunerado.   Si resulta que además de cuidar a mis hijas llevo un emprendimiento, me cuesta aún más entender esos comentarios de desdén ante quienes decidimos hacer las cosas de otra manera.     Pensando en detallar todo lo que hago como madre seguro que habrá quien me tache de intrusismo. Soy cuidadora, proveedora de alimento, enfermera, asesora, psicóloga, payasa, cuentacuentos, monitora de ocio y tiempo libre, cocinera, limpiadora, profesora, chofer… Seguro que se te ocurren muchas más cosas.   Pero además de todo esto, y de mi trabajo, está para mí lo más cansado y que a veces más nos agota. Porque no sólo estamos agotadas físicamente, sino también mentalmente....

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Trucos chorras para el posparto

Posted by on Mar 22, 2016 in Artículos | Comments

Trucos chorras para el posparto

Nada de lo que te digan te prepara para el posparto. Aún así, sigamos intentándolo. Sigamos diciéndoles a las que vienen detrás que, seguramente, se recuperarán antes de un parto no intervenido, que meter al bebé en cama con ellas les dará alguna hora de sueño más, que el contacto constante con su bebé hará que se entiendan y que todo fluya…   Hoy vengo con unas ideas mucho menos transcendentales. Traigo unos truquillos de los que se descubren con la necesidad. De esos que todas tenemos. A lo mejor solo resultan prácticos para mí y desde luego que no pretendo aconsejar que nadie haga las mismas chorradas que yo, pero por si a alguien le sirven ¡ahí os los dejo! TRUQUILLO 1. Yo creía que el truco de botar en la pelota de Pilates para calmar al bebé era de sobras conocido pero el otro día hablé con unos papás ¡que no lo sabían! Cuando lo probaron quedaron alucinados, así que lo nombro por si queda más gente que no se ha enterado… Ah, ¿sabéis que también puede funcionar si ponemos la pelota entre nuestra espalda y la pared? Por cambiar un poco de postura, más que nada… Otros recursos: mirar por la ventana, caminar, bailar… Pero, atención, el baile que mejor me funciona a mí es a ritmo de la banda sonora Dirty Dancing; cuanto más guarro el movimiento, mejor. Si tienes energía ese día, hazlo al límite de la dislocación. Yo creo que funciona tan bien por la combinación del balanceo con el sube y baja. A mi hija la deja seca. Otro truco menos conocido es meterse debajo de la campana extractora. “¡¡¡Campaaaaaana y se acabó!!!!” le llamamos en casa, por su tremenda eficacia. Si sois muy jóvenes me temo no entenderéis este chascarrillo… Y, al final, hagas lo que hagas, con el niño a la teta, por supesto. TRUQUILLO 2. Este truco puede herir sensibilidades. Así que, por si le puedo ahorrar el cabreo alguien: • Por supuesto que todo el mundo tiene que ganarse la vida, a veces en puestos que nos generan a los demás muy pocas simpatías, pero esas personas no tienen la culpa. • Por supuesto que las ONGs merecen todo el respeto y la admiración del mundo y necesitan que muchos nos hagamos socios. • Por supuesto que es vergonzoso que haya tanta gente en nuestro país sin recursos que tenga que recurrir a pedir en la calle. Dicho esto: cuando vayas paseando y veas ya a lo lejos que te va a abordar alguien con “¿tienes un minutito para una encuesta?” o “¿te apetece hacerte socio?”; cuando estés en una cafetería o en el metro y no te apetezca que te vendan un mechero o ni si quiera que te hablen: sácate una teta. Así, sin más. Sácate una teta para dar de mamar, pero sin mucha prisa en ponerte al bebé… No hay fallo, nadie se acerca a hacerle una encuesta a una tía que tiene una teta de fuera. TRUQUILLO 3. Los bebés de pocos meses solo necesitan dos cosas: el cuerpo de mamá (con todo lo que eso implica: comida, calor, protección, etc) y un poquito de suelo. Y de uno a otro deben bailar, de los brazos al suelo y del suelo a los brazos. Pero está complicado porque no en todas las habitaciones de la casa es fácil dejar al bebé en el suelo. Al final la gente opta por meter al bebé en una hamaca y la pasea al baño, a la cocina… Pero eso no es lo más beneficioso para el...

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Cuando la maternidad puede ser un cubo de agua fría

Posted by on Mar 17, 2016 in Alumnas Asesoras Continuum, Información, Maternidad | Comments

Cuando la maternidad puede ser un cubo de agua fría

A la maternidad no siempre se llega de forma consciente. Y no me refiero a si se decide ser madre o no. Muchas de nosotras pensamos que hemos decidido ser madres, pero en realidad ¿es nuestra esa decisión? O al menos, ¿hasta qué punto somos conscientes de lo que implica realmente lo que estamos decidiendo? ¿Qué factores de nuestro entorno nos condicionan en esa elección? A lo largo de este tiempo que llevo acompañando a mujeres he conocido muchos casos. Las mujeres podemos encontrarnos con una maternidad a la que no habíamos llamado o a la que hacía tiempo que esperábamos. También podemos decidir tener hijos porque quizás socialmente es lo que se espera de nosotras después de tener pareja estable.  O también decidimos tenerlos porque vemos que nos hacemos mayores y tenemos miedo no poder serlo más adelante, aunque eso implique llegar a la maternidad sin estar del todo preparadas… Pero, ¿se está preparada para ser madre? ¿Tenemos información real y de primera mano cuando nos planteamos serlo? Una persona muy cercana a mí me dijo un día que había sido egoísta al elegir ser madre: “no lo hago por crear una vida y dedicarme a ella, sino por ser un aliciente nuevo y tener otro entretenimiento, una faceta más para darle sentido a mi vida”. Y aunque tengo que reconocer que, en un primer momento también vi esa reacción como un hecho egoísta, con el tiempo me he ido dado cuenta que no es en absoluto cuestionable la decisión que nos lleva a querer pasar por la maternidad o paternidad. El caso es que las mujeres que llegamos a la maternidad lo hacemos viniendo de un camino concreto, con sus pendientes y características que lo hacen único para cada una de nosotras. Y ese camino, en muchos casos, no ha pasado por el “stand” informativo de: “Todo lo que deberías saber para ser madre”. Ese stand, precisamente, nos lo vamos encontrando, en pequeñas o grandes dosis, a medida que vamos descubriendo, o no, qué es eso de tener una criatura a tu cargo. Yo decidí ser madre, lo tenía claro. Pero he de reconoder que no me había planteado nunca qué podía suponer tomar esa decisión. El primer bebé recién nacido que tuve en mis brazos fue mi hijo. Recuerdo el sentimiento de ridiculez que me invadió cuando, en el hospital, me “enseñaban” a amamantar a mi hijo, me mostraban cómo debía sujetarlo, los cuidados que debía tener con el ombligo y, lo mejor de todo, cómo cambiarle el pañal y bañarlo. La sensación de “no saber”, de novata, de inexperta, de que todo era nuevo y todo debía ser aprendido era abrumadora. En vez de empoderada, salí del hospital con un sentimiento de “madre mía, esto es más grande que yo y no voy a saber ni por dónde empezar”. Y en parte, no iba tan mal encaminada.   ¿Cómo puede ser que una especie animal que tiene más de 2 millones de años de existencia tenga que aprender en un hospital cómo atender a su cría? Visto ahora, con cierta perspectiva, me parece terriblemente patético.   ¿Qué hemos hecho como sociedad que la crianza de nuestros hijos, el conocimiento de lo que es un “bebé real” se ha desvinculado tanto de nuestro día a día? La respuesta no es muy difícil de encontrar, lo sé. Mi reflexión es que la mayoría de mujeres llegamos a la maternidad sin ser muy conscientes de lo que realmente significa ser madre. Y eso también incluye que muchas de nosotras no tenemos mucha idea de lo que implica para el...

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Control de esfínteres: Mi hijo no hace caca

Posted by on Feb 17, 2016 in Artículos, Crianza | Comments

Control de esfínteres: Mi hijo no hace caca

    El control de esfínteres es un proceso madurativo. No depende tanto de lo que los adultos hagamos, sino de que el pequeño esté preparado física, mental y emocionalmente.     En todo caso lo que los adultos hacemos es entorpecer en ocasiones este proceso. ¿Y cómo hacemos esto? No teniendo en cuenta el ritmo madurativo de cada niño y creyendo que porque tenga dos años o sea verano es buena idea comenzar con la retirada del pañal. De esa manera no respetamos el ritmo de cada niño.   El control de esfínteres suele darse, de media, entre los dos años y medio y los tres años. Pero no se considera enuresis (micción involuntaria) diurna hasta los 5 años, nocturna hasta los 7 y encopresis (defecación involuntaria) hasta los 4 años.   El problema no es sólo que muchos padres creamos que a cierta edad sea hora de quitar el pañal. Sino que algunos profesionales nos alientan a ello, cuando en realidad dedicarse a la infancia no es sinónimo de saber sobre control de esfínteres. Estoy cansada de oír cómo en las guarderías recomiendan a los padres retirar el pañal, porque ya toca.   Por otro lado, la sociedad nos empuja al “cuanto antes mejor”. El sistema educativo en muchos casos obliga a que el niño a los tres años ya no lleve pañal. Por lo que si queremos o necesitamos escolarizarlo a esa edad nos vemos sometidos a un estrés y ansiedad innecesarios. Estrés y ansiedad de los que el niño se lleva la peor parte.     El control de esfínteres es un proceso físico, mental y emocional     Como he comentado antes, el control de esfínteres es un proceso no sólo físico, sino también mental y emocional:   –           Puede que el niño sea capaz de controlar el músculo de la uretra o los músculos del año. Pero el control de esfínteres no es sólo eso.   –           Por otro lado el pequeño tiene que tener un desarrollo psicomotor acorde a su edad, y unas nociones básicas de su esquema corporal y de vocabulario sobre este proceso.   –           El niño tiene que sentirse seguro, habiendo perdido el miedo a deshacerse de algo que para él es suyo. La capacidad de control de la que se hace consciente, debe madurar. Por eso hay que darle tiempo y permitirle atravesar con normalidad esta etapa. Si el niño se siente presionado ese proceso puede verse entorpecido.     Cuando el pequeño esté preparado dejará el pañal por si solo, sin presión ni estrés. Y te aseguro que lo hará. Quizás no deje el pañal cuando a ti te gustaría, pero cuando lo deje lo hará feliz, seguro y motivado.     A veces, por haber quitado el pañal antes de tiempo, por desconocimiento, surgen “problemas”. E incluso a pesar de respetar los ritmos de nuestro hijo, por algún motivo del que no somos conscientes, surge igualmente algún “problema”.   No se trata aquí de pensar en lo que hemos hecho mal, sino en pensar en cómo podemos solucionarlo de manera respetuosa, amorosa y sin culparnos a nosotros mismos. Olvidémonos de la culpa y centrémonos en la solución.     Quiero contarte brevemente nuestra experiencia personal. Un problema que nos ha traído de cabeza durante años.   En casa teníamos claro que nuestra hija dejaría el pañal cuando ella estuviese preparada, cosa que sucedió a los tres años. Un día dijo que hacía pis en el inodoro y que no quería llevar más el pañal. Ella lo decidió así, por lo que no hubo escapes. Dos meses...

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John Lenonn y la crianza respetuosa

Posted by on Feb 10, 2016 in Crianza | Comments

John Lenonn y la crianza respetuosa

Cuando era pequeña mi abuela me llevó a una reunión religiosa, no recuerdo de que confesión. Sé que había un predicador que decía algo sobre que había un Dios que todos recordaríamos hasta los confines de la humanidad. Que la gran mayoría de las personas pasariamos sin pena ni gloria por el mundo y que sólo ese Dios sería recordado. Entonces empezó a hablar de los Beatles, un grupo de moda  en esa época, diciendo que dentro de unos años nadie sabría ni el nombre del cantante. Y para demostrar que estaba en lo cierto, de entre toda la gente que había allí se dirigió a mí (una niña de unos ocho años), y me preguntó: – ¿Sabes tú cómo se llama el cantante de los Beatles? Tenía todas las papeletas para no saber el nombre, sólo era una niña. ¿Por qué no le preguntó a algún adulto?. Lo que no sabía ese tipo tan listo es que crecí escuchando “Imagine”, “Yellow Submarine” y “Let it Be”… aún así ¿adivinan mi respuesta?…. -“..no lo sé…” Con el corazón a mil por hora, luchando conmigo misma por mentir, pero, ¿cómo iba a desmontarle el chiringuito al tipo ese que estaba subido en un pedestal? Para mí representaba la autoridad, ¿cómo iba a llevarle la contraría?. Me sentí con la responsabilidad de respaldarle. Pero,¿ y qué pasaba con esa niña de ocho años que mintió por no hacer sentir mal a un adulto?.   ¿Importa cómo se sienten los niños en este mundo preparado para adultos?   En estos días está volviendo a circular un post que escribí el año pasado: Mamá no quiero ir al cole, ¡¡¡pero nunca más!!!, en el que invito a reflexionar sobre qué sienten los niños en los períodos de adaptación y sobre cómo mis hijos no se adaptaron y nos lo hicieron saber. Estoy recibiendo muchos comentarios en los que se identifican con nuestra situación y cómo siguen recibiendo mensajes de la sociedad afirmando que los niños son unos mimosos y que nos manipulan. Y no, no manipulan,  es que saben pedir lo que necesitan insistentemente. Lloran cuando son pequeños porque no tienen las herramientas necesarias para expresarse, su cerebro aún está desarrollándose, somos los adultos los que los manipulamos para que se adapten a nuestro mundo. Ellos son los más débiles, ellos necesitan que los escuchemos, que les pongamos voz, que los defendamos, que los protejamos, que sientan la seguridad de que si tienen un problema van a venir a contárnoslo porque desde siempre se les ha tenido en cuenta. ¿Por qué tienen que ser los niños los responsables de los estados emocionales de los adultos?. No quiero que mis hijos sean buenos, ni dóciles, quiero que sean ellos mismos, y que sean felices. Y al pastor que le preguntó a aquella niña más preocupada de no llevar la contraria y de ser buena le digo:   Es Jonh Lennon, ¿ qué te crees que porque soy una niña no lo voy a saber? A ver qué argumento te buscas ahora listillo.        ...

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Hay que hacerlo y punto

Posted by on Feb 4, 2016 in Crianza | Comments

Hay que hacerlo y punto

Hoy vengo a compartir con vosotros un trabajo excelente de Eva Bailén que espero que no os deje indiferentes. Un video-denuncia de uno de los temas que más preocupan a los padres de hoy en día con niños en edad escolar. Espero que lo disfrutéis. ¿Que os ha parecido el vídeo? Cada día me encuentro más familias angustiadas por la realidad que la presencia abusiva de deberes supone para sus familias: niños agotados, padres irascibles, rutinas domésticas truncadas, sueño reparador sesgado, juego libre olvidado… En nuestro país la media española de tareas escolares es de 6,5 horas semanales en la ESO, pero hay niños que ya en primaria superan esa media (fuente: OCDE) ¿Sabíais que ese exceso de deberes supone una gran frustración para un niño que se ve sobrepasado y agotado, y que debería estar disfrutando de su tiempo de ocio y de su familia? Está claro que algo no estamos haciendo bien y aplaudo esta iniciativa que nos devuelve la voz silenciada de tantos niños, para que tomemos conciencia. La racionalización de los deberes es sólo un cambio más entre los muchos que necesita el sistema educativo español (Eva Bailén) pero puede ser el primer paso.  Os invito a firmar la petición que acompaña este video: podéis hacerlo en  change.org/losdeberesjustos y no dejéis de compartir #LosDeberesJustos ¿Y tú? ¿Qué piensas de los deberes? Espero tus comentarios al...

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