Aún no estoy preparada para que me tiemblen las manos al ver aparecer la fina línea rosa.
Aún no estoy preparada para mirarme al espejo y reconocer la felicidad.
Aún no estoy preparada para que los párpados se me caigan al final de la tarde.
Aún no estoy preparada para recibir cumplidos y felicitaciones.
Aún no estoy preparada para esos silencios frente al ecógrafo.

 

Aún no estoy preparada para escuchar tu latido.
Aún no estoy preparada para no escuchar tu latido.
Aún no estoy preparada para ver asomar mi ombligo.
Aún no estoy preparada para que todas las manos busquen acariciar mi vientre.
Aún no estoy preparada para buscarte en mis entrañas después de la cena.
Aún no estoy preparada para llorar y reír en un mismo instante.
Aún no estoy preparada para el control de la semana 11.
Aún no estoy preparada para descubrirme cantándote.
Aún no estoy preparada para quererte y ponerte nombre.
Aún no estoy preparada para ver de mis pechos brotar leche…

…No me metas prisa porque aún no estoy preparada para gestar una nueva vida.

 

Las prisas nunca son buenas consejeras, y después de un acontecimiento tan intenso y perturbador como un aborto, mucho menos.
Así que, sólo te pido que le des tiempo, que no le insistas en que lo mejor es buscar un nuevo embarazo. No le pidas que mire hacia otro lado y pase por alto lo sucedido. Deja que camine a su ritmo un proceso de duelo necesario para sanar las heridas, sobre todo las del alma, que son las que cicatrizan más despacio.

 

El duelo después de un aborto es un proceso necesario, con tiempos propios que marca cada madre y que se deben respetar.

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No entraba en mis planes tener hijos. No me interesaban lo más mínimo las conversaciones de bebés y me daba repelús imaginarme cambiando pañales o pasando la tarde en un parque infantil. Hasta que esa campanita que (casi) todas llevamos dentro comenzó a sonar repentinamente como una sirena de bomberos, imposible de acallar. Del asombro inicial pasé al desconcierto total, y de ahí a la rendición. Y me quedé embarazada, y parí, y mi vida se dio la vuelta como un calcetín. Y resultó que esa parte del calcetín, que nunca había visto, me gustó. Me gustó mucho. Gracias a ello decidí formarme como Asesora Continuum, Asesora de Porteo y Asesora de Lactancia para acompañar a las familias en la búsqueda de ese camino mágico que llamamos m(p)aternidad. Podrás encontrarme en mi blog, En casa con mamá, mi particular ventana al mundo.

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