La carga de las madres

La carga de las madres

 

Las mujeres de por si tenemos la costumbre, normalmente, de cargar con toda o casi toda la responsabilidad. El trabajo, la casa, los hijos… No es que nuestra pareja (si la hay) no colabore, es que el grado de responsabilidad no suele ser la misma.

 

 

Desde niñas nos han enseñado, ya sea de una forma más o menos sutil, a no molestar, a no pedir, a que no somos dueñas de nuestro cuerpo, a estar para el otro, a agradar.

 

La sociedad se encarga también de transmitirnos que tenemos que poder con todo para ser supermujeres, supermamás, superexitosastrabajadoras, supereducadas.

 

Tenemos que demostrar que valemos, que podemos con todo.

 

Y la culpa. Ay la culpa. Nuestra eterna acompañante.

 

Si no llegamos a todo es culpa nuestra. Si al otro le molestan nuestras palabras o nuestras quejas es culpa nuestra. Si nuestro parto o lactancia no es el que deseamos es culpa nuestra porque no sabemos y nuestro cuerpo no funciona. Si nos agobiamos es culpa nuestra, porque no somos capaces de poder con todo.

 

Pero es que no tenemos ni debemos que poder con todo. Si vivimos en pareja la responsabilidad debería ser compartida. Pero por desgracias no nos han educado igual.

 

mujer multitarea

 

Por otro lado vivimos aislados unos de otros. Estamos solos. Y nos sentimos solas. Cuantas madres se ven solas y superadas en la crianza de sus hijos.

 

La maternidad debería ser compartida y vivida con alegría, en comunidad, en tribu.

 

Estoy cansada de la pregunta de ¿y no trabajas?, cuando nos quedamos en casa al cuidado de nuestro hijos. Como si el cuidado de una persona fuese cualquier cosa. Como si estar en casa cuidando de nuestros hijos implicase no hacer nada.

 

El cuidado de una persona en pleno desarrollo es el trabajo que mayores conocimientos, responsabilidad, cualidades y tiempo requiere.

 

Claro, no estoy hablando de dejar a nuestros hijos en su cunita llorando hasta que aprendan a consolarse solos (cosa que no es tal y que además tiene sus consecuencia). Ni tampoco hablo de dejarles enchufados a la tele constantemente. Hablo de presencia para con nuestros hijos.

 

Mis hijas no me molestan, me molesta quien se cree con derecho a decirme que estarían mejor en una guardería, que qué bien vivo (dando por hecho que no hago nada), o que me estoy centrando demasiado en mi maternidad.

 

Señores, mis hijas no van a volver a ser niñas. Si no disfruto ahora de ellas y su crianza, ¿cuándo lo haré? Cada etapa tiene su tiempo. Y con mi vida hago lo que me place.

 

 

Por otro lado, si mi pareja es quien trabaja fuera, y yo quien se queda en casa cuidando de mis hijas, esto no es sinónimo de encargarme yo de todo lo concerniente de la casa. Ambos estamos desempeñando un trabajo, aunque el mío no sea remunerado.

 

Si resulta que además de cuidar a mis hijas llevo un emprendimiento, me cuesta aún más entender esos comentarios de desdén ante quienes decidimos hacer las cosas de otra manera.

 

 

Pensando en detallar todo lo que hago como madre seguro que habrá quien me tache de intrusismo. Soy cuidadora, proveedora de alimento, enfermera, asesora, psicóloga, payasa, cuentacuentos, monitora de ocio y tiempo libre, cocinera, limpiadora, profesora, chofer… Seguro que se te ocurren muchas más cosas.

 

Pero además de todo esto, y de mi trabajo, está para mí lo más cansado y que a veces más nos agota. Porque no sólo estamos agotadas físicamente, sino también mentalmente.

 

Todo lo que tiene que ver con la gestión y organización depende casi siempre de nosotras. Menús, citas, compras, colegio, llamadas, pediatra… Eso sin contar con la gestión y organización si eres emprendedora.

 

Descarguemos nuestra carga.

Porque no siempre todo es responsabilidad nuestra.

Porque tenemos que aprender a delegar.

Porque la crianza y la maternidad necesita de tribu.

 

 

Carolina Sánchez

http://SoniandoDuendes.com

http://MinervaysuMundo.com

Consejos para el posparto

Consejos para el posparto

Nada de lo que te digan te prepara para el posparto.

Aún así, sigamos intentándolo. Sigamos diciéndoles a las que vienen detrás que, seguramente, se recuperarán antes de un parto no intervenido, que meter al bebé en cama con ellas les dará alguna hora de sueño más, que el contacto constante con su bebé hará que se entiendan y que todo fluya…

 

Hoy vengo con unas ideas mucho menos transcendentales. Traigo unos truquillos de los que se descubren con la necesidad. De esos que todas tenemos. A lo mejor solo resultan prácticos para mí y desde luego que no pretendo aconsejar que nadie haga las mismas chorradas que yo, pero por si a alguien le sirven ¡ahí os los dejo!

TRUQUILLO 1.
Yo creía que el truco de botar en la pelota de Pilates para calmar al bebé era de sobras conocido pero el otro día hablé con unos papás ¡que no lo sabían! Cuando lo probaron quedaron alucinados, así que lo nombro por si queda más gente que no se ha enterado… Ah, ¿sabéis que también puede funcionar si ponemos la pelota entre nuestra espalda y la pared? Por cambiar un poco de postura, más que nada…
Otros recursos: mirar por la ventana, caminar, bailar… Pero, atención, el baile que mejor me funciona a mí es a ritmo de la banda sonora Dirty Dancing; cuanto más guarro el movimiento, mejor. Si tienes energía ese día, hazlo al límite de la dislocación. Yo creo que funciona tan bien por la combinación del balanceo con el sube y baja. A mi hija la deja seca. Otro truco menos conocido es meterse debajo de la campana extractora. “¡¡¡Campaaaaaana y se acabó!!!!” le llamamos en casa, por su tremenda eficacia. Si sois muy jóvenes me temo no entenderéis este chascarrillo… Y, al final, hagas lo que hagas, con el niño a la teta, por supesto.

TRUQUILLO 2.
Este truco puede herir sensibilidades. Así que, por si le puedo ahorrar el cabreo alguien:
• Por supuesto que todo el mundo tiene que ganarse la vida, a veces en puestos que nos generan a los demás muy pocas simpatías, pero esas personas no tienen la culpa.
• Por supuesto que las ONGs merecen todo el respeto y la admiración del mundo y necesitan que muchos nos hagamos socios.
• Por supuesto que es vergonzoso que haya tanta gente en nuestro país sin recursos que tenga que recurrir a pedir en la calle.
Dicho esto: cuando vayas paseando y veas ya a lo lejos que te va a abordar alguien con “¿tienes un minutito para una encuesta?” o “¿te apetece hacerte socio?”; cuando estés en una cafetería o en el metro y no te apetezca que te vendan un mechero o ni si quiera que te hablen: sácate una teta. Así, sin más. Sácate una teta para dar de mamar, pero sin mucha prisa en ponerte al bebé… No hay fallo, nadie se acerca a hacerle una encuesta a una tía que tiene una teta de fuera.

TRUQUILLO 3.
Los bebés de pocos meses solo necesitan dos cosas: el cuerpo de mamá (con todo lo que eso implica: comida, calor, protección, etc) y un poquito de suelo. Y de uno a otro deben bailar, de los brazos al suelo y del suelo a los brazos. Pero está complicado porque no en todas las habitaciones de la casa es fácil dejar al bebé en el suelo. Al final la gente opta por meter al bebé en una hamaca y la pasea al baño, a la cocina… Pero eso no es lo más beneficioso para el desarrollo motor del bebé. Nuestra solución: hemos cortado en tres una colchoneta de yoga algo gordita y hemos puesto un trozo en la cocina, uno en el baño y otro en la habitación donde está el cambiador y la ropa de la peque. El trozo de colchoneta tendrá que crecer en cuanto aprenda a girarse.

En el salón tenemos puesto de manera permanente un suelo de puzle, pero cuando nos movemos por la casa (y la niña no va porteada) ya solo la trasladamos a ella, no vamos arrastrando por ahí una hamaca ni una manta de actividades.
Al llegar al baño, dejas al bebé en la colchonetita que está en el suelo y te sientas a mear tranquilamente. Tranquilamente…, bueno, mientras le miras y le haces “gugu tata, ahora te cojo cariño, es un momentito”.

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TRUQUILLO 4.
Encontrar un sujetador de lactancia a nuestro gusto es toda una aventura. Yo no quise comprar ninguno por adelantado, porque no sabía que talla comprar. Quién sabe cómo se te van a poner las tetas cuando suba la leche, y quién sabe cuánto van a bajar después, si es que bajan…
Fue en las primeras semanas, cuando apenas salía a la calle, siempre medio desnuda, con las tetas de fuera goteando leche por toda la casa… cuando descubrí por casualidad que el mejor sujetador de lactancia es un bikini de triangulo. “Sujetador de cortinilla”, le llamo.
La verdad es que no tenía sujetador que ponerme porque, como os dije, no quise comprar hasta ver de qué tamaño se me quedaban las tetas, pero tampoco me podía poner los de siempre (ni por tamaño ni por comodidad para dar el pecho a la niña). Así que rebuscando por los cajones en plan “¿qué demonios me pongo para no empaparme yo, ni a la niña, ni dejar regueros por el pasillo?”, apareció un bikini… Es muy cómodo, se “abre” con una mano, no aprieta, es rápido, si se moja de leche seca pronto…

 

¿Nos cuentas tú ahora cuáles son truquillos para el día a día con un recién nacido? ¿Tienes un secreto para eliminar las ojeras?, ¿un truco infalible para sacar las manchas de caca?, ¿una canción mágica que te salva la vida? ¡Contribuye, todas lo necesitamos!

Y, sobre todo, no os olvidéis de decirles a las siguientes que miren a los ojos a su bebé, que lo acaricien, que le hablen y lo escuchen, que lo lleven con ellas y compartan con él cada momento del día.

 

Cuando la maternidad puede ser un cubo de agua fría

Cuando la maternidad puede ser un cubo de agua fría

A la maternidad no siempre se llega de forma consciente. Y no me refiero a si se decide ser madre o no.

Muchas de nosotras pensamos que hemos decidido ser madres, pero en realidad ¿es nuestra esa decisión? O al menos, ¿hasta qué punto somos conscientes de lo que implica realmente lo que estamos decidiendo? ¿Qué factores de nuestro entorno nos condicionan en esa elección?

A lo largo de este tiempo que llevo acompañando a mujeres he conocido muchos casos. Las mujeres podemos encontrarnos con una maternidad a la que no habíamos llamado o a la que hacía tiempo que esperábamos. También podemos decidir tener hijos porque quizás socialmente es lo que se espera de nosotras después de tener pareja estable.  O también decidimos tenerlos porque vemos que nos hacemos mayores y tenemos miedo no poder serlo más adelante, aunque eso implique llegar a la maternidad sin estar del todo preparadas…

Pero, ¿se está preparada para ser madre?embarazo

¿Tenemos información real y de primera mano cuando nos planteamos serlo?

Una persona muy cercana a mí me dijo un día que había sido egoísta al elegir ser madre: “no lo hago por crear una vida y dedicarme a ella, sino por ser un aliciente nuevo y tener otro entretenimiento, una faceta más para darle sentido a mi vida”. Y aunque tengo que reconocer que, en un primer momento también vi esa reacción como un hecho egoísta, con el tiempo me he ido dado cuenta que no es en absoluto cuestionable la decisión que nos lleva a querer pasar por la maternidad o paternidad.

El caso es que las mujeres que llegamos a la maternidad lo hacemos viniendo de un camino concreto, con sus pendientes y características que lo hacen único para cada una de nosotras. Y ese camino, en muchos casos, no ha pasado por el “stand” informativo de: “Todo lo que deberías saber para ser madre”. Ese stand, precisamente, nos lo vamos encontrando, en pequeñas o grandes dosis, a medida que vamos descubriendo, o no, qué es eso de tener una criatura a tu cargo.

Yo decidí ser madre, lo tenía claro. Pero he de reconoder que no me había planteado nunca qué podía suponer tomar esa decisión.

El primer bebé recién nacido que tuve en mis brazos fue mi hijo.

Recuerdo el sentimiento de ridiculez que me invadió cuando, en el hospital, me “enseñaban” a amamantar a mi hijo, me mostraban cómo debía sujetarlo, los cuidados que debía tener con el ombligo y, lo mejor de todo, cómo cambiarle el pañal y bañarlo. La sensación de “no saber”, de novata, de inexperta, de que todo era nuevo y todo debía ser aprendido era abrumadora. En vez de empoderada, salí del hospital con un sentimiento de “madre mía, esto es más grande que yo y no voy a saber ni por dónde empezar”. Y en parte, no iba tan mal encaminada.

 

¿Cómo puede ser que una especie animal que tiene más de 2 millones de años de existencia tenga que aprender en un hospital cómo atender a su cría? Visto ahora, con cierta perspectiva, me parece terriblemente patético.

 

¿Qué hemos hecho como sociedad que la crianza de nuestros hijos, el conocimiento de lo que es un “bebé real” se ha desvinculado tanto de nuestro día a día?

La respuesta no es muy difícil de encontrar, lo sé.

Mi reflexión es que la mayoría de mujeres llegamos a la maternidad sin ser muy conscientes de lo que realmente significa ser madre. Y eso también incluye que muchas de nosotras no tenemos mucha idea de lo que implica para el bebé nacer y de cuáles son sus necesidades reales.

Lo que conocemos de la maternidad antes de llegar a ella es una imagen. Un modelo expuesto en un mostrador llamado sociedad consumista que nos da una idea de lo que quieren que sea la maternidad, de lo que quieren que sea un bebé. Y, como en muchas otras cosas, nosotros confiamos en lo que nos dicen y consciente o inconscientemente nos lo creemos y lo integramos.

 

Y yo me pregunto, ¿y si llegamos a la maternidad real, la que vivimos en nuestras propias carnes, y no es como nos lo han planteado? ¿Y si la probamos y no nos gusta? Qué hacemos entonces, ¿la devolvemos como los productos que compramos y nos acogemos al derecho de devolución?

 

Pues entiendo que cada una de nosotras, con nuestro camino vivido, nuestro contexto concreto y nuestra mochila emocional más o menos pesada, hacemos y decidimos lo que es mejor para cada una de nosotras teniendo en cuenta todo eso. Y a partir de ahí evolucionamos hacia un sentido o hacia otros muchos que nos vayamos  encontrando en nuestra ruta por esa nueva aventura que hemos  iniciado.madre estresada

Y sí, he visto madres maldecir el día que decidieron serlo. Las he visto llorar, desesperarse y salir de la habitación donde estaba su bebé gritando “no puedo más”. Incluso rechazar el contacto con su bebé, pidiendo que se lo apartaran de su vista. Vivencias durisimas y que hemos juzgado muchas veces por dar por hecho que una mujer debe saber llevar y «soportar» la maternidad porque le corresponde.

 

También las he visto dando gracias a todo lo que supuso para ellas esa misma decisión.

 

Decidir o no ser madre no puede ser juzgable, puesto que cada cual toma la decisión, acertada o no (eso es difícil, casi imposible, de afirmar), que cree más oportuna. Y lo mismo cuando se llega a la maternidad.

Tomar decisiones tiene sus riesgos y sus consecuencias, por eso nos cuesta muchas veces tomarlas. Incluso puede llegar a ser todavía más costoso cuando hablamos de decisiones relacionadas con la crianza de nuestros hijos.

Por ello creo que es importante estar informada. Conocer o no  las necesidades reales de nuestros bebés y las nuestras propias como mujeres que decidimos emprender, o no, el camino de la maternidad, puede representar vivirla de maneras muy diferentes.

Bastante complicado es ir descubriendo en pequeñas capsulas de información o con cubos de agua fría, qué implica ser o no ser madre, como para, además, sentirnos juzgada por la decisión que tomamos. Pero des de la información y la consciencia, la decisión se puede entomar con mucho más poder. Y si hay poder y seguridad para decidir desde esa prespectiva, puede ser más fácil asumir todo lo que esa decisión conlleva.

No juzgamos: un lema de Asesoras Continuum

No juzgamos: un lema de Asesoras Continuum

Cuando nos convertimos en madres una avalancha de consejos y «buenas prácticas» se arroja encima de nosotras.

Estamos puérperas, con un cocktail hormonal que nos hace estar más sensibles y, en muchas ocasiones, sentirnos inseguras.

No hemos parido antes, no hemos amamantado, nunca hemos tenido un bebé tan pequeñito que dependiera día y noche de nosotras y… ¡lo queremos hacer tan bien!

Nos asaltan mil dudas y no sabemos a quién hacer caso.

Si tenemos suerte, nos animamos a acudir a un grupo de apoyo a la lactancia o a la crianza, a hablar con una matrona o asesora sobre nuestras dudas.

En general, los grupos funcionan fenomenal y encontramos respaldo y apoyo. Pero en otras ocasiones nos sentimos juzgadas y no sabemos cómo encajar en ellos.

Por miedo a ser juzgada, a que alguien me hablara «regular» o de forma paternalista, no acudí a un grupo de apoyo cuando fui madre por primera vez. Y me hubiera encantado, porque me habría proporcionado seguridad y un lugar de desahogo.

Los profesionales que trabajamos con personas y especialmente con madres, ya que la maternidad es algo muy íntimo,  tenemos una doble responsabilidad:

  • Transmitir información verídica y contrastada
  • Cuidar el trato personal.

Y en Asesoras Continuum nos lo tomamos muy en serio.

Por un lado la información que proporcionamos es rigurosa y contrastada, actualizada, ya que seguimos en continua formación.

Pero más importante aún, nos formamos para  ver más allá.

Más allá de la composición de la leche materna o de la producción de oxitocina.
Más allá de la nutrición saludable o de la importancia del tacto y el contacto,
en Asesoras Continuum miramos a los ojos de la persona que nos habla.
Escuchamos y respetamos.
Porque, lo que es bueno para mí, quizás no lo sea para ti.

Igual que no hay un portabebés perfecto para todos -intentamos buscar el idóneo para ti y tu hijo- no hay una respuesta única al resto de interrogantes que surgen alrededor de la maternidad y la crianza.

Lo importante es tu tranquilidad y la de tu hijo, tu felicidad y la de tu hijo. Que encontréis vuestro camino valorando distintas opciones y pudiendo elegir. Sin que nadie te juzgue, sientiéndote libre.

Porque tú y tu hijo sois lo importante para nosotras.

Formación en Acompañamiento a la Maternidad

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Amar a ciegas

Amar a ciegas

De todas y cada una de «mis mamis» guardo un recuerdo y un cariño muy especial, todas han compartido conmigo confidencias, lágrimas, miedos, ilusiones…

Todas han dejado en mí y en mi hacer como asesora una huella imborrable.

Pero cuando conocí a Laura, algo en mi alma se movió. Supe que iba a ser distinto, que ella iba a cambiar mi vida y mi manera de trabajar, de alguna manera y para siempre. Quise pedirle que me dejara acompañarla… pero callé, por prudencia, y el tiempo y el destino quiso que ella y su pareja me eligieran más tarde para hacerlo. Paradójicamente, ese lluvioso día en que nos conocimos, era ella la que venía a aprender de mí – nos conocimos en un taller de Porteo y Ceguera que yo impartía – pero os aseguro que ha sido ella la que me ha enseñado tantas y tantas de cosas a mí...

Con Laura he aprendido …

… que el ser humano es resiliente por naturaleza …

… que rozar la muerte con las yemas de los dedos te hace ver la vida con otra luz

… que un golpe del destino no puede nunca derrocar tus sueños

Umuma - Amar a ciegas 3… que siempre hay una nueva oportunidad por la que seguir soñando …

… que siempre hay tiempo para una sonrisa honesta

… que las cicatrices del cuerpo y del alma nos hacen mucho más bellos …

… que la familia y su sostén están sobrevalorados por nuestra cultura …

… que lo único importante somos nosotros mismos y nuestro amor propio …

… que la única discapacidad real es la falta de empatía

… que en esta vida hay que mantenerse cerca de los que nos ven las alas y las pintan de colores …

… que desde el dolor también se puede amar a manos llenas

Umuma - amar a ciegas1… que ese amor es el verdadero y el que puede con todo y contra todos …

… que se puede vivir una vida serena, sencilla y sin estridencias y hacer el mundo mucho más hermoso …

… que la maternidad es y debería ser una profundo acto de amor, responsabilidad y consciencia …

… que los miedos son malos consejeros …

… que sólo los valientes viven una vida plena …

… que ante el ímpetu de la vida que se abre paso, sólo podemos rendirnos y dejarnos llevar …

… que pedir ayuda y dejarse ayudar es una de las más difíciles lecciones que debemos aprender …

… que no hay mujer más bella que la que amamanta a su bebé sin verlo …

… que una familia se crea, construye y fortalece a base de sueños, cariño, compasión y entrega …

… que un hijo o hija viene cargado de sabiduría para recordarnos quién somos ..Umuma - Amar a ciegas 2.

… que el tacto y el contacto son lo único que quieren nuestros bebés …

… que lo que a menudo creemos importante tiene casi siempre una importancia relativa …

… que no hay mirada más dulce y hermosa que la de Laura …

… ella, que mira sin ver… y sin embargo ve tan hondo, tanto o más que nuestros torpes ojos

Gracias Laura, Noe y Ariadna, por enseñarme qué es

                  … amar a ciegas.

Me puse frente a una cámara de termovisión y… ¡sorpresa!

Me puse frente a una cámara de termovisión y… ¡sorpresa!

Una de las facetas que más me gustan de mi trabajo es el buscar, investigar, aprender, descubrir los resultados de las últimas investigaciones, las corrientes nuevas de la ciencia y la constante actualización en los sectores que trabajo como Asesora Continuum. Basarnos en la última evidencia ciéntifica para poder dotarnos de información actualizada y veraz cuando estamos hablando con las familias me parece fundamental.

 

Y trato de que mi hijo viva con pasión la ciencia, experimente, entienda el porqué de las cosas y sobre todo, disfrute del proceso de aprendizaje. En ese afán, este verano hemos visitado en Museo Eureka! de la Ciencia de Donostia y nos hemos topado con una cosa muy curiosa.

 

Esta es la imagen de la camara de termovisión que aparecía cuando mi pareja se ponía frente a ella.

 

Cámara de Termovisión

Cámara de Termovisión.

 

Y la cabeza que se ve a la izquierda nuestro pequeño explorador.

[Tweet «La sorpresa llegó cuando me puse yo frente a la cámara de termovisón. @SabeletikMundur» ]

 

termovision

 

Por un lado me llamó mucho la atención el color que tomarón los pechos y me recordó a la imagen térmica que mostraba un bebé amamantando que podéis ver aquí.

 

Pero hay otra cosa que llamó mucho mi atención, y si miráis fijamente seguro que veis incluso detalles preciosos…

¿Qué ves tu que no había en la imagen anterior?

PD: Esto no es un experimento, solamente es la imagen que la cámara nos devolvió sin retocar.

5 regalos soñados para una mamá

5 regalos soñados para una mamá

¿Estás en la búsqueda del regalo soñado para una mamá y su bebé?, bueno te daré una pequeña ayuda. No te aseguro que sólo uno sea el indicado, pero no te preocupes: no necesitarás ir a una multitienda, ni tienda de puericultura, ni navegar horas por Internet. El regalo o los regalos soñados para una mamá son mucho más sencillos de lo que te puedes imaginar. Aquí te los detallo:

 

Compañía

¡Viste que sencillo! sólo necesita tiempo contigo, tiempo de conversaciones, tiempo de abrazos, de caricias, de miradas cómplices. Hacerla y hacerlos sentir que no están solos, que hay alguien que se preocupa de ellos y piensa en ellos, no te digo que estés las 24 horas junto a ellos, pero que a veces una llamada, un mensaje, una visita ya es suficiente para sentir compañía.

La maternidad muchas veces se vive en soledad y las madres son personas muy interesantes, llenas de vida y con ansias de hacer muchas cosas, de cambiar el mundo para sus hijos. No tengas miedo de regalar parte de tu tiempo, ambos se beneficiarán de sólo momentos inolvidables.

Escuchar

Sí, las madres necesitan vomitar muchas veces, pero no siempre esperan o necesitan un consejo de regreso, sólo que las escuchen, créeme que tienen historias muy divertidas, muchas relacionadas con su bebé o bebés, pero no creo que tengas el valor de perderte esas historias y recordarlas en el tiempo con una carcajada o sonrisa en tu rostro. Una conversación junto a un té o algo que compartir,  créeme será un regalo soñado.

 

Reírse juntos

¿ Cuántas veces al día te ríes con ganas? Si te sientas a pensar te darás cuenta que muy pocas o quizás hoy mismo no te has reído con nada ni nadie. Te cuento, hoy pase un día muy divertido y ¿adivina? sí, estaba con 4 mamás, me reí por horas, acompañándonos, compartiendo y escuchándonos. Así que ya sabes, nos gusta reír y muchas veces a carcajadas, sólo si lo vives me creerás.

 

madres, regalo soñado para una mamá

 

Ayudar a cuidarse para cuidar

¡Este es mi regalo favorito!, un regalo soñado, aunque debo confesar que el siguiente me pone los pelos de punta. Las madres, al igual que cualquier otro ser humano necesita tiempo para cuidarse y sentirse bien, un baño de tina a solas, un nuevo corte de pelo, una tarde en un spa, un rico masaje relajante, no te digo que tú se lo regales. Pero puedes cuidar de sus pequeños mientras ella disfruta de cuidarse un par de minutos o horas, ¡si quieres hacer los dos, mejor aún!!!. 

Una caja mágica

Bueno llegamos al último y al que les mencioné que me pone los pelos de punta. Ésta caja mágica sólo la puede enviar una persona como su nombre indica. Utiliza mucha creatividad para colmarla de sorpresas, y aún más de magia.  Afortunada y amada se sentirá con esta caja mágica, usa tu imaginación y llénala de amor.

Bueno ya he terminado con mis 5 regalos soñados, espero que te ayuden a encontrar el más indicado para esas dos personas que tanto quieres. Son regalos llenos de buenas intenciones y lo más importante llenos de momentos que son los regalos que quedan en el tiempo.

Soy la mejor madre del mundo ¡Y tú también!

Soy la mejor madre del mundo ¡Y tú también!

 

        “15 cosas que debes decir a tu hijo para fomentar la autoestima”

“10 cosas que no debes decir a tu hijo”

“84 formas de preguntarle qué tal el colegio»

“27 maneras diferentes de conseguir que tu hija no sea una princesa”

 

Las redes sociales se llenan de listas de consejos y normas sobre qué decir y qué hacer con tu hijo…

Al final no sabes si lo que haces es correcto o no y hasta haciendo la cosa más mínima, las dudas te corroen…

¿Eso está bien? ¿Hacer caso de todo es lo que nos convierte en madres buenas o en buenas madres? NO. Rotundamente no.

Nos hacen dudar de nuestra propia maternidad. Nos hacen dudar de nuestro instinto más primario que es el de proteger, cuidar y querer a nuestros pequeños.

Soy la mejor madre del mundo para mis hijos.
Y tú eres la mejor madre del mundo para los tuyos.

¿Por qué lo sé? Por qué eres su madre y harás lo mejor para ellos. Puede que a veces no juegues a todo lo que ellos quieran (sabemos que el escondite-pilla pilla no es lo que siempre queremos hacer), puede que a veces tengas ganas de llorar y desaparecer, incluso a veces lo hagas… Sin embargo, y sin conocerte, sé que:

Eres la mejor madre del mundo para tus hijos

No dudes de tu maternidad. No dejes que los demás dirijan tus acciones con respecto a tus hijos. Las listas de las redes sociales no siempre ayudan, incluso nos hacen dudar de nuestro instinto más primario que es la maternidad.

No dudes nunca de tu propia maternidad. Vívela y Disfrútala.

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Solo debes hacer caso a tu instinto. Escúchate. Escucha a tu instinto maternal. Ese es el único que vale. Los demás, pueden esperar.

El instinto maternal está muy acallado por esta sociedad de la (des)información. Y, como madres, no debemos permitirlo. Es instinto maternal nos hace lo que somos y ¿sabes una cosa? Somos increíbles como madres. No lo dudes. Eres increíble como madre de tus hijos. Que nada, ni nadie te haga sentir lo contrario.

Solo escúchate. Escucha esa voz que, a veces (si no siempre) va a contracorriente, y sigue aquello que te dicte el instinto.

Y cuando dudes y te preguntes si lo estas haciendo bien,
mira la cara de tus hijos al dormir…
Emana paz ¿verdad?

Pues, ahí tienes la respuesta.

Madres, madrecillas y madrazas.

Madres, madrecillas y madrazas.

«Hay madres, madrecillas y madrazas»Esta frase se la oí a la «Esteban», juzgando a una madre que solía salir de marcha por la noche teniendo su hijo cuatro meses de vida.

Desde entonces no he parado de darle vueltas en mi cabeza a estas palabras porque es el pan de cada día en nuestra sociedad, emitimos juicios sin parar sobre lo que hace el vecino, sobre la carrera que abandonó fulanito, sobre menganito que no busca un trabajo decente, el hijo que se fue a vivir al extranjero y dejó a sus padres solos, sobre la pareja que se separó en vez de mirar por sus hijos…. y así con muchas cosas más.

 

En la maternidad no iba a ser menos, como dice el título de este post hay madres, madrecillas y madrazas.

 

Personalmente me sobrepasa esta situación de juicios por todo, intento digerir ataques directos o indirectos hacia mi o hacia cualquier mujer, siempre hay alguien que lo haría mejor o que sabe mejor que tú qué es lo que te conviene.

 

 

  • Si decides ser madre joven, ahí te dan «pal pelo», pero bien fuerte. Cómo se te ocurre, con lo joven que eres, no están preparados, no lo van a hacer bien, no están capacitados, no tienes dinero para mantener a tu hijo, mejor aborta, para que traer un bebé al que no vas a saber criar….

¿y, qué pasa con los sentimientos de esos padres que han decidido seguir para adelante?, que en su «inmadurez» han tomado la decisión de madurar antes de tiempo,¿quién es nadie para juzgar/opinar si van a ser buenos padres o no?, ¿tienen el deber moral de salvarles la vida a los futuros padres y al bebé instándoles a abortar?, ¿somos conscientes de lo que implica un aborto a nivel emocional para una mujer?, ¿nos hemos parado a pensar que siente una pareja cuando ya quieren a esa vida que crece en su interior?.

  •  Si decides posponer la maternidad, y eres madre cerca o despues de los 40, que qué mayor, que poco tiempo vas a pasar con tu hijo, cuando tenga veinte años tu tendrás sesenta y no estarás preparado ni con energía para afrontar nada.

¿Sabemos realmente por qué no han tenido hijos antes?, no podían, problemas de infertilidad, o simplemente no querían.

  • Si decides dejar el trabajo para cuidar a tus hijos, ahí ya te volviste loca, como está la vida, sin trabajo, ¿cómo vas a mantener a esa criatura con un solo sueldo?,¿ y tu independencia? con todo lo que han luchado las mujeres y ahora vas tu a quedarte en casa…

¿Qué pasa con la necesidad de maternaje de los bebés, ¿sabe alguien lo que realmente necesita un bebé?, lo único imprescindible es el cuerpo de su madre, el resto de cosas materiales son totalmente innecesarias.

¿Y si en lugar de qué te lo cuiden otros eres tu  misma quién lo hace?, Acaso, ¿no es peor, desde el punto de vista de las necesidades biológicas del bebé, estar separado de su madre desde los cuatro meses porque ha de ir a  trabajar?.

Y podríamos hacer una lista interminable para que nos juzguen:

  • Si sales sin tus hijos.
  • Si los dejas una noche con tus padres.
  • Si te vas un fin de semana con tu pareja.
  • Si no te vas un fin de semana con tu pareja.
  • Si tus padres se encargan de comprarle los pañales.
  • Si no los llevas a ver a los abuelos.
  • Si no sales de casa.
  • Si no entras en casa.
  • Si lo coges en brazos.
  • Si lo coges poco.
  • Si le das la teta.
  • Si no se la das….

El mundo de la maternidad viene cargado de juicios disfrazados de opiniones, normalmente por el entorno más cercano (siempre con las mejores intenciones), pero en la mayoría de los casos la intención no es lo que cuenta, lo que cuenta es que es lo que necesitan esos padres y sus hijos, no lo que consideren los demás, y nos toca a nosotros como padres, como creadores de una nueva familia poner esos límites, y centrarnos en lo que en ese momento importa.

Confieso que antes de ser madre juzgaba gratuitamente, es una de las cosas que más he aprendido en la formación de Asesoras Continuum, NO JUZGAR.

Cada persona tiene su historia personal, su mochila, no intentemos salvar la vida de nadie, no tratemos de mirar por el futuro de los demás porque el futuro no existe.

 

Nunca se inquieten acerca del día siguiente, porque el día siguiente tendrá sus propias inquietudes. (Mateo 6:34)

 

Les dejo con una reflexión personal porque me gusta aprender, evolucionar, porque la madurez no te la dan los años, porque no existen las verdades verdaderas.

 

Existe lo que lleves en tu interior y lo que hagas con el.

 

 

He vivido la vida que he querido,

he hecho lo que me ha dado la gana,

quién soy yo para opinar sobre la vida de nadie,

quién soy yo para juzgar, si mi vida no es ejemplo para nadie, solo para mi misma,

en mi interior busco que es lo que me chirría de cualquier situación antes que juzgar,

somos espejos, y nos reflejamos en los demás,

es duro y difícil mirarnos el interior,

lo fácil es ver lo del prójimo,

nuestros egos quieren salvar vidas,

las vidas no necesitan ser salvadas.

 

Labios Rojos desde un fular

Labios Rojos desde un fular

Porteamos a nuestros hijos y les mostramos el mundo desde otro ángulo, se lo presentamos, y les ayudamos a incorporarse a nuestro entorno de la forma más natural y respetuosa posible. Les hacemos partícipes desde nuestros brazos de nuestra vida, de la vida.

Pero, ¿cómo influye nuestro estado de ánimo en nuestros hijos?

Claramente somos conscientes que muchas veces nos enfadamos desmesuradamente con determinados actos de nuestros hijos que no son para tanto. Esto suele ser como consecuencia del cansancio, estrés y estado anímico propios. Otros días, ante ese mismo hecho, toleramos más, empatizamos y el conflicto cambia por completo.

 

¿Todo esto a qué viene? – os preguntaréis. Y, ¿qué tiene que ver con el título de este post?

 

Igual que en los conflictos influye nuestro estado anímico, nuestro sentir como mujer y nuestra seguridad también se lo transmitimos a los niños.  Sentirte bien, guapa, especial, te hace pisar fuerte.

 

 

Muchas veces nos levantamos sin haber descansado, sin haber pegado ojo en toda la noche. La noche anterior no había forma de acostarles, ahora no hay forma de levantarles. ¿Os suena?

Y pensaréis: «Lo que me faltaba, ahora pintarme. Si yo lo que quiero es meterme en la cama de nuevo.»

Pero tampoco lo haces, y sigues tu día entregándote a los demás: llevas a los niños al cole, trabajo, casa, ese favor que te dijo tu amiga que le hicieras, padres, pareja, meriendas, parque, cenas, comidas para el día siguiente… ¿te suena?

Todo esto lo haces de mil amores, y eres feliz haciéndolo, pero

¿has pensado que tiempo de todo el día lo has dedicado en exclusiva a ti?

 

Existe un periodo de puerperio en el que solo cuidamos a nuestro bebé y es lógico, y, por naturaleza, lo normal. La naturaleza, y las hormonas mismas ayudan a que tu única preocupación sea el bebé ya que es un ser indefenso que lo único que necesita es tener a su mamá cerca, que le provee alimento, calor, cariño y sueño.

Pero muchas veces ese periodo se alarga tanto que cuando nos queremos dar cuenta han pasado 5 años. Cinco años en los que no hemos ido a la peluquería, sino que nos hemos «escapado» a la peluquería como mucho en tres ocasiones.

 

5 años en los que nos hemos mirado al espejo y no hemos visto a «LA MUJER».

 

  • Pues dedícate 5 minutos.
  • No hace falta maquillarse como una puerta,
  • no hace falta hacerse unas ondas de peluquería,

pero sí date un toque: píntate los labios o ponte un poco de máscara y colorete.

 

No dejes que nadie te baje la autoestima, ni la confianza. Cuando no tienes esa confianza aparecen los miedos, y con el miedo te paras, te bloqueas. Tienes que tener en lo que confiar para no pararte y por eso tienes que gustarte.

 

Tus hijos también aprenden de ti eso, que existe esa individualidad, que no sólo eres madre, sino que eres mujer, que te respetas y te valoras. Que tú también existes para ti, no solo para los demás. Eso también les enseña a valorar, a respetar, y a sentirse seguros de sí mismos, les enseñas a:

 

PISAR FUERTE.

 

A mi me encanta cuando me miran por la calle y ven a una mamá porteando, una mamá que da el pecho a su hijo, pero también me gusta que vean a una mujer que se valora, especial, sonriendo, siempre sonriendo y que se siente guapa.

 

esmeralda sonrisa