El que tenga un smartphone entre los presentes, revise el correo hasta en la ducha, esté a diario pendiente de las notificaciones de facebook, le falte el aire cuando se le quede pillado el whatsApp, o crea que quedarse sin batería es lo más parecido al apocalipsis zombie, por favor que levante la mano. Veo que somos unos cuántos por aquí, ¿verdad? ¿Sabemos comunicar con empatía?

 

Vivimos en una sociedad hiperconectada. La sociedad de la información, la mensajería instantánea, el contacto permanente. La angustia por estar continuamente conectado (o creer que lo estamos).

Esa aparente cercanía, ese nuevo modelo de comunicación, ha cambiado la manera en la que nos relacionamos con los demás, vivimos y trabajamos. Pero pese a disponer de herramientas comunicativas poderosas, increíbles y al alcance de todos, ¿nos comunicamos de un modo más eficaz? En mi opinión la respuesta es que no. Seguimos haciéndolo igual de mal que en el pleistoceno. Seguramente porque seguimos siendo igual de egoístas.

¿Por qué? Porque continuamos sin ser conscientes de que:

Nos gusta demasiado hablar, creemos que estar comunicado implica tener siempre algo que decir. ¿Y dónde queda escuchar? Escuchar al otro, no simplemente el eco de nuestras propias palabras.

 

 

Todo esto pueden parecer obviedades pero os invito a que hagáis un pequeño ejercicio de observación y constataréis que, cuando conversamos estamos más preocupados en resolver nuestros propias necesidades que en conocer las verdaderas dificultades del otro.

 

Ya sea con nuestra pareja, nuestros hijos o alguien a quien acabamos de conocer, no sólo no nos ponemos en el lugar de quien tenemos delante sino que le interrumpimos, le juzgamos, o insistimos en dar una opinión que no nos han pedido.
En definitiva, no practicamos la empatía.

 

Paradójicamente, en el ámbito maternal esto ocurre constantemente. Embarazadas y madres suelen ser el objetivo ideal para juicios y opiniones de lo más variopintas, así que, creedme si os digo que tomar conciencia de qué es realmente la empatía y de cómo una comunicación asertiva, empática y no violenta nos ayuda a resolver muchas situaciones, a responder de la manera adecuada ante la emoción del otro, y a hacer mejor nuestro trabajo es una de las grandes lecciones que me he llevado de mi formación como Asesora Continuum.

Entender que cada uno ve la vida a través de sus propios cristales, que todos llevamos una mochila y que nuestras experiencias, miedos o pensamientos han modelado la manera en la que vemos el mundo, nuestro mundo.

 

]La empatía te pone delante otros puntos de vista, te da la oportunidad de aceptar al otro.
Comprender y ser comprendido.

Como padres, nos preocupamos por dar a nuestros hijos herramientas y espacios para que desarrollen satisfactoriamente sus emociones, sus habilidades y capacidades. Pero, ¿cómo vamos a enseñar empatía a nuestros hijos si nosotros mismos no lo somos ni con ellos ni con los demás?

Por ello, es un error suponer que la empatía es una habilidad reservada a determinadas personas o campos profesionales, porque todos a diario tenemos oportunidades para desarrollar, ejercitar y fomentar la empatía. Eso sí, requiere trabajo profundo e interés.

Así que, recuerda ponerte en la piel de tu bebé cuando te demanda comer a voz en grito, no restes importancia a la angustia de tu hija ante la visita al dentista o evita tratar de dar lecciones a tu hermano cuando te llama angustiado.

 

 

Y por último, por si aún te quedan dudas, o crees que no tienes herramientas para comunicarte empáticamente con quien te rodea, te invito a ver este vídeo que seguro te será de utilidad.

 


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No entraba en mis planes tener hijos. No me interesaban lo más mínimo las conversaciones de bebés y me daba repelús imaginarme cambiando pañales o pasando la tarde en un parque infantil. Hasta que esa campanita que (casi) todas llevamos dentro comenzó a sonar repentinamente como una sirena de bomberos, imposible de acallar. Del asombro inicial pasé al desconcierto total, y de ahí a la rendición. Y me quedé embarazada, y parí, y mi vida se dio la vuelta como un calcetín. Y resultó que esa parte del calcetín, que nunca había visto, me gustó. Me gustó mucho. Gracias a ello decidí formarme como Asesora Continuum, Asesora de Porteo y Asesora de Lactancia para acompañar a las familias en la búsqueda de ese camino mágico que llamamos m(p)aternidad. Podrás encontrarme en mi blog, En casa con mamá, mi particular ventana al mundo.

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