Hace un tiempo decidí que había llegado el momento, que quería comenzar el viaje de la maternidad, ese viaje tan bonito, ese bebé en brazos, esa habitación preciosa, ese carrito de último modelo (si has leído bien)…

Cuando decidí que quería ser madre, era una persona (podríamos decir) distinta, y es que dicen que la maternidad cambia, ¿no?

A mí, mi maternidad, me ha cambiado por completo, he cambiado de profesión, he cambiado de compañeras de trabajo, incluso he cambiado de amigos (de algunos), he cambiado, porque la maternidad cambia.

Cada día que pasa estoy más y más agradecida de esos cambios, de lo que mi maternidad me ha traído, de los frutos que recojo cada día, de que en días como hoy que mientras te tomas un café por la mañana, una mamá de tu grupo de yoga me escribe para decirte que está de parto, esos mensajes tienen un valor que no se puede medir.

Pero los cambios, este viaje a la maternidad, no ha sido todo un camino de rosas, también he sufrido con esos cambios, con esta transformación, he pasado malos momentos, momentos que para mí han sido durísimos, pero que me han servido para ser más consciente y para aprender día a día. Y he llorado mucho, y con el tiempo, también he sanado mucho.

Ha pasado ya un tiempo desde aquel día, que con muchísima ilusión, pensé que era el momento idóneo para ser madre, ya no sé si es mucho o poco tiempo, simplemente ha pasado. Lo que si sé, lo que tengo muy claro, es que mi cuerpo, mi mente, mi entorno, y todo lo que me rodeaba necesitaba ese tiempo.

El tiempo me ha enseñado la importancia de la consciencia antes de la concepción, me ha enseñado a conocer las necesidades de un bebé, he aprendido de porteo, de maternidad en general, he integrado el yoga y la meditación en mi vida, pero sobre todo he aprendido, que los bebés llegan cuando ellos deciden, no cuando tu eliges.

Por eso, hoy, a pesar de que escribo sobre mi maternidad, no soy madre, todavía, no tengo un bebé en brazos, no he dado teta, ni he porteado a mi propio hijo, pero para mí este camino transitado ha sido mi maternidad, porque la siento desde el mismo día que quise formar una familia y pensé en ese pequeño ser que quería que me acompañase. Siento que soy madre desde ese día.

 

El día que llegue mi bebé seré otro tipo de madre, la madre que él o ella buscaba.

 

Esther Guzmán


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