Consejos para el posparto

Consejos para el posparto

Nada de lo que te digan te prepara para el posparto.

Aún así, sigamos intentándolo. Sigamos diciéndoles a las que vienen detrás que, seguramente, se recuperarán antes de un parto no intervenido, que meter al bebé en cama con ellas les dará alguna hora de sueño más, que el contacto constante con su bebé hará que se entiendan y que todo fluya…

 

Hoy vengo con unas ideas mucho menos transcendentales. Traigo unos truquillos de los que se descubren con la necesidad. De esos que todas tenemos. A lo mejor solo resultan prácticos para mí y desde luego que no pretendo aconsejar que nadie haga las mismas chorradas que yo, pero por si a alguien le sirven ¡ahí os los dejo!

TRUQUILLO 1.
Yo creía que el truco de botar en la pelota de Pilates para calmar al bebé era de sobras conocido pero el otro día hablé con unos papás ¡que no lo sabían! Cuando lo probaron quedaron alucinados, así que lo nombro por si queda más gente que no se ha enterado… Ah, ¿sabéis que también puede funcionar si ponemos la pelota entre nuestra espalda y la pared? Por cambiar un poco de postura, más que nada…
Otros recursos: mirar por la ventana, caminar, bailar… Pero, atención, el baile que mejor me funciona a mí es a ritmo de la banda sonora Dirty Dancing; cuanto más guarro el movimiento, mejor. Si tienes energía ese día, hazlo al límite de la dislocación. Yo creo que funciona tan bien por la combinación del balanceo con el sube y baja. A mi hija la deja seca. Otro truco menos conocido es meterse debajo de la campana extractora. “¡¡¡Campaaaaaana y se acabó!!!!” le llamamos en casa, por su tremenda eficacia. Si sois muy jóvenes me temo no entenderéis este chascarrillo… Y, al final, hagas lo que hagas, con el niño a la teta, por supesto.

TRUQUILLO 2.
Este truco puede herir sensibilidades. Así que, por si le puedo ahorrar el cabreo alguien:
• Por supuesto que todo el mundo tiene que ganarse la vida, a veces en puestos que nos generan a los demás muy pocas simpatías, pero esas personas no tienen la culpa.
• Por supuesto que las ONGs merecen todo el respeto y la admiración del mundo y necesitan que muchos nos hagamos socios.
• Por supuesto que es vergonzoso que haya tanta gente en nuestro país sin recursos que tenga que recurrir a pedir en la calle.
Dicho esto: cuando vayas paseando y veas ya a lo lejos que te va a abordar alguien con “¿tienes un minutito para una encuesta?” o “¿te apetece hacerte socio?”; cuando estés en una cafetería o en el metro y no te apetezca que te vendan un mechero o ni si quiera que te hablen: sácate una teta. Así, sin más. Sácate una teta para dar de mamar, pero sin mucha prisa en ponerte al bebé… No hay fallo, nadie se acerca a hacerle una encuesta a una tía que tiene una teta de fuera.

TRUQUILLO 3.
Los bebés de pocos meses solo necesitan dos cosas: el cuerpo de mamá (con todo lo que eso implica: comida, calor, protección, etc) y un poquito de suelo. Y de uno a otro deben bailar, de los brazos al suelo y del suelo a los brazos. Pero está complicado porque no en todas las habitaciones de la casa es fácil dejar al bebé en el suelo. Al final la gente opta por meter al bebé en una hamaca y la pasea al baño, a la cocina… Pero eso no es lo más beneficioso para el desarrollo motor del bebé. Nuestra solución: hemos cortado en tres una colchoneta de yoga algo gordita y hemos puesto un trozo en la cocina, uno en el baño y otro en la habitación donde está el cambiador y la ropa de la peque. El trozo de colchoneta tendrá que crecer en cuanto aprenda a girarse.

En el salón tenemos puesto de manera permanente un suelo de puzle, pero cuando nos movemos por la casa (y la niña no va porteada) ya solo la trasladamos a ella, no vamos arrastrando por ahí una hamaca ni una manta de actividades.
Al llegar al baño, dejas al bebé en la colchonetita que está en el suelo y te sientas a mear tranquilamente. Tranquilamente…, bueno, mientras le miras y le haces “gugu tata, ahora te cojo cariño, es un momentito”.

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TRUQUILLO 4.
Encontrar un sujetador de lactancia a nuestro gusto es toda una aventura. Yo no quise comprar ninguno por adelantado, porque no sabía que talla comprar. Quién sabe cómo se te van a poner las tetas cuando suba la leche, y quién sabe cuánto van a bajar después, si es que bajan…
Fue en las primeras semanas, cuando apenas salía a la calle, siempre medio desnuda, con las tetas de fuera goteando leche por toda la casa… cuando descubrí por casualidad que el mejor sujetador de lactancia es un bikini de triangulo. “Sujetador de cortinilla”, le llamo.
La verdad es que no tenía sujetador que ponerme porque, como os dije, no quise comprar hasta ver de qué tamaño se me quedaban las tetas, pero tampoco me podía poner los de siempre (ni por tamaño ni por comodidad para dar el pecho a la niña). Así que rebuscando por los cajones en plan “¿qué demonios me pongo para no empaparme yo, ni a la niña, ni dejar regueros por el pasillo?”, apareció un bikini… Es muy cómodo, se “abre” con una mano, no aprieta, es rápido, si se moja de leche seca pronto…

 

¿Nos cuentas tú ahora cuáles son truquillos para el día a día con un recién nacido? ¿Tienes un secreto para eliminar las ojeras?, ¿un truco infalible para sacar las manchas de caca?, ¿una canción mágica que te salva la vida? ¡Contribuye, todas lo necesitamos!

Y, sobre todo, no os olvidéis de decirles a las siguientes que miren a los ojos a su bebé, que lo acaricien, que le hablen y lo escuchen, que lo lleven con ellas y compartan con él cada momento del día.

 

Acabados alternativos de la Cruz Envolvente Delante

Acabados alternativos de la Cruz Envolvente Delante

Desde que Nohemí Hervada concibió su concepto de Porteo No-Hiperpresivo® nos tiene locas a la mayoría de las asesoras de porteo…

Locas en el buen sentido, por supuesto. En el sentido de ilusionadas y encantadas con el nuevo campo que ha abierto ante nuestros ojos en el mundo del porteo.

 

Cuando aún hay profesionales por ahí que parecen no tener claro del todo cuáles son las características del porteo ergonómico para el bebé, hace ya tiempo que ella está en el escalón siguiente, poniendo el punto de mira en la ergonomía del adulto y marcándose, por ejemplo, como uno de sus objetivos, el encontrar las formas de portear que reduzcan al máximo posible la presión dentro de la cavidad abdominopélvica.

Y a eso andamos, gracias a ella, muchas de las asesoras a las que nos ha mostrado su trabajo: a empezar a analizar los nudos también en función de su impacto en cuerpo del adulto, a buscar los portabebés y los nudos menos hiperpresivos, a buscar variantes más ergonómicas de nudos ya existentes…

Por ejemplo, aquí tenéis una recopilación de nudos realizada por Fayna Clavijo. Por nuestra parte, comenzamos hoy una nueva serie de nudos.

El vídeo que hoy os mostramos forma parte de una serie que hemos llamado :
“Empezando como Cruz Envolvente Delante…”

En cada vídeo enseñaremos una forma diferente de acabar la Cruz Envolvente. Todas ellas tienen en común que intentan ser más respetuosas con el suelo pélvico que el acabado tradicional de la Cruz Envolvente con su atado rodeando la cintura.

La Cruz Envolvente Delante es un nudo para realizar con el fular (tanto elástico como tejido) muy popular, especialmente entre los padres que se inician en el porteo. Sin embargo, gracias al Porteo No-Hiperpresivo® nos hemos dado cuenta de que, al acabar atado en la cintura, aumenta la presión hacia el diafragma y, lo que es más grave, hacia el suelo pélvico.

Hemos pensado que estas variantes pueden ser útiles para mamás que han parido recientemente. Mamás que quieren portear con fular pero que aún no dominan el nudo Canguro Delante (que es más respetuoso con el suelo pélvico) y por eso comienzan porteando con la Cruz Envolvente Delante. Pero el aumento de presión del que hablábamos puede desencadenarles problemas o, como mínimo, resultarles molesto.

Además, hemos buscado variantes que se adapten a distintos tipos de fulares. Nosotras proponemos un acabado en función del fular del que se disponga, el acabado que nos parece más cómodo. Naturalmente, es solo una propuesta y todos los acabados pueden realizarse con cualquier fular, aunque no con todas las combinaciones se conseguirá el mismo confort o se realizarán con la misma facilidad.

La recomendación fundamental que queremos haceros es que los probéis y ESCUCHÉIS VUESTRO CUERPO.

Fijaos en vuestra postura y estad atentas a las distintas sensaciones que obtenéis con cada nudo. Las circunstancias de cada una (parto vaginal, cesárea, episiotomía, lesiones musculo-esqueléticas previas, condición física, postura corporal inadecuada, diafragma contraído, etc) hacen que no todas nos encontremos cómodas con las mismas formas de portear.

¡Esperamos que esta serie de vídeos os resulten muy útiles!, ¡contadnos qué tal os va con estos acabados alternativos

Sácale más partido a los juguetes y ¡sorpréndete!

Sácale más partido a los juguetes y ¡sorpréndete!

Hace unos meses, una servidora escribía en el blog “O mundo ao revés” un pequeño post sobre la cantidad y la calidad de los estímulos que nuestros bebés reciben en su día a día. En aquel post, que puedes leer aquí, abrí muchos frentes que poco a poco me gustaría ir cerrando…

 

Uno de los temas que tratábamos era lo inadecuado de la estimulación que recibían los bebés a través de las pantallas (teles, móviles, ordenadores…). Los adultos usamos esas pantallas para entretener a los niños o incluso porque creemos que los estamos “estimulando”, es decir: buscando un objetivo educativo.

Nada de lo que un niño menor de dos o tres años necesita a nivel educativo
va a salir de una pantalla, sino del mundo real y físico.

En la creación de un entorno adecuadamente estimulante para el bebé, los juguetes tienen un lugar muy importante. Actualmente podemos escoger entre muchísimos juguetes y hoy me gustaría centrarme en un aspecto sobre el que podemos fijarnos a la hora de hacerlo: su versatilidad.

¡Cuidado!, que con “versatilidad” no me refiero a juguetes llenos de botones, controles, luces y distintas funciones…

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Muchas veces es todo lo contrario. Son mucho más versátiles los juguetes con un diseño más sencillo. Además, remitiéndome de nuevo al post del que os hablaba antes, en él os contaba que la estimulación que ofrecen juguetes del tipo de la foto es demasiado intensa, empacha los sentidos y dificulta que el bebé aprecie posteriormente estímulos más sutiles.

Me gustan mucho los juguetes sencillos, de líneas limpias, que permiten un uso abierto, que incitan a la creatividad, tanto del niño como la mía…

Sin embargo, a los adultos a menudo nos cuesta ver las posibilidades que puede esconder un juguete. A menudo, lo único que hay que hacer es observar a los niños y sus juegos espontáneos. Aunque es verdad que si los hemos acostumbrado desde pequeños a los “juguetes espectáculo” es posible que llegue un momento en el que pierdan su capacidad de creación durante el juego.

Deseando que esto no les ocurra jamás a vuestros hijos, os invito a hacer un esfuerzo y a mirar de una manera un poco más crítica, intentado buscar aquellos juguetes que tienen “más chicha” de la que parecen.

Para ayudaros a empezar, hoy os dejo unos cuantos ejemplos que espero que os sean útiles:

– Un puzzle puede ser más que un juguete de piezas para encajar, puede ser un cuento en el que, de una bolsa, van saliendo diferentes personajes camino a su casita…

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– ¿Unos simples cubos para apilar? Pues resulta que el líquido que cabe, por ejemplo, en el cubo 5, es el mismo que si sumamos el líquido de los cubos 2 y 3. Pero, además, ¿a qué podemos jugar si dibujamos la silueta de cada cubo en una hoja?; o podemos olvidarnos de los tamaños y fijarnos solo en los colores, ¿qué actividades se nos ocurre entonces que podemos hacer?

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– Las piezas planas de un juego de ensartar valen para meter en una hucha casera (por ejemplo, una caja de cartón a la que le hacemos varias hendiduras).

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Si os fijáis, no es solo que estos juguetes escondan varios juegos y propuestas para realizar con ellos, sino que dichos juegos van cambiando según el niño crece y aumentan sus habilidades.

Hay juguetes que crecen con los niños.

Para acabar os dejo un vídeo en el que os muestro un último ejemplo de juguete que esconde más de lo que parece.

Los misterios de la lactancia

Los misterios de la lactancia

A pocos meses de dar a luz, pienso en muchas cosas: ¿cómo demonios se cuelga en el tendal una ropita tan pequeña?, ¿seré capaz de cortarle las uñas sin amputarle un dedo?, ¿cómo le voy a cambiar el pañal en un baño público sin cambiador?, ¿nacerá tan pequeñita que la podré lavar en el fregadero de la cocina para no tener que agacharme en la bañera?, y sin embargo… ¡los misterios de la lactancia!…

 

No estoy preocupada por el parto o por la lactancia.

Porque confío en mi cuerpo, y porque confío, tanto o más, en mis matronas y en mi asesora de lactancia.

Lo de la lactancia materna, supongo que por no ser especialista, siempre me ha parecido algo misterioso. Me parece sorprendente la cantidad de lactancias frustradas y no exitosas que hay en nuestro entorno.

Últimamente he pensado mucho en una de mis alumnas, Victoria, la mamá de Sonia y de Alexia, que acaba de nacer; le ha dado teta dos semanas… También en una de mis mejores amigas, mamá de Paulo, al que no consiguió darle teta, y de Xiana, a la que le dio apenas cuatro meses.

Y he pensado muchas veces en un montón de mujeres más que conozco y que han tenido lactancias maternas abandonadas en las primeras semanas o que ni siquiera han llegado a establecerse correctamente. Mujeres que conozco y que sé que son inteligentes, con carácter, sensatas, madres afectuosas e implicadas… pero que quizás no supieron enfrentarse a sus miedos, o a su entorno, o al dolor, o no tuvieron la suficiente información y/o ayuda.

Y también he pensado en mi hermana pequeña y en sus dos lactancias exitosas y placenteras.

Mi hermana, una mujer voluble, impredecible, a veces algo descentrada… pero capaz de sentirse como en una isla desierta cuando es necesario e ignorar todo lo que le digan los demás, incluidos los médicos. Porque ella no acepta ninguna autoridad sólo porque venga envuelta en una bata blanca; capaz de seguir sólo sus impulsos, sus instintos y su propio bienestar.

Mi hermana pequeña nunca se identificó especialmente con el ambiente de los grupos de apoyo a la lactancia. No se decidió por la lactancia materna tras una reflexión intelectual sobre la salud de sus hijos. No fue una decisión meditada y racional, sino sobre todo un impulso biológico. Tampoco sacó la teta en el museo del Prado y se negó a marcharse cuando la invitaron amablemente a hacerlo por hacer ningún tipo de reivindicación. Ella dio la teta a sus hijos porque se lo pedía el cuerpo, porque le gustaba y porque le resultaba cómodo; y no se movió de aquel banco del museo simplemente porque le dolían los pies.

Dio la teta porque es una persona hedonista y bastante perezosa para algunas cosas.

“¿Lactancia prolongada?… yo doy la teta porque me ahorro tener que preparar el desayuno del niño”.

No sé qué hubiera pasado si llega a encontrarse con algún problema, no sé si ese hedonismo le hubiera llevado a luchar o a rendirse. Tampoco sé si hay menos probabilidades de que surjan problemas si se tiene una personalidad como la suya.

Sé que hay frenillos cortos, ingurgitaciones, hipogalactias y demás dificultades, pero, desde mi ignorancia, creo que no puede ser que la mayoría de las mujeres y bebés tengan problemas tan graves que impidan la lactancia porque entonces la especie se hubiera extinguido.

Creo que el plan que la naturaleza tenía previsto se parece más a la realidad de mi hermana pequeña: voy a hacer que la lactancia sea algo que te guste y que te facilite la vida para que, aunque sea de manera egoísta, la lleves a cabo y tu bebé sobreviva.

Yo tampoco soy de «Confía, confía, que la madre Tierra lo solucionará». Personalmente, he tenido que escuchar comentarios de ese tipo con respecto a otros temas (sobre todo de salud) y me he tenido que contener para no repartir bofetadas. Pero creo que sí es verdad que en general no confiamos y que, en un principio, no hay motivos para desconfiar de un mecanismo que tiene más que comprobada su eficacia en nuestra especie.

El problema es que, alrededor del cuerpo femenino y su capacidad para gestar, parir y lactar, solo hay desconfianza, por parte de la propia mujer pero también como reflejo de la de la sociedad y, por supuesto, de una parte importante del personal sanitario.

Y todo el rato vuelvo a pensar en mi hermana pequeña, que nunca ha sido una persona que sienta un amor loco y una aceptación incondicional de su propio cuerpo, pero que nunca dudó de él ni un segundo en lo que concierne a su capacidad para lactar.

La lactancia es multifactorial. Cada vez voy siendo más consciente de la cantidad de factores que pueden influir en que una lactancia sea placentera y exitosa o no. Pero sospecho que esta confianza y esta búsqueda del propio bienestar deben ser parte importante en la ecuación.

 

“Voy a hacer que la lactancia sea algo que te guste y que te facilite la vida, para que, aunque sea de manera egoísta, la lleves a cabo y tu bebé sobreviva”, madre Naturaleza trazando su plan.

Los hijos: nuestros maestros

Los hijos: nuestros maestros

Parece como si los bebés vinieran al mundo para enseñarnos lo que nos está costando aprender.

Lo veo en muchas mujeres.

He visto a mujeres exitosas y eficientes disfrutar de la inactividad, de los rodeos, de la pérdida de tiempo…

He visto a mujeres fuertes y exigentes descubrir la ternura que hay tras lo vulnerable.

He visto a mujeres activas y ansiosas aprender a tener paciencia y a ser comprensivas.

He visto a mujeres frías quitarse la coraza y volver a conectar con una sensibilidad que parecía dormida.

He visto a mujeres que se habían masculinizado para adaptarse a un mundo de hombres reconciliarse con su parte femenina, ¡hasta con su menstruación!

Naturalmente que todas somos capaces de crecer y de conseguir ser la mejor versión de nosotras mismas, pero es verdad que muchas de estas mujeres que lo han conseguido han tenido la suerte de que el destino pusiera en su camino un gran maestro: un bebé.

Adoro y admiro la tribu que tengo a mi alrededor. Son mujeres que han sido conscientes de ello, han dado las gracias y han comenzado un proceso de aprendizaje de la mano de su hijo.

Y las admiro porque no es fácil, porque muchas veces las mujeres nos resistimos, no vivimos la llegada del bebé como una oportunidad de mejorar sino que  vemos un ser que viene a ponernos a prueba y creemos que saldremos victoriosas del examen si conseguimos no doblegarnos.

En mi caso, tengo la sensación de que cuanto más me resista, cuanto más me empeñe en no aprender la lección, más duro se pondrá mi bebé conmigo y comenzará a intentarlo por las malas.

Hace solo unos meses que vive dentro de mí y ya me he dado en la cara con todas mis miserias. Te niegas a cuidarte como deberías, mamá, yo te voy a obligar. Te niegas a parar, yo voy a hacer que pares. Que delegues. Que descanses. Que confíes. Que te quieras.

Puedo resistirme, no hacerle caso y pagar las consecuencias (porque sé que las voy a pagar, el bebé no lo va a dejar estar…). Puedo hacer lo que me dice a regañadientes, ceder de palabra y obra, pero no de corazón, y no creceré absolutamente nada. O puedo ser inteligente y darme cuenta de que esta lección tenía que haberla aprendido hace mucho tiempo, que el bebé me está ayudando porque, después de más de treinta años, parece que yo sola no soy capaz.

Reconozco que aún me siento un poco obligada. Estoy aceptando la realidad que mi bebé ha puesto delante de mi cara, pero la estoy aceptando de manera totalmente racional y a base de fuerza de voluntad. Aún no fluyo, vale, pero ¡me siento tremendamente orgullosa de mí misma por haber comenzado este camino!

Mi bebé ha venido al mundo para vete a saber qué propósitos que yo no soy capaz ni de imaginar… Pero, además, ha venido a enseñarme un montón de cosas y a hacer que me replantee mi forma de entender la vida. Va a hacer de mí una persona mejor.

Y siempre tendré a mis otras maestras, mis amigas.
Me quedo con sus frases que os comparto:

  • “Sería una Walking Dead si no llega a aparecer él. Simplemente eso, iba camino de convertirme en una muerta en vida”. V.R.
  • “No creo que ser madre me haya cambiado gran cosa. Sí han cambiado mis prioridades. Ahora ella siempre va primero, por encima de todo y de todos. Y no es un sacrificio, es lo que me piden las entrañas”. A.B.
  • “Mi educación careció de educación emocional, de contacto. Pero con la maternidad se hizo la luz a ese respecto”. A.C.
  • “Yo no creo que los bebés vengan a enseñarnos nada. Otra cosa es que la maternidad te dé la vuelta como un calcetín, eso sí”. M.C.
  • “Es ahora, dos años después, cuando me doy cuenta de lo que le estoy mostrando de mí y me planteo qué es lo que quiero ofrecerle y mostrarle. De lo que estoy convencida es de que gracias a mi hija soy mejor persona”. M.E.
¿Embarazada o enferma?

¿Embarazada o enferma?

 

Yo siempre me había llevado más o menos bien con mi cuerpo. Yo le pedía y él me iba dando; él me pedía y negociábamos…

Pero ahora estoy embarazada y mi cuerpo ha decidido que se acabaron las conversaciones, que manda él ¡y punto!

 

Y me toca un poco las narices; primero, porque a veces me cuesta entender sus órdenes; y, segundo, porque es que no me da ni la más mínima tregua. Como me equivoque de respuesta me la lía parda.

Las náuseas a veces significan que descanse, otras que coma, pero en este caso ¡tengo que oler primero siempre lo que meto para dentro!, porque puede ser peor el remedio que la enfermedad.

El cansancio suele significar, simplemente, que me eche una siesta, pero a veces me levanto de ella mil veces peor que antes de acostarme; supongo que porque no acerté con el número exacto de minutos que mi cuerpo quería dormir…

El que un alimento que hoy me da un asco horrible, mañana no y pasado sí, aunque solo si está cocinado de una determinada forma, no tengo ni la más remota idea de lo que significa.

Y todo el rato se me viene la misma frase a la boca: “Pero, ¿qué coño pasa?”. E Isaac por detrás: “… que estás embarazada…”.

A las embarazadas les decimos mucho: “No estás enferma, estás embarazada”. Compañeras Asesoras Continuum, compañeras matronas, compañeras ginecólogas, compañeras doulas: yo dejaría de decirlo… no cala. Es imposible que lo haga. Quizás hay que buscar otra manera de comunicar la idea que les queremos transmitir.

Yo SÉ que no estoy enferma. SÉ que debo estar mejor que nunca, o mi cuerpo no se hubiera metido en este berenjenal… SÉ que está llevando a cabo un complicado y delicado proceso que requiere de algunos «pequeños» daños colaterales.

Yo sé todo esto por mi experiencia laboral y por mi formación, pero no es la información que me manda mi cuerpo ni la que me manda el mundo exterior.

No estaré enferma, pero me duele estómago como cuando lo estoy, me mareo como cuando lo estoy, me canso como cuando lo estoy. Y no estaré enferma, pero el sistema me trata como si lo estuviera.

De mi primera cita con la matrona de mi centro de salud salí con una hoja con todas las citas que iba a tener a lo largo del embarazo: con ella, con el tocólogo, con el anestesista, para hacer análisis, para ver los análisis, para hacer ecografías, para monitorizar al bebé, etc, etc, etc. Salen más de una al mes.

Nunca he estado tan enferma como para tener que ir al médico más de una vez al mes.

No voy a entrar a juzgar si todas esas citas son necesarias o no, cada uno tendrá su opinión, pero el protocolo las marca; y la embarazada decidirá presentarse a ellas o no, pero el sistema ya le ha dicho que debería acudir. Y lo escucha mientras aguanta las arcadas que tiene todo el día…

Pues estar, no estaré enferma, pero lo parece.

Cuando cada regla es un aborto

Cuando cada regla es un aborto

Hay personas que, siento decirlo, considero poco empáticas o algo cortas de miras. Personas que, cuando una mujer tiene un aborto involuntario, hacen comentarios como “pero si eres muy joven“ (eso, además, independientemente de la edad que tenga), o “venga, venga, mujer legrada mujer embarazada” o “la naturaleza es sabia”, etc.

A pesar de lo habituales que son estos comentarios que no aportan nada bueno, sé que sí hay gente con bastante comprensión del  sufrimiento en una situación así.

A pesar de que es patente la torpeza y la dificultad generalizada para reconocer y aceptar las emociones negativas, propias y ajenas, creo que tampoco hay tanto cazurro que piense “bah, en seguida se le pasará”.

Pero en realidad, ¿qué más da?

No tiene mucho sentido entrar a valorar si sufrir un aborto es digno o no de tristeza y en qué medida; porque nuestra opinión no importa, es nuestra. Quizás deberíamos interesarnos sinceramente por cómo lo está viviendo esa mujer en concreto que tenemos delante.

Es posible que nuestras creencias nos digan que la vida humana no es tal hasta la semana 25 o hasta el momento del parto, pero quizás esa mujer ya se sentía vinculada a ese bebé desde el primer día y lo veía así: como a su bebé. O al contrario, quizás nosotros pensemos que el embrión es ya un ser humano pero esa mujer aún no se sentía madre.

Lo que importan no son los hechos, sino cómo los vivimos. Da igual, de hecho, que estuviera embarazada o no, cuando una mujer vive la llegada de la regla como un aborto.

Esto puede ser más difícil de entender, pero para las mujeres que desean ser madres y no lo consiguen, que ese hijo no llegue supone pasar un duelo como si hubiese estado embarazada y hubiese sufrido un aborto cada mes. Uno tras otro.

Es un duelo porque también es una pérdida. Una pérdida de la vida que querías tener, de la familia que querías formar, de la persona en la que te querías convertir.

“La sociedad tiene tradiciones y rituales para aceptar y asimilar la muerte.
Con la infertilidad es distinto. No hay un funeral, no hay resucitación,
no hay tumba donde poner flores. La familia y los amigos tal vez nunca se enteran.
La pareja infértil llora sola”. Barbara Eck Menning.

Como cualquier duelo, es un duro camino lleno de contrastes.

Primero viene el shock.
Ese momento, muy preciso, en el que eres consciente de que no serás la madre que habías soñado y ves en tu cabeza cómo se derrumba el futuro. Eres incapaz de pensar y al mismo tiempo tu mente no para. Luego pasas por el “no es posible”, por el enfado, por la rabia, por las malas contestaciones a los demás, los instintos asesinos cuando alguien te pregunta :“y tú, ¿cuándo te animas?”, por los pactos con una misma :“seguro que si dejo de fumar, si como mejor, si trabajo menos…”, el llorar y llorar y llorar de pena…. Y, al final, te conformas con poder hablar de ello sin llorar.

Pero no es el final.

Pocas veces en la vida las cosas ocurren de la manera perfecta, cumpliendo nuestras expectativas y sueños… Pero si una mujer quiere ser madre, lo será, encontrará la manera.

Porque el deseo de ser madre no es más que una cantidad de amor tal que se te desborda del pecho sin encontrar a quién dárselo.

Y tanto amor, y de esa clase, debe acabar sosteniendo a un bebé, o quizás otro proyecto vital igual de hermoso…