por Esmeralda Solis | 17,Sep, 2014 | Contacto
Los seres humanos en general y los bebés en particular necesitamos algo más que alimentación, hidratación, higiene y sueño para subsistir, crecer y desarrollarnos de forma plena. Necesitamos además, y en la misma escala de prioridades, contacto, cercanía y seguridad: seguridad física, seguridad emocional, y seguridad psíquica.
Sentirnos en contacto y seguros nos ayuda a marcar referencias dentro del ambiente donde vivimos, donde desarrollamos nuestro día a día y que configura nuestra línea vital, e imparable, de desarrollo.
Observando las conductas de las personas en general ,y de nuevo ,las conductas con y hacia los niños en particular, he llegado a constatar que el adultocentrismo que nos rodea nos evita detectar y validar aquello que sienten los pequeños frente a una situación que reconocen como probablemente insegura y donde necesitando contacto para recuperar esa sensación, se les niega, bien sea de forma sistemática o puntual.
Creo que estarás de acuerdo conmigo en que partimos de la base de que la seguridad, los pequeños la construyen a través de sus interacciones con nosotros: adultos de referencia para ellos. Que las referencias de ¿qué es realmente peligroso? o ¿qué es habitual? la toman de nosotros: los adultos.
No es la primera vez que me llama poderosamente la atención, la tendencia que tenemos o tienen los adultos hacia la minimización de “riesgos” dentro de situaciones perturbadoras. Con esto quiero decir que algo que para nosotros es habitual, sabemos que no es peligroso, tendemos a pretender que también lo sea para ellos sin darnos cuenta de que en muchas ocasiones ellos están empezando a construir su seguridad y muchas veces quitamos importancia a lo que sienten, a sus sensaciones primigenias, y esto no ayuda.
Este verano, se nos dió ese tipo de situación, y nos vimos completamente inmersos en esas sensaciones, percepciones y sentimientos. Acudimos a un espectáculo nocturno, las noches mágicas del botánico, y nos pareció muy buena idea ya que hemos ido antes de tener hijos, y como adultos nos gusto el montaje.
La propuesta era un paseo de noche por el Bosque Atlántico donde van apareciendo Los personajes apenas iluminados por velas, la música, y las historias mitológicas que plantean. El espectáculo en si mismo, es altamente recomendable y muy entretenido para una noche de verano. Pero cuando fuimos hace años, sin nuestra hija, la experiencia fue bien distinta.

Esta vez hemos ido con nuestra pequeña de cinco años. El espectáculo ha variado un poco: antaño los personajes no interaccionaban contigo, se limitaban a actuar de fondo y de lejos. Ya entonces impresionaba, pero menos: Ahora impresiona más, por los tres personajes, hilos conductores del espectáculo, y sobre todo dos de ellos, que representan Trasnus traviesos que saltan y se ríen a carcajadas desde la oscuridad. Con una caracterización muy lograda, saliendo desde la oscuridad corriendo y colgándose de arboles y barandillas y saltando en medio del camino cuando menos te los esperas: ¡asusta!. Luego continúas el recorrido acompañado de Nuberus, Llavanderas, Xanas, Busgosus, Trasgos, Diaños Burlones, La Güestia… Historia de los tiempos antiguos a través de la mitología Asturiana.

A mí como adulto que más o menos sabía de lo que iba el asunto: me asustó. A nuestra pequeña, y los pequeños cercanos, no llego a alcanzar siquiera a explicar cómo les asustó. Nosotros habíamos hablado con Sira, le habíamos explicado cómo era más o menos el espectáculo y habíamos comentado que había personajes, qué era la mitología, qué podíamos esperar. Y su primer grito de terror cuando vio un duendecillo verde subirse a una tapia de un salto y gritar como a medio metro de nosotras aún lo estoy escuchando.
Estaba sobre los hombros de su padre para ver mejor y saltó igual que una ranita, hacia mí, hacia la mochila que tenía colgando en mi cadera. Si no llegamos a llevar la mochila no hubiese llegado a disfrutar del espectáculo como al final hizo. No conozco si la actividad plantea la posibilidad de ser realizada en carrito o silla, pero mi percepción es que no debe ser fácil de caminar en semipenumbra, por caminitos estrechos, subiendo y bajando en un suelo de tierra, y con mucha gente alrededor. No es la situación más adecuada para el uso de sillas, por lo tanto, el porteo se hace necesario si queremos hacerlo con niños, por una cuestión de comodidad, pero este sería otro tema.
Mi hija iba recogida como un ovillo, viendo y mirando: observando todo por una rendija. Hasta que se fue confiando poco a poco, dándose cuenta de que era seguro: que nosotros le hablábamos, que estábamos con ella, que reconocíamos y validábamos su miedo y su susto. No quiso bajarse en ningún momento, pero llegó a saludar a uno de los Trasnus, se rió con el, y le llamo traviesillo. Pudo disfrutar del espectáculo y ha pedido volver, sin mochila, porque ahora: ¡ya no le asusta!.
La reacción ante el mismo inicio de espectáculo alrededor nuestro fue bastante impactante para mí. No había muchos niños, y los poquitos que había, 6 ó 7, eran más o menos de la edad de mi hija, año arriba, año abajo, con lo que conlleva un añito en estas edades tan tempranas.
La reacción generalizada fue un compendio de negaciones, aderezadas con gestos y risas, risas hacia las reacciones de los niños, ninguneando sus sensaciones y sentimientos:
- «No es para tanto»
- «No seas tonto: que está disfrazado»
- «No llores que es de broma»
- «¡Venga! que ya eres mayor, no te puede asustar»
- «¿Ves que yo me asuste? pues ¡eah! camina».
- «Pues si lloras así, no te llevo más a ningún sitio!»
Nos cuesta darnos cuenta que no son adultos en pequeño, son niñas y niños, y están dando sus primeros pasos en este mundo nuestro, en esta sociedad nuestra, y esos pasos serán más sólidos y firmes, cuanto más arropados, reconocidos y validados se sientan los pequeños en esta etapa de la vida.
¡Ponle nombre a sus sentimientos!: Son Suyos
Valídalos y dales sentido: reconocer sus sensaciones es crucial para que se sientan seguros
y esa seguridad se alcanza desde el contacto, la cercanía y el apoyo.
Salimos del espectáculo, con la peque aún en la mochila, riendo y contándonos todo lo que había visto y saludando a los Trasnus desde la distancia. Nosotros tomados de la mano, contentos de constatar una vez más, todo lo que el porteo, en ese caso en forma de nido seguro y cerca nuestro nos aporta. Se nos acercó una mamá que nos dijo: «Qué envidia me habéis dado todo el rato», solo pude sonreirle.
Si quieres saber más sobre Mitología Asturiana en Wikipedia
por Carolina Sanchez | 11,Sep, 2014 | Maternidad
Soy una de esas mujeres a las que la maternidad le ha cambiado la vida en todos los sentidos. Mi bebé, tan preciosa, tan chiquitita, tan demandante de brazos y teta, tan impaciente siempre en sus necesidades, tan deseosa de piel, tan pequeñita pero al mismo tiempo de una grandeza sin límites, me vino a enseñar todo lo relativo no sólo a su mundo sino también al mío.
Sin haber estado previamente en contacto con bebés, la llegada de mi propio bebé me obligó a aprender cómo ocuparme de ella a marchas forzadas. Y ocuparme de mi pequeña no sólo significaba que estuviese alimentada, abrigada y limpia, sino que iba más allá, mucho más allá.
Lo hice de forma instintiva, no por ello exenta de dudas. Habiéndome sumergido de lleno en mi puerperio, sin apenas tampoco saber lo que eso significaba, me dejé llevar y me di cuenta de que saber interpretar las necesidades de mi bebé era mucho más fácil de lo que imaginaba.
Sólo tenía que pararme y escuchar a mi pequeña, sin prestarle atención a los miles de consejos no pedidos.
Entonces todo fluía de una manera casi mística.
No digo con esto que todo fuese fácil y sencillo. Esos primeros meses luchando por conseguir nuestra deseada lactancia, las dudas, el llanto “sin motivo” aparente y las “malas” noches, fueros sin duda otro de los muchos aprendizajes que me esperaban.
Sentía (y así lo sigo sintiendo) a mi niña más sabia que a cualquiera de todos esos adultos que decían que no se enteraba de nada, por ser tan pequeña.
Mi bebé sabía perfectamente qué necesitaba y cuando lo necesitaba, yo sólo tenía que mirarla de verdad para darme cuenta.
No todos los adultos, por no decir que muy pocos, sabemos reconocer nuestras verdaderas necesidades.
La niña que fui
Otra cosa que mi hija me ha venido a enseñar, cosa que ya intuía pero que nunca había tocado tan de cerca, es mi relación con mi niñez y por tanto con toda mi vida adulta.
No es siempre fácil asomarse a esa puerta que se abre hacia tu interior, y que lo hace al mismo tiempo que tu hija se abre paso a la vida.
Pero personalmente creo que es necesario mirar cara a cara a nuestra niña interior, asustada y temerosa. Es una manera de sanar heridas y ser consciente, para no repetir con mi hija las conductas que me dañaron siendo yo niña.
Mi hija me ha enseñado…
- … que siempre se puede querer más aún
- … que los bebés reales nada tienen que ver con los que salen en televisión
- … que los niños son los más sabios y de quienes deberíamos tomar ejemplo en muchos aspectos
- … que obligar y tratar de enseñar a través del miedo, nunca lleva a integrar el aprendizaje deseado, sino sólo a la desconfianza, la resignación y al resentimiento
- … que observar y escuchar es la mejor manera de aprender
- … que cada vivencia con nuestros hijos sólo la vivimos una vez y hay que aprovechar cada momento en la vida
- … a valorar tanto mi intuición como a la niña que llevo dentro
- … que debemos plantearnos nuestras creencias preconcebidas y ponerlas en duda
- … que las cosas se pueden hacer de muchas maneras distintas, y ninguna tiene por qué ser mejor o peor
- … que una infancia respetada y feliz deviene en adultos respetuosos y felices.
¿Y tú? ¿Qué has aprendido con tu maternidad?
por Mercedes Granda | 6,Ago, 2014 | Maternidad
Cada mujer llega a la maternidad de manera diferente.
Hay algunas que llegan sin buscarlo, otras que lo planifican durante mucho tiempo, otras que lo buscan hace rato.
Hay algunas que llegan con nada de información, otras con muy poquita, y otras con una cantidad de información asombrosa.
Y cada una se estrena como madre con una pesada mochila a cuestas, que a veces conocemos, otras no.
Pero invariablemente ,la maternidad se encargará de mostrarnos matices o colores que nunca antes habían aflorado.
En este universo de la maternidad hay muchas maneras de hacer las cosas.
Las que se rigen a pies juntillas con lo que el personal de salud les dice, las que buscan profesionales sanitarios con los cuales empaticen filosóficamente hablando, las que reniegan del personal de salud buscando su propio camino. En este buscar el camino, se despierta otra voz que estaba dormida o acallada, la voz del instinto.
El instinto materno es algo que todas las mujeres llevamos a cuestas. El instinto materno es lo que garantiza, biológicamente, la preservación de la especie. ¿Se imaginan que pasaría si las mujeres dejáramos de atender a nuestras crías?
Ese instinto materno es lo que hace que el motor de cuidados hacia nuestros hijos se active con el parto, un motor que viene andando, en algunas más en otras menos, desde que somos muy pequeñas.
Puedo comprobar cotidianamente con mi hija, cómo se emociona, cómo interactúa dulcemente con los bebés cercanos. Más allá de que mi hija es un ser luminoso (yo no podría decir otra cosa), lo que le pasa al ver un bebé es que los mecanismos biológicos de cuidar a una criatura, se activan. Todas las mujeres tenemos eso. Pero la vida en sociedad, la vida “intelectual” muchas veces opera en contra y hace que ese instinto, innato, se acalle, se silencie. Y entonces llegamos a la maternidad con nuestro instinto dormido. Y cuando éste se va despertando, de a poco, le cuesta mucho encontrar la huella del camino, porque ese camino está lleno de maleza, la maleza de la cultura, de la información.
Dentro de los grupos maternales se escucha mucho el “escuchá tu instinto”.
Y esto está bien, pero a veces es muy difícil discernir si lo que nos está hablando es nuestro instinto o la voz de lo cultural que venimos mamando desde el nacer, la voz del patriarcado… se hace muy difícil saber qué tenemos que escuchar.
Y caminamos en redondo buscando dentro nuestro soluciones que no encontramos, señales que no vemos, consejos que no hallamos.
A veces encontramos el norte cuando nos dejamos acompañar en el camino por otras mujeres que ya transitaron rutas cercanas a la nuestra, que ya han pasado por nuestras incógnitas, que ya han encontrado sus respuestas a preguntas similares. Mujeres que se dejan llevar por el instinto, pero también acompañadas por la evidencia científica:
Las Asesoras Continuum.

Irene Petroff
Casa en Construcción
1ª Promoción Asesoras Continuum
por Nohemí Hervada | 9,Jun, 2014 | Maternidad
Te escribo desde el pasado para que me leas en el futuro.
«Lo que te voy a contar te hubiera gustado saberlo hace tiempo, a pesar de esa sensación de disponer de amplios conocimientos.
Pero la teoría es eso: teoría, y ahora te escribo y te cuento desde el sentir, desde lo que es válido, desde el sentimiento y la sensación, desde el instinto y el saber ancestral del disfrute de ser madre.
Desde el pálpito, el latido y la sapiencia de llevar un pequeño cuerpo pegado a ti, siendo parte de tu propio ser.»
Así comienza una carta que me escribo a mí misma, para darme esos consejos que ahora, desde la experiencia me guardo para una futura maternidad, y no son conocimientos, son sentimientos, que al final, son los que valen.
Me escribo a mí misma, porque en su momento no me escuché de forma plena, no supe interpretar del todo las señales fuertemente emitidas, algo se perdió en el mensaje, y de nada vale ahora reprochármelo, pero es de ley recordármelo a mí misma para una futura nueva vida, incierta, pero aun así probable.
- Nada corre tanta prisa como agotar y beber todas sus risas, sentir su aliento cálido y acariciar esos pies redondos y suaves.
- Nada puede estar por delante de contar sus deditos, de acariciar su pelusa, de aspirar miles de veces al día su aroma.
- Nada es tan urgente como tocar cada centímetro de su piel mil veces cada minuto y sentir su calor, un calor que cura, que recompone, si le dejamos.
- Nada es tan apremiante como escuchar cada latido, cada inspiración de su cuerpecito durmiente, cada suspiro lanzado en sueños.
- Ningún libro te cuenta de forma fiel cómo suena su primera palabra, esa que nunca volverás a oír de igual manera, porque cada vez suena diferente
- Nada te resonará igual que su primer paso firme en esta vida, seguro, confiado y de tu mano, al contacto de tu piel.
- Párate a contar, tocar y sentir su deditos siempre que puedas
- Nadie devuelve ese tiempo que has perdido en tareas, urgencias, carreras, día a día, sin exprimir cada minuto, cada segundo a su lado.
- Así que en el fondo los consejos se condensan en estar, en ser, y quizás menos en observar, en saber. Más en sentir, palpar, vivir y menos en contrastar, comparar y medir.Nuestros hijos son bebés un día de cada vez.
Y yo misma me aconsejo recordarlo, y vivir cada uno de esos días como si fueran años, desde el puro disfrute, sin relojes, solazándonos en nuestro propio ser con ellos y siendo nosotros mismos para, por y con ellos.

Esmeralda Solís, MADRE, Pedagoga y Maestra de Educación Especial, Asesora en crianza, lactancia y porteo, artesana y asesora continuum. Nacida en Gijón (Asturias) y asentada en Alcorcón (Madrid).
por Elena De Monitos y Risas | 22,Oct, 2013 | Testimonios
Personalmente, conozco a Tatiana desde hace bastante tiempo. Prácticamente, desde que comencé mi andadura profesional en el porteo. Quién nos iba a decir, en aquellos momentos, que estaríamos haciendo este camino juntas.
Esta formación la comencé simplemente por tener más conocimientos y una base más firme de lo que es para mí la crianza. Pensé que me daría argumentos firmes y aprendería cómo portear mejor a mis hijos.
¡No sabía dónde me metía!
Ha cambiado mi vida. Es una formación tan completa que me ha hecho replantearme mi futuro, he dejado mi trabajo actual y me subo al barco de Asesoras Continuum al cien por cien.
Me he encontrado con profesionales de la crianza, el porteo y el emprendimiento. El equipo de formadoras está preparadísimo y nos lo demuestran en cada una de las clases, siempre respaldando su conocimiento con muchas lecturas, estudios científicos y largas horas de trabajo.
Pero cabe destacar también la parte humana, lo especiales que son cada una por separado, la sensibilidad que tienen y trasmiten y cómo esto lo aplican al trato con las familias y con nosotras mismas.
Se han convertido en formadoras, asesoras, incluso en determinadas ocasiones en «psicólogas» pudiendo contar con ellas en cualquier ocasión.
La formación de Asesoras Continuum es un trampolín que nos convierte en profesionales de la crianza respetuosa y en profesionales del acompañamiento de familias.
