No sólo puede ser compatible portear teniendo problemas de espalda sino que en muchos casos puede ser incluso aconsejable. Ahora explicaré por qué.
Podría buscar cientos de historias pero os voy contar la mía que la conozco que primera mano.
Tengo un problema de columna congénito. Padezco un Síndrome de Klippel Feil y Escoliosis. Es decir, que desde que nací tengo la espalda «hecha un 8». Usé corsé ortopédico 24 horas al día desde los 7 a los 17 años. A esa edad seguía usándolo sólo para dormir…
Toda mi vida ha estado condicionada por mi problema de espalda. Siempre he tenido un trato preferente a la hora de cargar pesos, nunca me han dejado ni coger una garrafa de agua. Recuerdo perfectamente cuando ya era preadolescente que me daba vergüenza que mi madre me llevara al colegio e iba caminando con el resto de mis amigas pero sin mochila. Mi madre iba por otro camino con la mochila en el coche y me esperaba en la puerta para dármela y que tuviera que cogerla lo mínimo imprescindible. (En esa época no existían las mochilas con ruedas).
Hace 3 años me quedé embarazada. Mi embarazo fue de libro, sin ningún problema, ni de dolores de espalda ni de nada. Nació mi preciosa hija de tan solo 2660 gramos y había que cogerla, para amamantarla, para calmarla, para pasearla, para enseñarle el mundo… Donde mejor estábamos las dos era juntas. Pero entonces comenzó la odisea… dolores de espalda tremendos, mareos… ¡horrible!. Tuve que empezar con fisioterapia y para no tener que cogerla nos pasábamos los días en la cama. ¡Eso no es vida!
Coger a un bebé en brazos conlleva que está despegado de tu cuerpo, que se mueve, que el peso no se distribuye uniformemente en la espalda, que cargas más los hombros, que sufre más una cadera que la otra, que las lumbares se resienten.
Tenía incrustado en mi mente lo que había vivido durante toda mi vida.
¡NO PUEDES COGER PESO!
Sin embargo, hay una persona que depende de ti, no puedes hacer otra cosa, sólo puedes salir adelante y hay que cargarla, hay que cogerla en brazos, hay que sostenerla, hay que jugar con ella, hay que hacer todo lo que hay que hacer. Mi hija necesitaba contacto y parecía que no se lo podía dar.
Conocía el porteo, pero ignoraba sus beneficios, me encantaba pero mi economía no me permitía invertir en un portabebé ¡sobre todo si no iba a poder cargar peso!
Con el tiempo aprendí que con un buen portabebés ergonómico y bien colocado y ajustado teniendo en cuenta las características particulares se puede minimizar el impacto del peso que se carga. La postura del bebé es la adecuada, su cuerpo está pegado al tuyo por lo que es una extensión del mismo, no puede moverse demasiado pues está contenido por la tela y por lo tanto el peso se reparte por toda tu espalda, hombro y lumbares, no sobrecargas una zona en concreto de la columna ni los brazos.
Cuando mi peque tenía 8 meses probé varios portabebés prestados y me hice algunos artesanales. Algo en mi interior me lo pedía, y no voy a decir que fue fácil encontrar uno que se adaptara a las dos de forma inmediata. Sin asesoramiento profesional y con necesidades especiales es más complicado, pero a base de probar y probar lo encontramos.
A partir de los 18 meses desterramos el carrito y pasamos a suelo y portabebés, y aunque mi hija pesa 5 veces más que cuando nació no me duele la espalda.
Sin duda ha influido el hecho de ir probando el protabebés que mejor se adaptaba a mi propia situación y el uso gradual del mismo que ha fortalecido mis sistemas musculares. Por eso digo que portear no sólo puede ser compatible en muchos casos, sino que puede ser aconsejable.
Un bebé necesita los brazos de su madre, si se tienen problemas en la columna puede ser doloroso e incluso contraproducente, pero portear de la forma correcta, con un buen asesoramiento que tenga en cuenta tus problemas y te enseñe cómo contrarrestarlos, de seguro tendrá un impacto menor en tu cuerpo que hacerlo sin un portabebés adecuado. Sin duda restas problemas y sumas beneficios.
Parafraseando a uno de nuestros coach favoritos, Sergio Fernández del Instituto Pensamiento Positivo: «Una de las formas más divertidas de aprender es viendo buenas películas.»
Sitiar tu cerebro es exponerte de forma masiva a información relacionada con ese asunto, y te obligarás a pensar cada vez más de la forma que quieres.
Durante el año que dura nuestra formación nosotras utilizamos muy a menudo las películas, los documentales y audiovisuales como recursos de aprendizaje. Con estas películas además de sitiar el cerebro de nuestras futuras Asesoras de Maternidad tenemos asegurado un rato ameno y divertido ¿no deberían ser así todos los aprendizajes?
Te invitamos a ver las siguientes películas,
¡prográmatelas ya!
1. La belle Verte, o el Planeta Libre. 1995
La belle Verte o El Planeta Libre de Coline Serreau
Una película francesa genial y divertida de un mundo diferente que te sorprenderá. En el año 6000, en un planeta donde viven seres altamente evolucionados espiritualmente, se plantea la cuestión de viajar en misión a la Tierra, pero faltan candidatos para tan arriesgada tarea. Al final, surge un candidato y a partir de ahí se desata una interesante aventura.
La puedes encontrar fácilmente en Internet subtitulada o no, tanto en Youtube como en Vimeo.
2. El lago Azul
El argumento se basa en una novela homónima debidamente adaptada a las expectativas sexuales de finales del siglo XX: el despertar sexual, la masturbación, la menstruación, la vida en pareja y la reproducción.
¿Qué pasaría si dos niños están solos en una isla desierta junto con un adulto protector? Un poco al modo contrario de «El Señor de las Moscas». Y si el adulto, ¿desaparece? Una película en la que una pareja con total inocencia descubre no sólo el amor, sino la maternidad y la paternidad sin intervenciones.
Nosotras te invitamos a verla desde la perspectiva del descubrimiento de la sexualidad, incluyendo el acto más amoroso de todos: la gestación de otro ser humano, el embarazo, el parto, y con especial atención el nacimiento y la lactancia.
¿qué ocurre cuando el bebé nace? ¿cómo ocurre el nacimiento? ¿qué hace el bebé al nacer? ¿qué hacen unos padres que no han visto jamás a un bebé comer?
3. Y por último, pero no menos importante: Yo soy Sam.
Sam es un padre excepcional que se ocupa de su hija con todo el amor del mundo, como cualquier otro. Hasta que alguien decide que Sam no está capacitado para ser padre.
Una película excepcional que habla sobre el derecho a la paternidad de las personas con diversidad funcional y la facilidad con la que la sociedad las juzga «dignas» o no para tener una familia en estos casos. Sobre todo cuando para el resto de las personas, la única cosa importante en el mundo para la que nadie te pide ni carnet ni ningún examen es para ser padres.
Una mirada realista a la vez que hermosa que te obligará a pensar con menos proteccionismo y más con sentido común y amor, no sólo hacia la maternidad y la paternidad sino también hacia la vida sexual de nuestros hijos o nuestros seres queridos con diversidad funcional.
En cualquier caso, estamos seguras de que cualquiera de las tres películas no te dejará indiferente y además te hará reflexionar sobre la maternidad y la paternidad en el s.XXI y en lo que todos juntos estamos construyendo para el futuro.
[Tweet «Sueña #AContinuum, sitia tu cerebro y exponte de forma masiva a información relacionada.»]
¿Has visto alguna de las tres películas? ¿En qué te han hecho pensar o cambiar? Se te ocurren más películas Continuum, ¡Cuéntanos! ¿Cuál o cuales? y ¿Por qué?
Cada vez es menos tabú en nuestra sociedad hablar de bebés que se fueron antes de tiempo, de duelo gestacional y/o perinatal, de muerte cuando se esperaba vida. Hoy en día ya tenemos más oportunidades de encontrar espacios físicos o virtuales en los que poder hablar, compartir, vivir el duelo… y esos espacios hacen que los bebés que nos dejan pronto, sigan estando presentes, que el dolor, el vacío y todo lo que cada uno puede sentir tras una vivencia así, sea legítimo.
Cada vez somos más los padres y madres que hablamos abiertamente de nuestras experiencias, sacando a la luz lo que durante muchas décadas se ha escondido. Pero aún echo de menos que se visibilice, se hable, se comparta y se viva el duelo de quien no llevó dentro al bebé que se fue. Echo de menos a las parejas de las mujeres embarazadas, a los hermanos y hermanas, abuelos, abuelas, tías, tíos… de esos bebés. Personas vinculadas, en mayor o menor grado, a ese bebé que también han tenido que verlo marchar.
Por eso, cada vez que me encuentro una historia que cuenta abiertamente su vivencia, me emociono. Me emociono porque veo que el cambio se está dando, Cada vez que alguien nombra a esos bebés, estoy segura de que alguien que vivió una situación parecida, se permite sentir, llorar, sonreír, vibrar… Damos voz al dolor de muchos, damos alas a esos bebés, damos un empujón a quien necesita ayuda…
Hace unos días recibí en mi email una historia que me hizo vibrar y llorar. Mónica Álvarez compartió la historia de Louis Hemmings quien regala un video precioso a su hija fallecida en 1993. Puedes leerla aquí.
Y disfrutad del video y de todo lo que significa que 21 años después, un papá regale esto a su hija fallecida.
Imagináos la escena: la oficina de un banco, de repente entran tres mujeres con sus bebés a cuestas. Tengo la sensación de reescribir el guión de El bueno, el feo y el malo en versión moderna para la madresfera, jajaja. En serio, nosotras no íbamos a atracar aquel banco, lo más que hubiéramos podido hacer era disparar chorros de leche por la teta.
No hace falta que diga que más de una mirada era de sorpresa e incluso asombro. Muchas madres hemos recibido esas miradas pero claro, hacerlo en «manada» y en una situación tan seria como es pedir un crédito a un banco, es de lo más curioso.
¿Por qué os cuento eso? Porque os quiero contar mi experiencia de lo que es montar un negocio teniendo un bebé y como la viví a través del porteo.
Junto con Ana, mi socia, abrimos un espacio de crianza. Hace ya unos 3 meses pero el proyecto empezó mucho antes. Unos 10 meses de trabajo que se hicieron muy intensos, sobre todo al final.
Cuando me embarqué en esta aventura loca, Ilan, mi tercer hijo, tenía 2 meses (es el tercero pero sólo tengo que cuidar a dos ya que uno falleció, aquí lo cuento si te apetece leerlo). El hijo de mi socia tenía 10 meses y el de otra amiga que recorrió estos primeros meses del proyecto con nosotras tenía 4 meses. Las tres porteamos. A veces íbamos con el mismo modelo de mochila, ¡como si fuéramos del mismo club!
En un caso así el portabebés ya no es sólo una ayuda para hacer tu vida más fácil y/o agradable: es una herramienta de trabajo imprescindible, tanto o más que el móvil o el ordenador. Para mí el porteo siempre ha sido necesario porque vivo en un primero sin ascensor. Por muy poco que haga, para cosas tan básicas como la compra o atender a mi hija mayor, o me crecen varios brazos como a un pulpo o necesito un portabebés. Como en el primer caso iba a necesitar cambiar toda la ropa de mi armario, ¡la opción del portabebés me sale mucho más económica!
Los primeros meses fueron tormenta de ideas, estudiar el sector, perfilar el proyecto, buscar local y financiación, etc. Quedábamos en casa de una, de otra y muchas veces en algún bar. ¡Qué bien nos hubiera venido un lugar como Ohana! Un lugar donde cambiar al bebé sin buscarte la vida o dejar gatear tranquilamente al más grande de los peques sin miedos ni carreras desenfrenadas. Pero bueno, no existía y por eso había que crearlo.
Luego vino lo realmente chungo: la OBRA. Si pudiera ambientar el post con música, ¡os pondría la de psicosis!
Como íbamos cortitas de dinero no pudimos delegar todo y tuvimos que encargarnos personalmente de gran parte del trabajo. Desde ir a comprar todo el material hasta perseguir por todo el edificio la linea de fibra óptica y encontrar por dónde entraba al local.
Un aviso importante: no se puede entrar en la plataforma de la construcción con niños, aunque sean bebés y vayan en el portabebés (#PorteoSeguro). Nunca subestimes la información tan útil que podamos darte en este blog, jajaja.
Al principio iba alternando fular, sobre todo en casa, con nudos que no fueran hiperpresivos. Y fuera de casa, usaba bastante la bandolera y la mochila (una que proporciona ajuste punto por punto para sostener bien la espalda del bebé). Necesitaba formas de porteo que se pudieran poner y quitar rápidamente ya que lo hacía muchas veces al día. En una mañana como mínimo eran 5 veces para salir de casa, dejar a la mayor en la escuela, para ir al banco, ayuntamiento, tienda o donde fuera, para ir a recoger a la niña y para volver a casa) . A veces eran muchas más veces, según los recados que tuviera que hacer y el trabajo por la tarde.
También reconozco que cuando estaba dormido en el coche lo ponía directamente con la maxi-cosi en el carro para no despertarle con tanto ajetreo al pobre. Ya ves, para gran sorpresa de algunos, ¡SÍ, tengo un carro y lo utilizo! Lo uno no impide lo otro. ¡Ni talibana de la teta ni integrista del trapo! Todo vale en esta vida, o mejor dicho, lo que vale es lo que te funciona (y si respeta las necesidades del bebé ya es la repera).
Al final usaba casi siempre la mochila por las razones que mencioné antes, porque mi hijo ya pesaba mucho y porque necesitaba poder pasarlo de delante atrás o viceversa rápidamente, para tener las manos libres para trasladar cosas o trabajar y para poder darle el pecho sin tener que sentarme a hacerlo.
Para entonces Ilan ya tenía 9 meses y como la mayoría de niños de su edad necesitaba estar en el suelo, pues iniciaba la etapa de gateo, tan importante para el desarrollo. Sin embargo, algunos días ni tocaba el suelo: o iba en el portabebés o estaba en el coche. El local estaba en obras y bastante impracticable para un bebé. Me sentía culpable de no poder darle un ambiente adecuado para su desarrollo, pero como muchas de vosotras, tenía que trabajar y al menos estaba conmigo.
Tras meses de trabajo duro lo conseguimos: ¡Inauguramos!
Fue un gran día, con el estrés de los últimos detalles y el alivio de ver que todo salió bien. A partir de ahí empezaba mi verdadero trabajo: atender la tienda, la cafetería e impartir talleres. Iba a ser más fácil… o eso creía.
La definición de conciliar es:
Hacer que dos ideas, opiniones, circunstancias, etc. opuestas o diferentes se unan y hagan compatibles.
La conciliación familiar sería poder compatibilizar el trabajo con la vida familiar. Una piensa que si monta su propio negocio va a ser más fácil pero no lo es tanto. Compatibilizar no quiere decir optimizar. Como me dijo una madre emprendedora un día, al final ni trabajas al 100% ni atiendes a tus hijos al 100%.
Dicho esto, no cambiaría lo que hago por nada del mundo. Estaría más cómoda haciendo mi trabajo sin mi hijo (o mis hijos) claro está. Un día, sirviendo mesas con el peque enganchado a la teta en la mochila, mi campo de visión estaba bastante mermado y casi piso a una bebé gateando en el suelo. Menos mal que tengo unos reflejos felinos y no pasó nada. Pero este proyecto lo montamos para nuestr@s hij@s y los de nuestr@s clientes y sin ellos ya no tendría sentido.
A veces, cuando tengo al peque dormido en el portabebés, y tengo que enseñar cómo se pone otro, lo tengo que hacer ¡por encima del que ya tengo! Porteo a doble capa, jajaja, ¡si eso no da soporte a sus 11kg apaga y vámonos! Pero nos vamos apañando. Lo bueno es que nuestr@s clientes también son padres y madres y son muy comprensivos: GRACIAS.
Así es mi día a día de madre emprendedora y porteadora. ¡Ah y lactante también!, no lo olvidemos, que sacar la teta ante notario también tuvo su punto ;-).
Llevo más de 10 años asesorando en temas de lactancia.
Años que han ido marcando una evolución, no tanto en conocimientos como en la forma de transmitirlos y aplicarlos.
Ahora que me dedico a formar Asesoras Continuum, una de las cosas que intento grabar en las alumnas y que yo he aprendido con el tiempo es que nosotras no juzgamos a las madres ni sus decisiones. Dicho esto, pues sonar incongruente la pregunta del título de este artículo.
¿Debe una asesora de lactancia preguntar a una madre el motivo de por qué quiere destetar?
Quizás tú tengas tu propia respuesta, yo te invito a leer y a que conozcas mi forma de ver este asunto.
Va por delante que esa pregunta la haría solo dentro del marco de una madre que me pide asesoramiento para el destete. En ese caso hablo como asesora de lactancia, dejando a un lado mis propias opiniones sobre el tema en cuestión.
No me cansaré de repetir que una de las cosas que tenemos que tener en cuenta a la hora de asesorar es que nuestra opinión no importa.
Nuestra opinión de un asunto está condicionada por múltiples factores que la hacen única y aplicable a nuestro caso particular, así que para asesorar de forma adecuada, hemos de dejar nuestro punto de vista personal al margen y centrarnos en la persona a la que asesoramos y en información fiable, no en opiniones ni prejuicios.
Dicho esto, cuando una madre me pide consejo para destetar, sí le pregunto con delicadeza por qué quiere destetar. No para emitir un juicio o hacerla cambiar de opinión, sino porque en la realidad hay 2 tipos de razones para destetar:
las verdaderas
y las falsas
O dicho de otro modo:
Porque la madre quiere
O porque “algún otro quiere”
Mi trabajo es asegurarme que la madre sepa distinguirlo.
Hay 2 tipos de razones para destetar:
Porque la madre quiere
Porque algún otro quiere
Os pongo un ejemplo real:
-Una madre que quiere destetar porque el dentista le ha dicho que hasta que no destete no puede arreglarle la dentadura, ya que ha de administrarle antibióticos y usar anestesia local.
Si en este caso no le hubiera preguntado a la madre el motivo, seguramente esta madre no sabría que ese no es un motivo real para dejar la lactancia si ella quiere continuar. ¿Os suena este ejemplo? LA mayoría de las veces el destete no surge por voluntad de la madre, o al menos la idea inicial no parte de ella.
¿Por qué quieren destetar a veces las madres?
Una madre que oye a su pediatra vez tras ves decirle: -«¿Cuándo vas a quitarle el pecho si ya no le aporta nada?»
o a su médico : -«Dar tanta teta te está afectando. Te vas a quedar sin calcio»
o a la esteticista: -«Hasta que no destetes no puedo hacerte este tratamiento»
o a la amiga: -«Hasta que no destetes no vas a tener vida propia»
y así Ad infinitum…
Oímos todo tipo de “razones” para destetar de mano de profesionales de todos los ámbitos, de familiares, de “amigos”, hasta de la propia pareja.
«Razones» sin fundamento médico ninguno, «razones» que no son sino prejuicios.
Y lo grave es que este tipo de mensajes van dejando huella. Huella en la madre que se cansa de nadar contra corriente, de dar explicaciones, de pelearse para que le empasten una muela, o le operen la miopía o le depilen.
Algunos van más allá y apelan al bienestar del niño con mensajes amenazadores sobre su salud: -“se va a quedar raquítico” o su desarrollo: – “va a desarrollar un complejo de Edipo” o “está demasiado apegado a ti, así nunca va a ser un adulto independiente” .
Parte de mi trabajo como asesora continuum es divulgar la realidad de lo que significa la lactancia, incluyendo que ninguna madre debería destetar si no quiere.
Coaccionar a alguien con mentiras para que destete debería ser punible, y mucho más si se hace en nombre de la salud. Es un asunto muy serio ya que la lactancia es la práctica normal de alimento para los bebés y niños humanos sus primeros años de vida, y como tal, impedirla o acortarla por prejuicios personales o culturales tiene serios perjuicios para la salud del niño y la madre.
Pero como toda relación con 2 partes, puede que seas tú quien decida finalizarla, y estás en tu derecho de hacerlo.
En ese caso, mi trabajo es informarte de cómo hacerlo de la forma menos traumática posible con el niño, teniendo en cuenta que seguramente él no piensa ni siente cómo tú.
Sea como fuere, el fin de la lactancia es un momento de duelo (para uno o para ambos), una etapa importante que acaba, y merece ser vivida de forma consciente y respetuosa, no con imposiciones externas.
Así que, si eres una madre que quiere destetar… lo primero pregúntate:
¿Por qué quiero destetar?
Nohemí Hervada Asesora de Lactancia
Directora de Asesoras Continuum
Hace dos años estoy segura de que te juzgué. Estoy casi 100% segura de que alguna vez te miré mal en el avión o puse los ojos en blanco cuando tu hijo se puso a llorar en el tren y tú no pudiste calmarlo. Yo soy esa chica que abrió su ordenador con desdén y se colocó los cascos con desmanes para que notaras mi incomodidad. Mejor dicho, yo “era” esa chica, y hoy vengo a pedirte perdón.
Hace unos dos años nació mi segunda hija. Una alegría inmensa que vino de la mano de un gran descubrimiento: Los niños “exigentes” existen.
Estos dos últimos años de mi vida han sido intensos en muchos aspectos. Han sido intensos en aprendizaje (me he formado y sigo formándome como Asesora Continuum) e intensos en cuanto a la crianza de mis pequeños. Soy la orgullosa madre de una niña de “Alta Demanda”.
Mi imagino que ahora mismo, al leer estas palabras “Alta Demanda”, se habrán producido tres tipos de reacciones:
Reacción tipo 1:
“No me creo que una Asesora Continuum etiquete a su hija de esa manera. La “Alta Demanda” no existe. Sólo existen las madres “bajo oferentes”. Todos los niños son demandantes.
Reacción tipo 2:
“¿“Alta Demanda”? ¿Eso qué es? ¿Será mi hijo también de “Alta Demanda”? A ver qué me cuenta esta mamá…
Reacción tipo 3:
“¡Dios! Qué alivio siento cuando leo a otra madre a la que le pasa lo mismo que a mí. Ya pensaba que me estaba volviendo loca, o que soy una floja, o incluso una mala madre.
Pues bien, tengo respuesta para los tres tipos de reacciones.
Respuesta para los del primer grupo:
A ti que ahora me juzgas por definir a mi hija como una niña de “Alta Demanda” te puedo decir que te entiendo. Que las etiquetas son peligrosas y que muchas veces etiquetar consigue lo que en textos de literatura se conoce como “La profecía autocumplida”. Una afirmación que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad.
A ti que tienes la suerte de no saber lo que es un niño de “Alta Demanda” no te voy a convencer de nada. No es mi finalidad al escribir este texto. Tan sólo te voy a pedir que cuando veas a una familia pasarlo mal por la “intensidad” de sus hijos, no te sientas más y mejor madre que esa madre… no sabes cuánto tiempo lleva sin dormir más de 4 horas seguidas o lo mucho que le cuesta cada una de sus actividades diarias… Sé generosa y simplemente no le crees más incomodidad. A ella también le gustaría que todo fuera más fácil.
Respuesta para los del segundo grupo:
A ti que te interesa el tema, o que no conoces bien qué es eso de un niño de “Alta Demanda”, te cuento que debajo de esta “etiqueta” se agrupan niños que comparten algunas características que te nombro a continuación. No todos son iguales, o no todos presentan todas estas características a la vez, pero lo que sí te puedo asegurar es que sus cuidadores sí presentan exactamente los mismos síntomas: agotamiento extremo, frustración y hasta la incertidumbre de no saber si son o no buenos padres.
Los niños de “Alta Demanda” son como todos, requieren de mucha atención pero existe una pequeña diferencia: estos niños la requieren constantemente. Su nivel de demanda es absorbente y en la práctica totalidad de los casos, esas demandas solo pueden ser cubiertas por la madre o en menor medida por el padre y cualquier intento por parte de otra persona (abuelos, tíos, amigos, cuidadores) por colaborar y ofrecer atención, es directamente rechazada por el pequeño de forma notoria.
Otra característica que resulta contradictoria en estos pequeños es que son a la vez niños “valientes y curiosos”, combinado con “temerosos e inseguros”. Creeréis que esto es imposible, pero tiene una explicación:
Este tipo de niños tienen una alta capacidad de captar estímulos, son “absorbedores” de información constantemente. Cuando están en “modo aprendizaje” muestran un entendimiento algo superior a lo que se espera de su edad y el mundo que les rodea les atrae y les impulsa a investigar. Pero en otras ocasiones esos estímulos los sobrepasan, convirtiendo ese mismo entorno en algo hostil para ellos.
En consecuencia son niños que lloran con mucha frecuencia, y además ese llanto es exagerado y puede durar mucho tiempo aun cuando, como madre, estés 100% orientada a tratar de calmarlos.
Un rasgo que sí comparten todos los niños de “Alta Demanda” es su alta sensibilidad. Dicho de otra manera, son muy emocionales o emocionalmente inestables. Expresan lo que sienten con gran dramatismo, ya sea su alegría o su malestar, y tienen cierta tendencia a las «rabietas». Vistos desde fuera, pueden parecer niños “malhumorados” o poco sociables, pero de verdad que en su “hábitat conocido” son pequeños intrépidos y cariñosos que no dejan de sorprenderte y maravillarte.
Leído todo así puede parecerte un horror, y eso que no te he contado todavía que no suelen dormir mucho, que tienen una voluntad de hierro, que les gusta elegir su ropa, que son exigentes con su comida, que son muy despiertos, que no cambian de opinión con premios, que son de ideas fijas, que necesitan de contacto físico constantemente, que no les gusta dormir solos… Buuffff creo que con esto ya puedes hacerte una idea pero me guardo lo mejor para los del tercer grupo.
Respuesta para los del tercer grupo:
Nuestros niños, inquietos y nerviosos, hipersensibles y obstinados, son lo mejor que nos ha pasado en la vida. Ellos son el motor de muchos cambios. Son la recompensa que está por llegar. Son nuestro camino de superación.
Tenemos que saber que nuestros pequeños temperamentales no están enfermos, ni tienen ningún tipo de problema y sobre todo convencernos de que no es culpa de nadie que tengan ese carácter (soy madre de dos, y el mayor tiene otro tipo de carácter que nada tiene que ver con el de su hermana). En nuestras manos está hacer esto lo más llevadero posible hasta que lleguen a ser los maravillosos adultos que llegaran a ser ¿cómo?
Trabajando en tener una relación cercana y extremadamente afectuosa con ellos. Yo tengo demostrado que mientras más tranquila estoy yo, más fácil es todo con mi hija.
Fomentando el contacto. Contenerlos y abrazarlos. Para mí el porteo ha sido la solución a tantas cosas y a tanto llanto que lo considero casi como una prescripción médica.
Trabajando nuestro propio autocontrol. No permitirnos que nuestra falta de sueño, nuestro cansancio o nuestras ganas de hacer “algo” sin oír quejidos nos desborde. No criticarlos. No calificarlos. No etiquetarlos. Pero sobre todo no dejar que nuestro entorno lo haga. Defender a nuestros pequeños del desconocimiento de los “opiniólogos”. Esa es la base de su futura autoestima: Nuestra opinión.
Eligiendo las batallas que vamos a librar y esas ganarlas. No podemos decir “si” a todo lo que nuestros niños nos demandan. Evaluar en cuál de sus exigencias podemos claudicar y en cuáles no, y en esas ser firmes. En unos años nuestros niños se enfrentarán a un mundo que muchas veces les dirá “NO” y deben disponer de herramientas para afrontarlo.
Dejándoles ser quienes son. No los vamos a cambiar, son así. Es una cuestión de carácter, de temperamento. Tenemos que dotarlos de herramientas para canalizar sus frustraciones y si somos capaces de adelantarnos a una rabieta, debemos reaccionar rápido y cambiar de tercio.
Pidiendo ayuda cuando lo necesitemos. Qué difícil es esto a veces. Sabemos que nuestros hijos rechazan estar con otras personas, pero la ayuda puede venir de muchas maneras. Una ayuda en casa con todo lo que no has podido hacer porque llevas varias horas de llanto, quedar a comer con amigos al aire libre en lugar de en un restaurante, pedir directamente que no te juzguen o que no juzguen a tu hijo…
Reforzando sus avances. Son niños que cuando están de buenas son tan cariñosos y sensibles que en esos momentos tenemos que hablarles y hablarles y hablarles. Mostrarnos agradecidas por conectar con nosotras y darles mucho mimo para que quieran mantenerse en ese estado fantástico de conexión.
Queriéndolos y aceptándolos. Sé que los queremos, que los queremos mucho, pero también sé que hay momentos que nos superan y momentos en los que las fuerzan flaquean. No te sientas mal. Somos humanas. Sigues siendo una madre maravillosa.
Y bueno, realmente es a ti que estas en este tercer grupo a la que quería pedirle perdón. Nunca imaginé a qué te estabas enfrentando. Nunca intuí cómo te molestaba mi mirada de soslayo cuando tu hijo lloraba y jamás pensé que realmente tú fueras lo que ahora sé que eres:
¡La mejor madre que un niño de alta demanda
puede tener!
Vengo a proponeros participar en el Primer Estudio Relacional Porteo y Fibromialgia.
Soy una más entre los afectados de Fibromialgia en España. Según el estudio EPISER de la Sociedad Española de Reumatología, la Fibromialgia afecta a una cifra entre el 2% y el 4% de la población española. Esto supone, en nuestro país, más de un millón de personas enfermas mayores de 18 años, de los cuales, la mayoría son mujeres (90%), su prevalencia es de 20 mujeres por cada hombre afectado.
He porteado a mi hija desde su nacimiento hasta sus cinco años (y aún ahora puntualmente).
He usado todo tipo de portabebés ergonómicos, con y sin brote de Fibromialgia, en épocas agudas y de meseta, probando y tanteando qué me iba mejor a mí.
Siempre sin perder de vista qué me advertía y pedía mi cuerpo en cada momento, con épocas de paradas largas en el porteo por salud y seguridad.
Sé que sufro Fibromialgia hace muchos años. Busqué un diagnóstico firme hace aproximadamente tres años. El porteo es mi vida a muchos niveles, es una forma de vivir y criar, y esta práctica se vio afectada, por supuesto, por la Fibromialgia, como otras muchas facetas de mi vida.
Sé que somos muchas las afectadas (y afectados, pero personalmente no conozco padres afectados que porteen) las madres que porteamos a nuestros pequeños, por o a pesar de esa dolencia.
Me consta que somos conscientes de nuestras limitaciones y de la ayuda que supone el porteo en muchas ocasiones, pero siempre es bueno saber más, para hacer un mejor uso.
Como experta en ambos temas, en uno como profesional y en otro como afectada, tengo muy claro también que se sabe poco o nada de ellos en relación directa. Sé que la Fibromialgia tiene un abanico tan grande en cuanto a síndromes asociados, y síntomas variados y difusos que es muy complicado desde una sola experiencia llegar a unas conclusiones o recomendaciones claras en cuanto a la práctica del porteo para quienes la sufren.
Por eso hemos decidido poner en marcha un Estudio Relacional sobre Porteo y Fibromialgia con el que poder recopilar datos y experiencias de más madres y padres afectados que portean a sus hijos, que nos consta estáis ahí, diagnosticados/as y sin diagnosticar.
Soy la primera en reflexionar y contestar a la encuesta del Primer estudio relacional sobre Porteo y Fibromialgia. Creo que es un buen paso arrojar luz sobre este tema y ahora es el momento para ello. Lo haré de forma abierta en un próximo post, contando mi propia experiencia en el porteo desde la Fibromialgia.
Siempre existen motivos para el agradecimiento, así que lo primero, gracias por leerme y lo segundo, gracias por participar, sea rellenando la encuesta porque estés en el mismo o similar barco, o bien por compartirlo y dar la opción de que llegue a más gente y podamos acumular más experiencia, más datos, más conocimiento.
Y gracias, por supuesto, a las alumnas de la tercera promoción de Asesoras Continuum que fueron la chispa que hizo encenderse esa mecha, hace tiempo colocada, de que mi experiencia en porteo siendo afectada, podría servir para alguien más allá de mi propia persona o las familias que directamente hablan conmigo.
Si una cosa he aprendido de esta afección, es que no es una parcela claramente acotada, no hay dos afectados iguales ni parecidos siquiera en sus sentires diarios con la Fibromialgia. Por lo tanto lo que sirve para mí, no sirve para otros y mis usos y manejos no son extrapolables a otros afectados.
Por mi experiencia personal no hay una única recomendación válida, cada uno está afectado/a de distinta forma, no hay dos personas que respondan igual ante idénticas situaciones. Normalmente un portabebés con buen apoyo y soporte y que pida pocos giros de articulaciones puede ir bien pero no podemos generalizar. En resumen no es sólo que se tenga fibromialgia, es cómo está afectada la persona, qué molestias o dolores son los que más marcan, dónde, cómo…muchos factores a tener en cuenta. Mi caso no tiene por qué ser el tuyo… No es fácil concretar porque es una enfermedad con muchas caras…tantas como afectados/as y de ahí surge la necesidad e importancia de este estudio.
No pretendemos, no pretendo, hacer un estudio sobre Fibromialgia, el objetivo es hacer un estudio sobre la relación experiencial que se produce entre afectados/as de Fibromialgia y el porteo. Partimos de la experiencia diaria de los/las afectados/as y a ellos van dirigidas principalmente las conclusiones finales.
Puedes clicar aquí para acceder al cuestionario, ver cómo está configurado y sus instrucciones correspondientes. El cuestionario está orientado a padres y madres afectados de Fibromialgia que porteen actualmente o lo hicieron en su momento. Cualquier duda que te genere puedes escribirme a info@sirinadas.com. Si no eres una persona afectada puedes ayudarnos compartiendo este post y el cuestionario, tu ayuda también es muy valiosa para nosotras, GRACIAS!.
En torno a la lactancia materna hay muchos mitos que la desinformación fomenta. Uno de ellos es que si estás amamantando y te quedas embarazada tienes que destetar por la seguridad del bebé que está por nacer. El miedo más común de lactar embarazada es sufrir un aborto. Pero como reza el título de este artículo en general es posible seguir amamantando durante el embarazo sin riesgo para el feto.
Personalmente no me he visto en esta situación. Mi hija se destetó al poco de cumplir los cuatro años y a los dos meses me quedé embarazada de nuevo. Si se hubiese dado el caso de que mi hija hubiese seguido mamando, te puedo asegurar que no habría impedido que siguiese haciéndolo. Aunque lo que no te puedo asegurar es si lo hubiese decidido por otras causas, que más abajo te detallo, o que ella misma se hubiese destetado sola durante el embarazo.
Vuelvo a reiterar que no hay pruebas que demuestren que amamantar estando embarazada afecte al desarrollo del feto, como tampoco afecta al hermano mayor ni a la madre. En el único caso en el que se desaconseja la lactancia durante el embarazo es cuando se ha diagnosticado amenaza de aborto o parto prematuro, y no porque haya una relación directa clara y demostrada, sino más bien para evitar futuros sentimientos negativos en la madre.
Sin embargo no solo son familiares, amigos o conocidos quienes nos pueden alertar erróneamente del «supuesto peligro» que conlleva seguiramamantando. A día de hoy todavía existen profesionales sanitarios (no todos) que aconsejan a la madre el destete inmediato, sin que exista ningún riesgo de aborto o parto prematuro. De hecho rara vez contraindican las relaciones sexuales en estos casos y también se producen contracciones durante las mismas. Esta recomendación solo obedece a una falta de actualización y reciclaje por parte de estos profesionales o a prejuicios personales.
Si tienes intención de seguir amamantando a tu hijo durante el embarazo lo que sí debes tener en cuenta es con lo que te puedes (o no) encontrar, para no tener falsas expectativas:
– Es normal que durante el embarazo tengas más sensibilidad en los pezones y esto te haga estar incómoda durante las tomas. De hecho algunas madres deciden destetar por no soportarlo.
– Puedes sentir agitación del amamantamiento. Esto es un sentimiento de irritabilidad y rechazo hacia tu hijo, al amamantarle, que no puedes controlar. Puede ocurrir bien por los cambios hormonales que suceden durante el embarazo, un cambio en el agarre que sientes como mucho más fuerte, o mayor sensibilidad en los pezones, como he comentado antes. Hay muchos factores que pueden influir en esa reacción y no son todos físicos. El saber que es algo normal puede ayudar, aunque hay mamás que necesitan reducir el tiempo de la toma o incluso se plantean el destete.
– La producción de la leche disminuye alrededor del cuarto mes de embarazo. Esto, dependiendo del niño, puede llevarle a destetarse por sí solo.
– Puedes sentir contracciones mientras tu hijo mama. Estas remiten cuando termina la toma. Esto sucede por la hormona oxitocina, implicada en la lactancia. Esta hormona está presente igualmente en los orgasmos. Por lo que si nuestra matrona o ginecólogo, sin motivo aparente, nos recomiendan el destete, del mismo modo nos deberían recomendar no mantener relaciones sexuales durante el embarazo. Sin embargo, como comenté antes, eso no ocurre.
Cada caso es distinto, habrá mamás que vivan su lactancia durante el embarazo con mayor, menor o ninguna molestia. En ocasiones será la propia madre quien decida destetar por no sentirse bien con la lactancia, por los motivos que he comentado antes.
Que decidas destetar no quiere decir que no vayas a atravesar tu pequeño o gran duelo
Cada una lo vivimos a nuestra manera.
No se aconseja un destete brusco, sino adecuado a la edad del niño. No es lo mismo que el pequeño tenga un año y aún no le interese demasiado la alimentación complementaria, que un niño de dos años que ya come más o menos de todo. Lo ideal es “no ofrecer, no negar”, y con niños más mayores pactar tomas más cortas.
Por otro lado puede que sea el niño el que se destete solo debido a la disminución de la producción o el cambio de sabor en la leche. Incluso los hay que tras el nacimiento de su hermanito deciden volver a engancharse, aunque entre estos, algunos ya habrán olvidado cómo mamar.
Por todo esto no podemos predecir cómo se desarrollarán los hechos.
Cada caso es diferente y dependerá tanto de cómo se sienta la mamá, como del niño.
¿Y tú? ¿Te sentiste cómoda amamantando a tu hijo durante tu embarazo? ¿Quieres compartirlo con nosotras?
Desde hace un tiempo se habla mucho de la importancia del rol del padre. Los padres de hoy en día están mucho más implicados y han salido de la sombra en la que han estado mucho tiempo. Esto es una maravilla, pero muchas veces esta paternidad parece que entra en conflicto con la maternidad y cuando eso pasa los perjudicados son los de siempre: los bebés.
Durante el embarazo la pareja sigue siendo pareja, los roles siguen claros. Él, el padre, está lleno de ilusión y su mujer es, a sus ojos, un ser valiosísimo en cuanto porta un tesoro sagrado en su interior. Pero llega el momento del parto y ahí aparece de repente la doble figura: madre y padre. La madre tiene fácil ver cuál es su rol (aunque muchas veces no lo tenga claro), es «su parto», pero el padre en muchas ocasiones se encuentra fuera de lugar, desubicado. Entran en juego miedos e inseguridades y no sabe donde está su lugar.
Estas cosas no se suelen hablan durante el embarazo; en otras ocasiones sí se hablan, pero a pesar de ello, a veces la mujer elige sin libertad, por miedo al qué diran o a que cambie su relación de pareja.
Michel Odent no es partidario de que el padre se encuentre en el parto, ya que dice que puede hacer que los partos duren más debido a los altos niveles de adrenalina que presenta el padre en ese momento. Nils Bergman, por el contrario, dice que es bueno que el padre esté presente porque aumentan los niveles de dopamina. Yo considero que la mujer debe decidir con quién quiere vivir ella ese momento. A mí me hubiese encantado que mi pareja estuviese conmigo en ese momento, pero entiendo que no tiene que ser lo mismo para todo el mundo. Las realidades de las relaciones familiares son complejas y cada mujer sabe si la presencia del padre en su parto va a contribuir a que se sienta segura o no.
El parto es de la mujer, y tiene derecho a vivirlo como ella desee, como se encuentre cómoda, tranquilay segura. Si en ese momento no quiere tener presente al padre y quiere que esté su madre, su hermana, un equipo de profesionales o quien sea, éste lo tiene que respetar. Puede que suene políticamente incorrecto, pero el padre tiene un papel mucho más importante que el cortar o no el cordón umbilical del bebé.
El papel fundamental del padre es preservar y proteger el binomio de la madre y el bebé, preservar los momentos de intimidad para que se conozcan, se enamoren, para que la lactancia se pueda establecer de la mejor manera. Todo aquello que haga que la madre se sienta bien será positivo para el bebé, porque aunque haya salido del interior de la madre, durante algún tiempo seguiran siendo una unidad.
En los primeros días el padre puede dosificar, minimizar o incluso evitar las visitas; estar pendiente de la madre quien, entre la falta de sueño y las hormonas, en alguna ocasión puede sentirse desbordada; ocuparse del bebé mientras la madre se da una ducha o descansa; coordinar todos los recursos a su alcance para que la madre no tenga que hacer otra cosa más que estar con el bebé.
Durante los primeros meses, el padre puede hacer muchas cosas con su bebé, puede cambiarle los pañales, bañarle, portearle mientras la madre descansa un rato,… y, poco a poco, el padre se convertirá en ese héroe maravilloso y divertido que hace a los bebés volar por los aires mientras los bebés se parten de la risa (y a las madres les da un tabardillo).
Padres: sois fundamentales en el desarrollo y la crianza de vuestros hijos, siempre y cuando tengáis claro vuestro papel y no intentéis usurpar el de la madre.
Un bebé intraútero tiene contención constante, alimentación continua y calor. Cuando nace ese bebé, espera que su mundo sea lo más parecido posible a lo que ya estaba viviendo. Sus necesidades de contención, alimento a demanda y calor se verán plenamente cubiertas sobre el cuerpo de su madre, sin pasar por ningún tipo de separación, al menos durante los primeros días.
Un bebé recién nacido necesita el contacto piel con piel para desarrollarse plenamente, ya que este contacto continuo desencadena en él los procesos neurológicos necesarios para un correcto desarrollo de su cerebro.
En cuanto un bebé es separado de su madre, éste siente peligro, pues su cerebro está todavía muy poco desarrollado y su programa biológico le «dice» que lejos de su madre su vida corre peligro. El bebé entra en un estado de alerta e hipervigilancia, sus niveles de cortisol empiezan a aumentar. El cortisol es la hormona del estrés y además es inhibidora de la oxitocina, la hormona del amor, el vínculo y las relaciones sociales. Este desequilibrio hormonal, afecta negativamente en el desarrollo del cerebro, además de que modificará su respuesta ante situaciones de estrés incluso durante su vida de adulto.
Por eso, citando a Nils Bergman: lo ideal sería la SEPARACIÓN CERO.
Que el bebé pueda ir adaptándose y conociendo su nuevo mundo desde un lugar seguro: el cuerpo de su madre.
Nils Bergman recordando el ejemplo de la plomada que usó Jill Bergman el día anterior
Lamentablemente, muchas veces estas expectativas que tiene el bebé al nacer no se ven cumplidas. Hace un mes escaso, tuve la suerte de poder asistir al curso de Nils y Jill Bergman, Kangaroula. Nils y Jill explicaron que lo que espera un bebé al nacer es «lo óptimo», el ideal, la meta. Y lo ejemplificaron con una plomada : cuando el bebé es separado de la madre, o nace con un parto muy medicalizado, o no inicia la lactancia materna en las primeras horas, esta plomada se aleja de la línea vertical, de su centro de equilibrio. Esto no siempre se puede evitar, pero lo importante entonces es intentar dar una respuesta de contención y volver lo antes posible a ese punto, al ideal, al cuerpo de la madre.
También es cierto, que muchas veces no hemos sido capaces de dar esa respuesta de contención que espera nuestro bebé tan pronto como fuera recomendable. Y ahora hablo como madre que no pudo y no supo darle esa bienvenida esperada a mi bebé. Pero sí empecé a hacerlo pasados unos días, ya en casa. Mi bebé lloraba muchísimo y yo no sabía qué le pasaba. Le daba pecho a demanda, dormía con él, lo tenía todo el día literalmente encima y, aún así, lloraba y lloraba. No fue hasta que acepté que mi bebé necesitaba un tiempo de desahogo, un tiempo para recuperarse por lo que habíamos pasado, que no empecé a darle esa contención tranquila que necesitaba. Y todo empezó a fluir.
El contacto piel con piel tiene ese mágico poder de recuperar el tiempo perdido, de curar, de unir, de fortalecer el vínculo, de regular la temperatura, de dar seguridad y de volver a ese equilibrio que esperan nuestros bebés. Pero también está relacionado con la resiliencia. Por eso pienso, que aunque hay cosas que no se podrán recuperar nunca, sí tenemos la capacidad de darles todo el contacto del que carecieron en un momento dado, ya hayan pasado días, semanas, meses o incluso años.
Nunca es tarde para empezar a dar contacto. Sólo imagina lo reconfortante que es que te den un abrazo sentido y prolongado. Esa es la magia de la que hablo. Y está al alcance de todos nosotros.
Si tu hijo o hija no tuvo lo que esperaba cuando nació, si por cualquier motivo no fuiste capaz de proporcionárselo, no te sientas culpable. En aquel momento, como ahora, hiciste todo lo mejor que pudiste, con tus conocimientos y con tu mochila a cuestas. Simplemente empieza hoy a darle contacto. Hay muchas formas para hacerlo, puedes dormir con tu hijo si así lo desea, hacerle masajes, darte un baño con él, abrazarlo mucho, auparle siempre que lo pida y más, portearla, leerle cuentos abrazados, y cualquier cosa que se os ocurra.
Muchas madres me han contado los maravillosos efectos que tiene el contacto sobre sus hijos, aun cuando no empezaron de la mejor manera. ¿Qué experiencias tienes tú? Estaré encantada de escucharlas 🙂
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