Madres contra madres, madres contra padres, padres contra madres…

Madres contra madres, madres contra padres, padres contra madres…

Si  eres habitual  de las redes sociales   y/o de la blogosfera maternal seguro que has leído a menudo sobre las guerras entre madres.

Al parecer hay que estar en algún bando.

Hay muchos donde escoger y todas pertenecemos, sabiéndolo o no, a alguno:

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  • Teta o biberón
  • Estivill o González
  • Colecho o Supernanny
  • Trabajar fuera de casa o quedarse a criar a los hijos
  • Carrito o Porteo
  • Porteadoras con lo básico o coleccionistas de fulares
  • Papillas o sólidos
  • Libertad o límites
  • Escuelas o Homeschooling
  • Y así hasta el infinito…

 

Parece que necesitamos reafirmar lo que hacemos o no hacemos en contraposición con el resto. Es como si siguiésemos en la etapa de la reafirmación desde el No que tienen los niños pequeños.

Personalmente hace tiempo que me hastían los debates en ese tono, tanto las defensas como los ataques. Entre madres me refiero, cuando se trata del ámbito profesional aún mantengo el radicalismo que me da la, hasta el momento,  evidencia científica.

Pero estoy convencida de que el juicio entre madres nunca va a dar nada positivo.

Primero porque a nadie le gusta que otro le enmiende la plana y le diga que lo que hace se debe mejorar, ¡sobre todo si no han preguntado! Y segundo porque en demasiadas ocasiones el juicio no aparece para mejorar la situación del juzgado sino para reafirmar la posición de superioridad de quien juzga.

En ambos casos si lo que se espera es eso: el mayor bienestar de un tercero ( el bebé) el enfrentamiento con su progenitor y/o cuidador,  no es la vía más inteligente.

Como escribía el oro día mi compañera Elena López, el transfondo siempre es la culpa que planea sobre las madres como los buitres sobre los cadáveres que devoran los leones… esperando su parte del pastel.

Culpas, miedos, juicios y castigos

Hemos crecido con la culpa como compañera de viaje, sobre todo las mujeres. Imagino que porque es un medio fantástico de  controlar. El miedo ha sido la herramienta de control por antonomasia, y si no, miremos la historia de la política y las religiones. Si no quieres hacer algo de motu propio, ya se encargaba alguna autoridad de meterte miedo para que lo hicieras aun sin querer.

Conseguir infundir más miedo al castigo que yo te infrinjo si no haces lo que quiero, 

que el que le tendrías a la consecuencia natural de no hacerlo.

Y no hay que irse a la Edad Media ni pensar en el infierno en llamas.
Seguimos viviendo en la tiranía del miedo.
Otros miedos, otros castigos, que al final lo que hacen es quitarnos la capacidad de analizar las consecuencias de nuestras decisiones y la responsabilidad de vivir aceptándolas.

La culpa funciona de forma parecida al miedo con un agravante: nos juzgamos, castigamos y sometemos nosotros mismos, con un criterio que nos viene de fuera, que muchas veces no es real.

Y esa culpa nos muestra una visión de nosotros mismos que es dura de ver por lo que escogemos mirar a otro lado. Y en demasiadas ocasiones por no juzgarnos nosotros, juzgamos a los demás.

Y como el tuerto en el reino de los ciegos, intentamos ver que los demás están o son peores. Como si eso en realidad nos curara nuestra ceguera por muy parcial que sea.
Si no veo de un ojo no me va a devolver la vista que tú no veas de ninguno.

 

Desde la culpa no se construye, en mi opinión, nada duradero. Ser madres ha supuesto para muchas deconstruir muchas de las bases, creencias y principios sobre lo que se asentaba nuestra forma de ver y entender lal vida. Y sin suelo firme donde pisar sólo nos quedó  construir otro nuevo. Hacerlo desde la culpa es poner un mal cimiento.

 

Pongo un ejemplo: Si no he dado la teta sólo me corresponde a mí plantearme, si quiero panteármelo, por qué o por qué no lo hice. Soy adulta, tomé una decisión y soy responsable de vivir con las consecuencias. Y parte de esas consecuncias puede ser aceptar que he influido en la salud de mi hijo y en la propia. Por supuesto tengo derecho a sentir que tomé la mejor decisión posible en  mis circunstacias personales y particulares, o que me faltó información y ayuda. Y tengo derecho incluso a pensar en que me equivoqué. A todo eso tengo derecho. Pero cuando me molesta ver a la que da teta, incluso a la que presume de ello,  y siento en su decisión un ataque hacia mí, no me juzga ella, me estoy juzgando yo. Porque en algún lugar recóndito siento que me tengo que justificar por haber violado alguna ley superior que me dice que tendría que haberlo hecho. Quien ha hecho el trabajo de vivir con responsabilidad no carga contra otros por sus propias decisiones.

 

He puesto ese ejemplo porque es el tema que más ampollas levanta, porque es quizás, el tema que a mí más me ha hecho cambiar mi forma de ver a las madres, los juicios, las culpas y los egos. Porque es precisamente en ese campo en el que más herida he visto y no sólo por dar o no dar teta, sino por sentirse juzgada desde dentro y desde fuera.

 

Y en esta marea de debates y clubs de buenas y malas madres, en el que los requisitos para ser de uno u otro son tan arbitrarios como los propios juicios, aparecen los padres y dicen que quieren entrar en el juego.

Y se crea otro debate  con infinitos debates internos. Y el panorama se convierte en un circo de 3 pistas donde se ven reflejadas las mismas actitudes que en el resto de la sociedad, pero eso sí, envueltas de términos como “consciente” “natural” “responsable” y etiquetados casi a  la fuerza con todo tipo de “ismos”.
Y lo que debería ser una oportunidad de conocimiento y crecimiento para todos, se convierte en un foro y no precisamente de debate, sino de discusión en la peor acepción de la palabra.

 

  • Padres que se sienten fuera porque su mujer da teta y colecha
  • Madres que se sienten incapaces de criar a un marido inmaduro que tiene celos de sus propios hijos
  • Padres que se sienten mal porque quieren que su mujer sea la madre que ellos quieren que sea
  • Madres que no quieren que los hombres entren a opinar sobre maternidad
  • Padres que se sienten molestos porque su mujer decide sobre su maternidad sin tenerles en cuenta
  • Padres que confunden paternidad con maternidad
  • Madres que confunden maternidad con paternidad
  • Padres que confunden maternidad con ataques a la paternidad
  • Madres que confunden paternidad con ataques a la maternidad
  • Madres y padres que confunden maternidad y maternidad con machismo y/o feminismo
  • Padres buscando un espacio propio para entenderse y entendernos
  • Madres que quieren invitar a los padres a sus espacios y vivencias
  • Padres que a falta de espacio propio invaden el ajeno
  • Madres que no quieren invitar a los padres a sus espacios y vivencias
  • Padres y Madres con más ego que sentido común
  • Padres y madres juzgando que los demás tienen más ego que sentido común
  • Madres y padres que escribimos sobre las vivencias de otras madres y otros padres

 

Y digo yo, que soy madre, que estoy divorciada del padre de mis hijos, que he vivido cómo afectan los hijos a la vida de pareja, que vivo la compeljidad de afrontar una nueva relación de pareja cuando tienes hijos que te demandan atención casi exclusiva, que tengo un hijo varón que seguramente algún día será pareja de alguien y/o  padre, que tengo una hija que a lo mejor será madre, con o sin pareja… ¿qué mensaje quiero  transmitirles?

 

Tengo claro el que no quiero:

No quiero que mis hijos crezcan en un mundo de luchas entre bandos.
No quiero que escojan si quieren más a mamá o a papá.
Si mamá y papá siquiera plantean esa pregunta, son mamá y papá quienes necesitan crecer y madurar.

 

Creo en la capacidad de cada ser humano para tomar sus propias decisiones, en el derecho a equivocarse y en el derecho a cambiar de idea.

Soy la madre que puedo llegar a ser dentro de mi objetivo de ser la madre que quiero ser. Con mis incongruencias y mis limitaciones. Y le reconozco el mismo derecho a cada madre y padre que me rodea.

 

No tolero la violencia, ese es el límite de mi capacidad de respeto. Pero tampoco quiero defender ese derecho siendo violenta yo.
Tarea difícil, lo sé, pero en eso estamos. Y como  Martin Luther King, yo también sueño:

 

Sueño hijos criados

 

 

Lo que nadie se anima a decir del porteo

Lo que nadie se anima a decir del porteo

Bueno, sí, puede que el título sea exagerado.  Sí hay gente que se anima, pero son los menos.  Y en general, las veces que lo escucho, lo escucho decir con mucha bronca, con resentimiento.

Lo que no se suele escuchar decir es «A mí no me sirvió».

El porteo no es fácil, ni es sencillo, ni es soplar y hacer botella.  No es ir a comprar un portabebé, mirar el manual de instrucciones, colocar fácilmente a tu bebé, y salir a caminar sonrientes como en la foto.  El porteo, para muchos, no es lo mejor.  O no lo es en todo momento.

Suelo escuchar como entre las madres recientes se habla de las bondades del porteo, como si fuera una receta infalible para muchos de las dolencias de los primero días, primeros tiempos.  Como se habla de los beneficios del porteo como si los portabebés tuvieran el poder de curarlo todo.

Yo creo en el poder de los portabebés, pero hay que tener expectativas reales sobre las cosas.

Cuando una tiene un bebé recién nacido, y más cuando es una madre primeriza, todo al principio es arduo y complicado.  No está bien hablar en absolutos, porque puede haber mujeres a las que el puerperio inmediato las encontró exultantes de felicidad, pero creo que no es lo más habitual.  Lo habitual es que sea la primera vez que tenemos contacto íntimo con alguien extremadamente dependiente y sumamente chiquito, para quien nosotras somos todo.  Acostumbrarnos a sus tiempos, a sus ritmos, a su manera de alimentarse, de reclamarnos, de pedir, no es fácil.  Manipular su cuerpo chiquito… tampoco.

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En medio de toda esta vorágine, las mujeres queremos encontrar maneras, herramientas que nos permitan ir surfeando las olas de nuestra maternidad reciente, y nos encontramos, o bien por consejos de amigas, amigas de amigas, hermanas, revistas, internet y demás, con los portabebés ergonómicos.  ¡Se ven tan felices esas mamás y tan plácidos esos bebés!  Lo que esas mamás cuentan ¡es tan lindo, tan apetecible!

Lo que el porteo vende no es solamente un portabebé, es una experiencia.  Y cuando tenemos un portabebés en nuestras manos, lo que queremos, es sentir eso que se supone adquirimos.

Pero varias cosas se tienen que compaginar para vivir esa experiencia; tiene que ser el portabebé correcto para esa díada mamá – bebé, tiene que ser fácil de manipular para la mamá, tiene el bebé que estar predispuesto a ser porteado (estar sin hambre, limpio, cómodo, con ganas en ese momento de estar con mamá).  Puede que la primera vez no sea la ideal, y tampoco la segunda ni la tercera, pero la mamá tiene que estar atenta en ir corrigiendo qué cosas puede estar haciendo mal para que alguno de los dos no esté cómodo.

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Cuando el porteo no resulta, pueden ser varias cosas que confluyan para que sea trabajoso; puede que el portabebé no sea el adecuado, por ejemplo.  Se suele hablar de las delicias de los fulares, pero éstos no son todos iguales, ni tienen todos las mismas características, ni se usan de una única manera, ni se sienten igual según la edad de tu bebé o niño.  Siempre hay opciones diferentes por explorar, que nos dan distintas experiencias.  Y lo mismo podríamos decir de las bandoleras, los meitais, las mochilas…

También es muy frecuente que la gente recomiende portabebés por todas sus bondades, pero luego, cuando se los ve portear en vivo y en directo, no cumplen para nada con todo lo que se supone quieren fomentar.  En estos casos, ¿el porteo es realmente positivo? ¿Qué opinan ustedes que sentirán estos dos bebés, por ejemplo?

 

Pienso que, como todo en la vida, cuando uno no sabe o no está seguro, es importante saber reconocerlo y pedir ayuda o colaboración.  La experiencia de portear puede ser de lo más dulce, placentera y sanadora, solo hay que hacerlo bien y con cuidado.  Y si no estás segura de los pasos a dar, y querés orientación en como hacerlo bien o mejor, una Asesora Continuum es una muy buena inversión.

Se cae llevando a su bebé a la espalda, y lo hace con estilo.

Se cae llevando a su bebé a la espalda, y lo hace con estilo.

Hace tiempo, leí una entrada en Monitos y Risas, acerca de qué pasa si te caes porteando. Soy torpe, tengo muchas cosas buenas, pero admito que soy de las que se da con la misma piedra, en sentido literal, 2 veces no, todas las que pase por allí.

Pero bueno, eso ya lo tengo asumido jjjj así que, cuando leí la entrada del blog, pensé que ¡¡menos mal!! que a mí nunca me había ocurrido, pensaba que cuando porteo, siempre voy con muchíiiisimo cuidado incluso cuando voy con el porteado y los 2 asalvajados que están a su alrededor.

Si, son mis otros 2 hijos, y no los etiqueto, es que me han salido así de fábrica, son muy movidos ellos. Pues como ya os podréis imaginar, ocurrió, y además, de la forma más tonta posible y por otra parte, me pasó, por lista.IMG-20150404-WA0028-2

¿Y por qué? porque me caí mientras miraba por el rabillo del ojo a una pareja que hablaban entre ellos y me miraban y cuando oí…. «pregúntala» pues justo ahí, cuando yo ya estaba más ancha que las gallinas, que estaba haciendo un repaso mental al nudo y al fular que llevaba, decidió aparecer un escalón, pero un escalón de los grandes,  ¡¡¡el padre de los escalones!!, y allá que me fui, caí en plancha.

Mi hijo llorando en la espalda, porque el pobre estaba durmiendo, yo tirada en el suelo con mi marido ayudándome a levantar… una estampa vamos…

¿Resultado? pues de lógica aplastante, la pareja me preguntó si estaba bien y continuó su camino… me imagino que al centro comercial más cercano a comprar el carrito mucho más seguro… ¡¡¡donde va a parar!!!

Cuando llegué a casa, con las rodillas doloridas, las manos arañadas y con un dolor enorme en mi ego y una vergüenza aún más grande, me dio por pensar en lo solas que nos sentimos a veces las que porteamos.

Porque si se cae alguien con un carrito, no pasa nada, nadie achaca al carrito el golpe. Yo creo, que incluso si se cae alguien con una mochila comercial, alias colgonas, tampoco pasaría nada, ha sido un traspiés. Pero yo me caí llevando a mi hijo en un fular a la espalda ¡¡¡¡locaaaa!!!... jjjjjjj.

Pero ¿sabéis?, enseguida se me pasó, porque, cada vez somos más las familias que porteamos. Cuando vamos por la calle, y vemos los carros vacíos o llenos, la mayoría de las veces con la compra y a los padres con el niño en brazos, nos concienciamos de la correcta posición de nuestra espalda, y de los beneficios tan enormes que supone el criar en brazos, pegaditos a nosotros.

Y además, ¿Y si en vez de llevarle atado, le hubiera llevado a caballito, a hombros, o a la cadera? Hasta en eso el porteo les protege, porque tenemos las manos libres para protegerlos o protegernos.

 

Paseando con portabebés en lugares no accesibles

 

Y porque cuando nos encontramos a alguien que portea ergonómicamente, nos solemos sonreír o mirar, como si nos conociéramos. Crea un sentimiento de tribu.

De hecho, hace poco, Red Canguro ha abierto su grupo en facebook y en sitios donde la gente pensaba que no había nadie más , resulta que hay un montón de personas cada vez más informadas, y que ven más allá de las marcas comerciales, los anuncios de neón , y las parafernalias.

¿Y tú? ¿De verdad crees que somos poc@s?

Por cierto, me curé las heridas, limpiándome bien con agua a chorro para quitar la arenilla, luego con jabón, y me eché clorhexidina (cristalmina), lo dejé al aire y se acabó.  A mi hijo porteado no le ocurrió absolutamente nada, salvo que se despertó.

Y si la familia que me vió, lee esto, gracias por el interés, no nos pasó nada y espero que acabasen porteando. Que caerse le puede ocurrir a cualquiera, vaya con bebé, sólo o con bastón.

 

La mejor madre del mundo

La mejor madre del mundo

La mejor madre

 

Tengo una gran suerte. Gracias a mi trayectoria como miembro activo de una asociación de lactancia y ahora como asesora continuum he visto y veo a muchas madres y a muchos bebés. Siempre me ha fascinado la relación que hay entre ambos. Esas miradas, esos silencios que dicen tanto…

Un tema recurrente que preocupa a todas las madres que conozco es como ser la mejor madre posible para sus hijos. Hay mujeres que hacen titánicos esfuerzos para alcanzar esa única y a veces –en apariencia- inalcanzable meta. Y es que ser la madre perfecta es más difícil de lo que un@ puede pensar. Sobre todo desde que existen las redes sociales y éste mundo tan interconectado que es internet.

Imaginemos que nuestro hijo pone una reclamación porque no está satisfecho con la madre que le ha tocado. Pongamos que se va a una página de esas de contactos (me la invento y la llamo e-mami) y pone un anuncio para encontrar a la madre perfecta:

Me llamo bebé y estoy buscando una madre de repuesto porque la mía no me gusta y busco las siguientes características:

  • Que no sea muy gorda, ni muy flaca (ya se sabe, que esté dentro de los “percentiles”).

  • Que coma fruta y verdura cada día y una dieta muy saludable y variada para que yo aprenda que eso es lo que mola (y nada de tener chocolate escondido en el armario).

  • Que lea mucho para que yo me convierta en un ávido lector.

  • Que haga deporte para que yo me convierta de mayor en un deportista de élite.

  • Que esté arregladita para que yo crezca con un apropiado sentido de la moda.

  • Que tenga estudios de nivel superior para yo querer imitarla y convertirme en ingeniero como mínimo.

  • Que sea muy PRO: pro-lactancia, pro-colecho, pro-pañalesdetela, pro-porteo, pro-educaciónlibre, pro-crianzaconrespeto…

  • Que me dé el pecho de forma exclusiva y a demanda (y con ojos amorosos y nunca una queja).

  • Que sepa cocinar, hacer postres, crochet, coser, manualidades, goma eva, patchwork, origami, pintar al óleo… y así pueda hacerme en casa cualquier cosa que me pidan en el cole, ¡cualquier cosa!

  • Que haga muchos, muchos cursos para ir subiendo de nivel (de madre básica a madre súper pro), como por ejemplo: masaje tailandés con hula-hula para bebés, músico-terapia aplicada al cambio de pañal, bio-descodificación del resfriado común, etc.

Esto es una lista básica (y en clave de humor, no se me enfade nadie), pero seguro que a ti se te ocurren muchas cosas más. Y es que no será por “preceptos”, “recetas” y “consejos” en esto de la maternidad…

Y mientras las madres están (o estamos) tan ocupadas buscando la perfección, nuestros hijos lo ven de otra manera…

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¿Sabes esa vez que intentaste hacer aquel plato con “carita feliz” que viste en internet y te daba vergüenza presentárselo a tu hijo por el “poco parecido” con el original? Tu hijo se lo comió feliz pensando que era un “monstruo que molaba un montón” y que su madre era la mejor cocinera del mundo.

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¿Sabes aquella vez que viniste a verme llorando porque le estabas dando a tu bebé lactancia mixta y no conseguías el resultado que querías? Mientras me hablabas tu bebé te miraba embelesado, totalmente enamorado de esa madre que siempre le daba de comer cuando tenía hambre.

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¿Sabes cuando me contaste que tenías la casa hecha un desastre y siempre ibas hecha unos zorros? Tu hijo era el más feliz del parque sentado en tu regazo, aunque vistieras ojeras y un chándal manchado y tu marido no tuviera corbata que le combinara.

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¿Te acuerdas de cuando me contaste que no ibas al grupo de crianza para que no te miraran mal cuando le dabas a tu hija de alta demanda un chupete con el que consolarse cuando debías atender a tu otro hijo? Mientras te sentías lo peor, tu hija estaba más tranquila y tu peque era feliz jugando a pelota contigo.

Las madres, por lo general, nos exigimos demasiado y a veces pensamos que lo hacemos mal o que cualquier otra madre lo haría mil veces mejor que nosotras.

Pero ¿sabéis una cosa?
Nuestros hijos no nos cambiarían por ninguna otra.

Muchas veces sufrimos y penamos y nos perdemos momentos preciosos porque no es lo que esperábamos o lo que se esperaba de nosotras… Intentando alcanzar la meta imposible, nos perdemos la belleza del camino.

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¿Quieres saber lo que tienes que hacer para ser la madre perfecta? Sin conocerte de nada te puedo decir con total seguridad que:

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Seas de teta o de biberón, sepas cocinar o no, seas ingeniera o no, en chándal o de chanel, lectora de libros o de etiquetas…

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 No tienes que hacer nada especial para serlo, para tu hijo ya eres:

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La mejor madre del mundo.

Maniobra de Hamilton, que no te la cuelen

Maniobra de Hamilton, que no te la cuelen

Estos días de atrás he presentado mi plan de parto en el hospital de referencia donde nacerá mi bebé, Erik, en agosto.

Llevaba nuestro plan de parto muy pensado, muy meditado, muy sopesado por ambos, por mi pareja y por mi, pensando en lo que recibirá nuestro bebé en su primer aliento en este mundo.

Tenemos claro el papel que juega el hospital y sus profesionales en nuestro parto y tenemos claro cual es el nuestro. Tenemos claro que el suyo gira entorno al nuestro.

Lo entregamos en la primera consulta con las matronas (en mi hospital de referencia, Hospital Fundación Alcorcón se hacen tres visitas con las matronas) cuya intención es informar sobre sus protocolos de parto respetado y de baja intervención y ver que esperas tú. Las otras dos son para información de analgesia y la tercera para visita a paritorios.

En nuestro caso, llevábamos un meticuloso plan de parto elaborado, con todos los puntos claros, se sorprendieron gratamente al verlo, y revisamos juntas las tres una de las copias, leyendo punto por punto.

El nuestro es un plan de parto muy estructurado, pasando por la llegada y acogida al hospital, el ambiente esperado, el transcurso de la dilatación, expulsivo y alumbramiento, control y alivio del dolor, atención al recién nacido y proceso siguiente al parto.

También contemplamos que preferimos en una hipotética cesárea. Igualmente planteamos qué esperamos en planta, tanto para mi como para el bebé y las opciones que preferimos en cada momento en cualquier situación.

 

Mi bebé

 

Tenéis derecho a pedirlo todo, todo lo que esperáis, todo lo que deseáis, todo lo que soñáis, hacerlo.  Aún cuando os conste que en ese hospital donde vais a parir se hace así, no esta de más reflejarlo de nuevo por vuestra parte. Es vuestro parto, de vuestro bebé y vuestro.

Repasamos el plan de parto punto por punto y todo era acorde a los protocolos del hospital y a lo que nosotros queríamos, hasta que llegamos a la denegación de inducción mecánica y química.

La inducción mecánica, la maniobra de Hamilton, me explicaron las matronas, que se hacia de forma rutinaria en la visita al ginecólogo de la semana 40 de embarazo. En mi anterior parto no llegue a esa semana, mi pequeña  Sira nació en la semana 39+5.

Mi cara de sorpresa debió alertarles, y mi gesto de disgusto les llevo a darme una explicación que iba a pedir yo misma a renglón seguido. ¿Porque una Hamilton en la semana 40 si un embarazo puede llegar y pasar perfectamente, si mamá y bebé están perfectamente sanos, a la semana 42?.

[Tweet «¿Porque una maniobra innecesaria de inducción mecánica del parto en la semana 40?»#AContinuum #PartoRespetado]

La explicación me resulto cuanto menos peregrina y así se lo dije. Su argumento es que así no llegábamos a una inducción posterior, perdiendo de vista la posibilidad de que no fuese necesaria esa inducción de ninguna de las maneras.

 

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Les indiqué que rechazaba esa maniobra, como bien explicaba mi plan de parto, y me hicieron la sugerencia de que en la misma visita lo negociase con el equipo de ginecología. Y volví a aclarar sus ideas, la palabra negociable sobraba en esa conversación, no es negociable lo que sé que no es beneficioso para mi y para mi bebé y para nuestro parto.

No hay negociación posible, no tengo nada que ceder, es una decisión firme, argumentada y lógica. No nos harán una Hamilton en la semana 40 por protocolo.

Salí de la consulta contenta porque todo lo demás en el plan de parto estaba perfecto y aceptado, pedirían permiso para grabación, incluso apenas pestañearon ante la petición por escrito de la entrega de la placenta. Reconozco que soy un poco puñetera, porque en realidad no tengo nada que me mueva a tenerla, pero quería ver sus caras viéndolo por escrito.

Sopesando: las sensaciones fueron buenas, pero, siempre hay un pero. Durante casi una semana después de la visita, me sentí muy intranquila, muy alterada, incluso llegue a imaginar de mil maneras esa visita de la semana 40 y a tener pesadillas con la maniobra de Hamilton.

Esa que ofrecen como una «ayuda» o un «empujoncito», «te voy a hacer una maniobra y en dos días tienes a tu bebé en brazos», esa es la forma habitual de nombrarlo, no directamente por su nombre.

 

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Me ha llevado a reflexionar mucho sobre el tema. Si yo que estoy informada, que tengo a mano fuentes fiables de información, que estoy formada de forma profesional en maternidad y que manejo los términos y conceptos respecto a parto y embarazo me sentí así de intranquila, incomoda e insegura:

¿Como se sienten las mujeres que llegan sin ningún tipo de información al respecto?, sobre todo ¿Como se sienten después, cuando descubren que fue eso que les hizo el ginecólogo que fue doloroso y acelero su parto?.

Se me ocurra un par de formas de nombrar esa sensación:
violadas, agredidas, robadas, asaltadas.

 

Informaros, y con esa información, tendréis las riendas de vuestro parto, aún más firmes, cogidas en vuestras manos.

[Tweet «Es tu parto, que NO te cuelen una MANIOBRA DE HAMILTON no deseada»] 

MÁS INFORMACIÓN

El Parto es nuestro (www.elpartoesnuestro.es)

Matrona Online (http://matronaonline.net)

Asesoras Continuum
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