El cáncer y la muerte me llevaron a la crianza Continuum

El cáncer y la muerte me llevaron a la crianza Continuum

A menudo nos preguntamos qué nos ha hecho llegar donde estamos y criar como criamos.

Seguramente conocéis el dicho africano que dice que para criar a un hijo hace falta una tribu,
pues eso es muy cierto y vale sea cual sea la opción que crianza que elijas.

Aunque las que hemos elegido la crianza «con apego», crianza respetuosa, crianza natural, crianza autorregulada  o como quieras llamarla (yo la llamo crianza Continuum, jejeje no hace falta que os diga porque) a menudo vamos a contra corriente y nos sentimos aisladas. Muchas no tenemos a nuestro alrededor gente tanto de la familia o amigos que hayan optado por este tipo de crianza y con el primer hijo menos aún.

Las que vivimos la crianza así, no hacemos las cosas porque sí, porque los han hecho así con nosotras o porque lo hacen todos así a nuestro alrededor. Nos preguntamos el porqué, buscamos información, evidencia científica en libros o en internet para apoyar o avalar lo que nos dictan nuestro instinto.

Ahora, echo la mirada atrás y pienso dónde se han torcido las cosas, aunque ha sido para mejor desde luego. Cual o cuales han sido los puntos de inflexión que me han hecho elegir la crianza Continuum?

Curiosamente para mi estos puntos de inflexión han sido cosas graves, traumáticas que me llevaron a un camino que luego seguí recorriendo porque me sentía mucho más a gusto. Como dice el dicho no hay mal que por bien no venga… ¡Ay que horror cuando lo pienso!

El primer punto de inflexión fue que enfermarán mis dos padres de cáncer. Te preguntarás cómo eso te encamina a la crianza Continuum? Pues porque informándome sobre la enfermedad empece a darme cuenta de lo enferma que está nuestra sociedad y a replantearme mi alimentación entre otros. Así que cuando me quede embarazada desde luego quise  el mejor alimento para mis bebés y al esperar dos me informe bastante sobre el tema y acudí a un grupo de apoya a la lactancia para múltiples.

 

Lactancia crianza Continuum

 

¡Todo empieza con la teta! ¡Pero la teta bien dada! A demanda, sin horarios, confiando en que el bebé sabe y que mientras le damos cuando pide recibirá lo que necesita. Y si hay un problema para eso están las asesoras de lactancia y los grupos de apoyo. Aunque estoy generalizando y obviamente se puede dar el pecho y no seguir en la crianza Continuum o criar así con lactancia artificial porque hay tantos caminos como vidas.

 

Crianza Continumm

 

Pero una vez interiorizas que el bebé sabe y respetas sus ritmos, ya sueles coger el camino de la crianza Continuum. Se suele acompañar de una manera de dormir, el colecho, de una manera de introducir la alimentación complementaria, el Baby Led Weaning, de un contacto más cercano, con el porteo y/o el masaje, una forma de criar en general y a veces incluso de educar siguiendo el respetar sus ritmos.

El segundo punto de inflexión fue la muerte de mi bebé al nacer. Como estaba embarazada de mellizos a pesar del trauma que me supuso tuve que seguir con la crianza de mi otro bebé y desde luego me incito a hacerlo con más empeño y más ganas si cabe de hacerlo mejor.

Yo creo que eso fue lo que me empujó a querer ayudar a otras madres, en participar en el grupo de lactancia de manera activa y en hacerme asesora de porteo y Asesora Continuum. Porque a veces de lo peor sale lo mejor.

Y ahora cuando echo la mirada más atrás todavía, y recuerdo un tiempo en el que el método Estivill no me parecía tan malo, en el que me parecía exagerado que un niño de dos años siguiera mamando y otras lindezas por el estilo, me doy cuenta que la maternidad (y paternidad) es un camino con sus curvas sus cruces en el que sigues de un lado u otro. Y que como dice el dicho en Francia sólo los tontos no cambian de opinión.

¿Y tu te has parado a pensar que te ha hecho elegir el tipo de crianza que vives? ¿También han sido originados por algo grave?

Mi maternidad

Mi maternidad

Hace un tiempo decidí que había llegado el momento, que quería comenzar el viaje de la maternidad, ese viaje tan bonito, ese bebé en brazos, esa habitación preciosa, ese carrito de último modelo (si has leído bien)…

Cuando decidí que quería ser madre, era una persona (podríamos decir) distinta, y es que dicen que la maternidad cambia, ¿no?

A mí, mi maternidad, me ha cambiado por completo, he cambiado de profesión, he cambiado de compañeras de trabajo, incluso he cambiado de amigos (de algunos), he cambiado, porque la maternidad cambia.

Cada día que pasa estoy más y más agradecida de esos cambios, de lo que mi maternidad me ha traído, de los frutos que recojo cada día, de que en días como hoy que mientras te tomas un café por la mañana, una mamá de tu grupo de yoga me escribe para decirte que está de parto, esos mensajes tienen un valor que no se puede medir.

Pero los cambios, este viaje a la maternidad, no ha sido todo un camino de rosas, también he sufrido con esos cambios, con esta transformación, he pasado malos momentos, momentos que para mí han sido durísimos, pero que me han servido para ser más consciente y para aprender día a día. Y he llorado mucho, y con el tiempo, también he sanado mucho.

Ha pasado ya un tiempo desde aquel día, que con muchísima ilusión, pensé que era el momento idóneo para ser madre, ya no sé si es mucho o poco tiempo, simplemente ha pasado. Lo que si sé, lo que tengo muy claro, es que mi cuerpo, mi mente, mi entorno, y todo lo que me rodeaba necesitaba ese tiempo.

El tiempo me ha enseñado la importancia de la consciencia antes de la concepción, me ha enseñado a conocer las necesidades de un bebé, he aprendido de porteo, de maternidad en general, he integrado el yoga y la meditación en mi vida, pero sobre todo he aprendido, que los bebés llegan cuando ellos deciden, no cuando tu eliges.

Por eso, hoy, a pesar de que escribo sobre mi maternidad, no soy madre, todavía, no tengo un bebé en brazos, no he dado teta, ni he porteado a mi propio hijo, pero para mí este camino transitado ha sido mi maternidad, porque la siento desde el mismo día que quise formar una familia y pensé en ese pequeño ser que quería que me acompañase. Siento que soy madre desde ese día.

 

El día que llegue mi bebé seré otro tipo de madre, la madre que él o ella buscaba.

 

Esther Guzmán

Colecho. Mi “Yaya Paleolítica” era una modernilla

Colecho. Mi “Yaya Paleolítica” era una modernilla

Hace un mes te escribía sobre mi experiencia con “niños de alta demanda” y hoy te quiero hablar sobre mis 5 años de colecho (compartir el lecho)

¡Dios mío! 5 años ya sin dormir del tirón. Ahora me explico por qué mis ojeras ya son parte de mi barbilla

El colecho es uno de los actos más egoístas que he hecho en mi vida. Para mí, dormir con mis hijos es una necesidad para sobrevivir ya que son niños que no duermen toda la noche del tirón.

Cuando yo te hablo de colecho no te estoy hablando de la idea romántica de “mami linda abrazando a sus hijos en una preciosa cama mullidita con toda la familia dormidita en fila”. Te estoy hablando de colecho real. Te estoy hablando del colecho “pie-cara-mano-codo-teta-omóplato-brazo-retorcidos” y gira otra vez.

No te voy a mentir, yo también en algunas ocasiones preferiría dormir sola, pero soy madre y esta es mi elección ¿te cuento por qué?

Mis hijos tienen despertares nocturno, y estar con ellos en la misma cama siempre ha sido la forma más “fácil” de continuar con el descanso familiar sin que esos despertares lleguen a mayores.

colecho 1Esto exactamente es lo mismo que debió pensar mi “tátara-tátara-tátara-bisabuela” paleolítica cuando se puso a tener “chiquillos” como una loca y seguramente hasta sea hereditaria esta manía nuestra de no dormir toda la noche sin despertares y compartiendo el lecho (co-lecho).

Como tanta gente a mí alrededor se preocupa por mí y por mis hijos ante el hecho de que durmamos juntos, me he puesto a investigar y me he quedado alucinada. Mira lo que he averiguado:

Resulta que la supervivencia de nuestra especie ha venido determinada en gran medida porque a mí  “tátara-tátara-tátara-bisabuela paleolítica” se le fue la cabeza y se puso dormir con sus hijos mientras los amamantaba cada vez que lloraban en lugar de dejarlos en la cueva de al lado. Ella seguro que en su día fue una moderna incomprendida, pero pensó:

– Tengo la sensación de que yo soy la fuente de alimento, calor, protección, consuelo y soporte de este bicho indefenso que se despierta mil veces por noche y que además llora como un mamut castrado. Y adicionalmente, resulta que cuando le meto el pezón en la boca se calla automáticamente… Pues debe ser que es así como funciona un bebé humano ¿no?

Con esta idea en la cabeza mi “tátara-tátara-tátara-bisabuela paleolítica la modernilla” empezó a buscar información. Leyó un montón de “cuevas pintadas”, pero nada… ahí no había datos concluyentes sobre el riesgo de que un bebé que duerme sólo sufra bajadas del azúcar corporal (hipoglucemia) y/o asfixia (apnea), así que decidió por su cuenta y riesgo, dormir con sus hijos en la misma cama.

– ¡Toma ya! “¡Qué crack la Yaya oye!”. Y dicen que lo hizo por instinto (que lista la tía ¿no?… Instinto…)

Yo ahora sé que posiblemente el “triptófano” que lleva la leche materna tuviera mucho que ver con el hecho de que sus hijos durmieran mejor cuando estaban con ella siendo amamantados durante la noche, porque los científicos de hoy han averiguado que esta sustancia actúa en el cerebro como inductor del sueño.

Ugga Los Goods

Mi “Yaya Paleolítica” era una modernilla – Ugga Los Goods

Hay otro tema del que últimamente se habla mucho y es del “vínculo afectivo”. Otros científicos de nuestro tiempo se han dado cuenta de lo crucial que resulta esto del “vinculo” para la salud, tanto física como psíquica de los bebés. Algo que afecta incluso a su desarrollo neuronal. Y pienso yo que esto también debió haberlo intuido  la “Yaya Paleolítica”, porque en toda la historia de la humanidad resulta que padres e hijos han dormido juntos favoreciendo así el vínculo. ¿O será al contrario?

– ¿Será que los actos de mi “tátara-tátara-tátara-bisabuela paleolítica la modernilla” condicionaron la supervivencia de nuestra especie?

– ¿Será que somos sus descendientes los que sobrevivimos y por ello todos los humanos seguimos necesitando contacto, afecto, lactancia y colecho?

Por lo visto, los primos que vivían un par de pueblos más allá, los que se extinguieron, tenían otras costumbres y por eso ya no hay gente como ellos en el mundo… A ver si va a ser eso y va a ser endémico de la especia humana esto de que mis hijos no duerman del tirón 9 horas seguidas…

Lo que yo sí tengo claro, es que la decisión de dormir o no con nuestros hijos, ha de ser una opción totalmente libre de los padres y de cada familia. Con este texto en clave de humos no pretendo convencer a nadie de que meta a sus hijos en su cama. Más bien lo que pretendo es que entiendan que esto del colecho no es una “modernidad”, es una necesidad que algunas familias cubrimos como nuestro instinto nos invita a cubrir. Y lo hacemos exactamente igual que lo hacía una mujer paleolítica, porque….

….lo que diferencia a su bebé del mío es “NADA”.

En fin, yo ya no tengo dudas. Si te vuelven a preguntar por qué duermes con tus hijos no te mates a dar explicaciones. Limítate a sonreír, pon cara de Paleolítica y reenviales este post, verás que no te vuelven a preguntar.

Hasta pronto y que duermas bien…

Ana del Río

www.anadelrio.es

Cómo ser una buena asesora de lactancia

Cómo ser una buena asesora de lactancia

Voy a proponerte un ejercicio  para tu memoria: Intenta recordar tu época de estudiante. Piensa en algún profesor  de esos que aún recuerdas. De los que conseguía que te apeteciera no faltar a sus clases, que consiguió despertarte pasión por una asignatura o un tema que quizás, a priori, no era de tu interés.  ¿Lo tienes?  Ahora piensa en qué tenía de especial con respecto a todos los demás. Seguramente has tenido en tu vida escolar decenas de profesores, pero sólo unos pocos dejan esa huella.

 

A lo largo de nuestra vida vamos conociendo muchas personas de las que aprendemos.

Aprendemos de lo que nos enseñan, de lo que no nos enseñan, pero sobre todo aprendemos mucho del cómo.

Aprendemos más de su aCtitud que de su aPtitud.

A estas alturas ya todo el mundo sabe que un buen asesor no es sólo aquél que tiene muchos conocimientos en su campo. Un buen asesor, es aquél que sabe transmitirlos de tal modo que cumpla su función. Que le sirva a la persona que le pregunta.
La semana pasada Elena López  nos explicaba la importancia de saber asesorar en porteo, y yo hoy quiero hablaros de cómo ser una buena asesora de lactancia.

He empezado queriendo que recordéis a alguna persona que os inspiró en vuestra infancia y/o juventud, porque al final, esa es la meta.  Algunas personas piensan que para ser una buena asesora de lactancia hay que saberse muy bien la teoría, conocer al dedillo los compuestos de la leche materna, saber distinguir patologías por los síntomas, ver frenillos y clasificarlos por grados, saberse todo lo relacionado con la fisiología de la lactancia… y es cierto. Todo eso hay que saberlo. Pero no basta.

[Tweet «Para ser una buena asesora de lactancia hay que saberse muy bien la teoría, pero no basta. #AContinuum»]

En un campo como el de la lactancia, que es como siempre digo: multifactorial, complejo, en el que confluyen tantos aspectos a tener en cuenta y no sólo los físicos… es un campo como este no basta con saberse muy bien la teoría.
EL otro día relataba en un post para mi blog mi primera visita a una asesora de lactancia tras el parto.
Imaginad: madre primeriza, dolorida, asustada, preocupada… Mi bebé no había hecho pis ese día y a mí me dolía el pecho, tenía incluso una herida en la areola. En la clínica sólo supieron darme pezoneras y decirme que me pusiera crema hidratante en la herida ( sí, crema hidratante de la cara… sin comentarios). Afortunadamente yo sabía de la existencia de los grupos de apoyo y de las monitoras de lactancia ( como se llamaban en esa época en esta asociación en concreto). Así que el mismo día que salí de la clínica, sin poder apenas sentarme del dolor de la sutura de la episiotomía y las hemorroides, fuimos a buscar ayuda como quien va a Lourdes.
Para resumir la historia, decir que las palabras que me dedicó esta persona fueron literalmente:

-«Esto está muy mal. Este niño lleva mucho sin comer, seguramente le ha bajado la glucosa y la glucosa es el alimento del cerebro»

Si os digo que empecé a temblar… sólo acertaba a decir:

-«Pero ¿está bien? ¿le he causado daño cerebral a mi bebé?  ¿Se va a poner bien? ¿Es irreversible?

Y todo eso mientras lloraba presa del pánico. Pánico como pocas veces en mi vida.
Me imaginaba siendo la causante de lesiones cerebrales en mi hijo. Y yo sólo había intentado ser la mejor madre del mundo, como todas. Quería un parto natural porque sabía que «era lo mejor». Dije que no le dieran biberones porque quería que tomara teta. Aguanté el dolor porque creía que es: lo que hay que hacer. Y en ese momento, con esa frase sólo me veía como una perfecta irresponsable que le había causado a su hijo poco menos que parálisis cerebral.

¿Creéis que es exagerado?

Si habéis sido madres y os habéis topado con este tipo de comentarios o similares en medio de una dificultad, sin duda sabéis que no es exagerado.

Una madre recién parida es básicamente una máquina de preocuparse. Biológicamente esto tiene todo el sentido, porque es lo que hace que sepamos si todo va bien, y si no, que hagamos algo para solucionarlo.

Por eso el trabajo de las asesoras de lactancia es tan delicado. Por eso no me cansaré de insistir en que no basta con saber, no basta con conocerse el Lawrence de memoria. Ni siquiera basta con acumular diplomas. Eso está bien, pero no basta.

Hay que reconocer que nuestra actitud, nuestro mensaje, nuestro lenguaje corporal, nuestro vocabulario, el tono, las miradas… todo ha de ir en consonancia con lo que queremos: TODO. Y lo que queremos no es demostrar cuánto sabemos y que sabemos arreglar cualquier problema que se nos presente.

Taller Habilidades de Comunicación para Asesoras de Lactancia

Uno de mis talleres presenciales AsesorArte: Taller Habilidades de Comunicación para Asesoras de Lactancia

 

 

Si esa es tu actitud, seguramente tendrás muchas batallitas que contar de lactancias salvadas y muchas madres dándote gracias cada vez que te ven. Como decía un sabio: «Ya tienes tu propio pago».  Pero para mi la actitud adecuada, la que intento transmitir a mis alumnas es:

«Las asesoras de lactancia estamos para contribuir a que las madres consigan lactancias exitosas y placenteras»

[Tweet «Las asesoras de lactancia estamos para contribuir a que las madres consigan lactancias exitosas y placenteras @NohemiHervada #AContinuum»]

  • Y eso pasa por dar confianza, no por restarla.
  • Eso pasa por mostrar cómo pueden hacerlo ellas y sus bebés, no sólo con hacérselo nosotras.
  • Eso pasa por saber cuál es el problema, sí,  y buscar soluciones, pero no ganamos nada con añadir culpa a la que ya traemos todas las madres de serie.

Para conseguir amamantar , y más cuando hay problemas, la madre necesita empoderarse y confiar en que ella puede. Y mostrarle cómo. Echar más leña a la hoguera de la sempiterna culpabilidad materna lo único que hace es ponérselo aún más difícil, sea cual sea la dificultad que tenga que vencer.

En mis casi 9 años como asesora de lactancia, he visto muchas cosas. Yo misma actuaba al principio de una forma que sólo el tiempo y el deseo de estar a la altura de la confianza que me otorgaban las madres han ayudado a pulir y mejorar.

Una buena asesora no aprende sólo de los libros y los cursos, aprende sobre todo de observar a las madres, a los bebés, y de replantearse siempre su propio trabajo, su propia actitud, sus propias formas de trabajar y sobre todo desde dónde lo hace.

No digo que a veces no seamos nosotras las responsables de haber «salvado» una lactancia… pero sólo en un sentido, y mucho más pequeño del que creemos,  por eso odio esa expresión. Porque al final, quien está toma tras toma con el bebé en brazos, a pesar del sueño, luchando contra su miedo, con el dolor a veces, con  la inseguridad, con el sentimiento de ser una mala madre y una incompetente,  con las críticas y la falta de apoyo… esas son las madres, no nosotras. Las lactancias las salvan las madres y sus bebés.

Así que si eres una asesora de lactancia o te estás formando o quieres formarte en el futuro, pregúntate:

  • ¿Tengo claro que debo trabajar mi aCtitud y no sólo mi aPtitud?
  • ¿He resuelto mis propias «heridas» para no añadir esa carga emocional personal en mi trabajo con otras madres?
  • ¿He entendido que mi trabajo nunca es juzgar a las madres y sus familias?
  • ¿Soy crítica con mi propio trabajo para aprender de mis propios errores?
  • ¿Soy humilde para aceptar aprender de quien en principio parece que no tiene nada que enseñarme?

 

Si has respondido que sí…  felicidades… estás en el camino. <3

 

Colecho. Mi “Yaya Paleolítica” era una modernilla

TE QUIERO PAPÁ

Después de una semana intensa de trabajo, hoy voy a exponer al mundo una experiencia que he tenido la suerte de vivir y un pensamiento íntimo que me apetece compartir con todos vosotros.

Hay veces que lo íntimo tiene que salir y hoy es el día.

Está semana a nuestro centro han venido, a diferentes actividades, una gran cantidad de padres, cosa que me ha encantado y me demuestra que hay un cambio en marcha.

Que la crianza no es sólo cosa de uno, sino de dos, y que hay padres que les gusta implicarse en todo tanto o más que a la madre.

Han venido papis al grupo de lactancia para apoyar a esa mamá que necesitaba llorar acompañada, han venido papás solos, con su bebé, para contar, escuchar, exponer todo lo que sabían y para recibir información que necesitaban.

Han venido papás simplemente a disfrutar con sus bebés de una actividad lúdica y divertida…

Todos ellos felices, contentos, viviendo esos momentos mágicos con sus peques.

Y yo, viéndolo desde fuera, me he sentido feliz, orgullosa, con una sonrisa de oreja a oreja y con ganas de aplaudir a cada uno de ellos y así agradecerles tal implicación en la crianza de sus hijos.

Por eso, quería dar las GRACIAS a todos los papás que están y acompañan a sus hijos en la crianza y que dan todo para que sus hijos estén felices y en todo momento acompañados.

Estoy segura de que en algún momento vuestros hijos os lo agradecerán. Aunque sea sólo con un… TE QUIERO PAPÁ.

Como no podía ser de otra forma, yo quería dar las GRACIAS A JOSE, a mi marido, a ese padre incondicional que ha dado y da cada minuto de su vida por nuestros hijos.

Que se ha implicado desde el minuto uno al saber que yo estaba embarazada de nuestro primer hijo y que 5 años después y con dos hijos, lo sigue haciendo como el primer día.

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GRACIAS CARIÑO.

GRACIAS POR SER EL PADRE TAN MAGNÍFICO QUE SIEMPRE HE QUERIDOPARA MIS HIJOS.

ELLOS SEGURO QUE TE DIRÁN: TE QUIERO PAPÁ

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3 nudos para fular corto

3 nudos para fular corto

Los fulares tejidos o «rígidos» son los portabebés más versátiles y en los que, además, encontramos una enorme variedad, tanto en el tamaño como en su composición.
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Un excelente artículo para conocer más a fondo los tejidos nos lo encontramos en el blog de Red Canguro. En este aspecto se ha avanzado muchísimo en los últimos años, pues ahora hay infinidad de combinaciones y de gramajes, que otorgan diferentes sensaciones y soporte a los fulares. Todo un mundo para investigar 🙂
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En ese mismo artículo de Red Canguro, encontraréis una guía de tallas estándar, habiendo unas pequeñas variaciones dependiendo de la marca y el fabricante. También varía el ancho del fular, siendo el más habitual de 70 cm.
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Un fular corto está entre los 2,7 m. (talla 2) y los 3,2 m. (talla 3). Es práctico porque al tener menos tela ocupa menos y, además, para determinados nudos no nos sobrará tela.
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Para los nudos que hoy os traigo, dependiendo del tamaño del porteador, se necesita una talla 2 ó 3.
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He decidido mostraros 3 nudos para utilizar con un fular corto, aunque hay algunos más :-).
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El primero de ellos es una Media Cruz Envolvente y sirve para llevar al bebé delante:
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[youtube http://www.youtube.com/watch?v=N5OPJX7FIR4&w=560&h=315]

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El siguiente nudo, es un nudo a la Cadera Estilo Rebozo, acabado con un nudo corredizo, lo que permite un ajuste y desajuste muy rápido, semejándose mucho a la bandolera de anillas.

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[youtube http://www.youtube.com/watch?v=9fvOCNMC-tw&w=560&h=315]

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Y por último, os muestro un nudo a la espalda, el Canguro Reforzado o Nudo Pirata. Un nudo de dos capas que nos permitirá llevar a bebés ya más mayorcitos.
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[youtube http://www.youtube.com/watch?v=QbgRwawod6E&w=560&h=315]

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¡Espero que os gusten los nudos y que practiquéis mucho! Hay personas que realmente se aficionan a los fulares cortos 🙂
Masaje en familia

Masaje en familia

Te diré que una de las tareas en mi formación como Asesora Continuum fue darme un masaje relajante. El contacto es primordial para el desarrollo del bebé (aquí puedes leer uno de los grandes beneficios del contacto durante sus primeros años de vida).

Y no hay nada mejor que sentir en nuestra propia piel el placer y los beneficios que podemos ofrecerles a nuestros hijos a través del masaje.

 

Me encanta que me acaricien y ya no te cuento un buen masaje. Por eso cuando mi hija nació me pareció muy buena idea asistir al grupo de masaje que organizaba la matrona en el Centro de Salud. Así aprendí el masaje Shantala, que estuve dando a mi pequeña hasta los 7 meses. A partir de ahí a mi hija le interesaba más explorar que las carias que le hacían mamá o papá por todo el cuerpo. Pero sabía que antes o después volveríamos a disfrutar de esos momentos.

 

En torno a los tres añitos comencé de vez en cuando a darle masajitos, con la intención de disfrutar, durase lo que durase, que no solía ser mucho. Y ahora con cuatro años y medio es mi hija quien me pide un masaje. No sólo quiere recibir ella el masaje, sino que también quiere dármelo a mí. Y te puedo asegurar que es una gozada por partida doble. Simplemente a modo de juego, para aliviar molestias, para relajarnos en un día complicado y, sobre todo, para disfrutarlo con todos los sentidos, el masaje siempre es bienvenido.

 

masaje-familiar

 

Ahora que estoy embarazada tengo muy claro que el masaje seguirá formando aun más parte de nuestra familia. No sólo como vehículo de placer o relajación, sino como modo de unión y conexión familiar. Sólo de imaginar a mi hija mayor dándole un masaje a su hermanita se me cae la baba.

 

Cuando damos un masaje a nuestro bebé o nos damos un masaje en familia no se trata de técnica y de hacerlo de principio a fin. El masaje en familia es para disfrutarlo, para nutrirnos de caricias, para fortalecer el vínculo y olvidarnos de todo lo demás, especialmente del reloj.

 

 No quiero terminar sin ofrecerte unas recomendaciones para que el masaje os resulte siempre placentero:

 

  • Busca un momento en que tu bebé esté en alerta tranquila, despierto y relajado. Este no tiene por qué coincidir con el momento del baño. Y explícale lo que vais a hacer.

 

  • De la misma manera, no lo conviertas en algo que haces por obligación o rutina, ya que perdería todo el sentido. Todo lo contrario, que sea un momento de presencia y placer también por tu parte.

 

  • Ten a mano todo lo que vayas a necesitar, en un ambiente cálido y tranquilo, y sin estímulos que os distraigan (televisión apagada, móvil sin sonido, etc).

 

  • Recuerda que el masaje es para disfrutarlo, sin prisas, adaptándote a tu pequeño. Si el bebé se cansa ya habrá otro momento, ya sea al día siguiente o dentro de unos años cuando vuelva a estar interesado. Incluso si tu hijo es ya mayorcito podéis utilizar una pelota haciendo círculos, una pluma, un rulo, etc., para daros el masaje.

 

  • Si utilizas aceite procura que este sea vegetal y lo más natural posible, sin conservantes, colorantes, perfumes o parabenes.

 

  • Recuerda igualmente que el masaje implica a toda la familia. Se trata de un momento de comunicación y reencuentro familiar, de juego.

 

Por qué atender el llanto de un bebé es tan importante

Por qué atender el llanto de un bebé es tan importante

Durante el nacimiento de un bebé ocurren, en pocos instantes, cosas que le marcan de por vida.

Pasamos de un medio acuoso a uno seco, de una temperatura estable a notar frío, de estar alimentados en todo momento a conocer la sensación de hambre… y esto no es más que lo que todos apreciamos, hay mucho más.

Los bebés nos irán mostrando sus sensaciones de formas diferentes.

Día a día iremos reconociendo las señales de nuestro bebé a la hora de mostrarnos su desagrado.  El más fácil de identificar es el llanto.

El llanto es una señal tardía de que algo estaba pasando. Y es así de “insoportable” por algo, porque es algo que tenemos que atender. Es una llamada hacia el cuidador.

Y hablo de esto con perspectiva hacia cuidar la salud de nuestro bebé.

 

El llanto no atendido tiene unas repercusiones fisiológicas que alteran el funcionamiento de sus sistemas.

  • Cuando no atendemos el llanto de nuestro bebé sus niveles de cortisol aumentan. Cuanto más se incrementa y dura el llanto más sube el cortisol. Ocurre un estrés psicológico.

Niveles altos de cortisol actúan como inmunosupresores, debilitando al recién nacido y su capacidad de combatir infecciones. El miedo o el dolor activan también cascadas bioquímicas inducidas por el estrés.

  • Aumenta la frecuencia cardíaca, que varía según la intensidad y duración del llanto.
  • Se eleva la presión arterial.
  • Disminuye la circulación cerebral.
  • La sangre que llega a los tejidos está menos oxigenada.
  • Los cambios en el flujo sanguíneo cerebral y presión en combinación con la vascularización inmadura del recién nacido puede producir alteraciones del desarrollo por hemorragias intraventriculares (en casos severos).
  • El llanto puede dar lugar a la aerofagia que provoca una disfunción digestiva normal.
  • Les bajan los niveles de glucosa.

Aquí te muestro sólo unos cuantos aspectos muy importantes sin mencionar que reducir los episodios de llanto promueve una mejor mejor relación de apego.

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Con esta breve explicación quiero desterrar ese mito de quelos pulmones se hacen grandes o de que nos manipulan de alguna manera.

El llanto es un mecanismo de supervivencia, que debe ser atendido por el bien del bebé y la familia. El llanto puede ser muy perturbador (aparte de lo que te cuento arriba). Y eso repercute en el bienestar familiar.

Atender las necesidades  primarias de nuestros bebés no debería ser algo opcional o cultural :

Es una necesidad para una buena salud futura de ellos, para su buen desarrollo como ser humano y para contribuir a una mejor sociedad.

Mi Fibromialgia, el porteo y yo

Mi Fibromialgia, el porteo y yo

Hace unas semanas os presentábamos el arranque del Primer Estudio Relacional Porteo-Fibromialgia. Seguimos recopilando datos., si quieres puedes pinchar aquí para más información.

Y Hoy quiero contaros de primera mano mi experiencia en el porteo siendo afectada de Fibromialgia.

Hace muchos años, antes de que naciera mi hija Sira en 2009,  ya sabía que sufría de Fibromialgia. Mi madre es afectada y muchos de los síntomas y sensaciones eran viejos conocidos.

Sé perfectamente cuándo tuve el primer brote agudo de Fibromialgia. Fue dos o tres años antes de nacer mi pequeña y fue tras una noticia dramática en mi familia. Recuerdo hoy como si fuera ayer el latigazo que recorrió todo mi cuerpo dejándolo dolorido y entumecido y ese dolor y entumecimiento, en mayor o menor grado, no volvió a irse más. Me acompaña día a día, algunas batallas las gana él, y otras yo, pero desde ahora, desde el comienzo de mi relato, os digo que la guerra la gano yo. Porque creo firmemente que la actitud es un primer punto a tu favor, es una compañera de batalla que es bueno tener de nuestro lado.

Yo pospuse el diagnóstico firme durante años, no lo sentía necesario y no lo necesitaba. Aprendí a vivir con lo que había que por aquellos años no era excesivamente limitante o intenso.

Soy madre de una niña que cumplirá en junio seis años y espero un nuevo bebé para agosto de este año.  OS cuento esto porque también hablaré de pérdidas, que afectan también en esta enfermedad. La mayoría de enfermedades autoinmunes se comportan de una manera más ligera durante embarazos o lactancias. No siempre y no todas, es lo que hace complejas estas afecciones, pero en mi caso si es así. En mis cuatro embarazos han bajado los síntomas de diferente forma y es algo a tener en cuenta porque te enseña cosas del funcionamiento de tu propio organismo.

En mi primer embarazo, que duró apenas 6 semanas, no noté ningún cambio pero tampoco había llegado el planteamiento de que pudiera tener Fibromialgia. No tenía ningún tipo de síntoma y por lo tanto no noté ningún tipo de cambio, corría el año 2003.

Mi segundo embarazo, el de mi pequeña Sira, sí que me permitió observar una bajada en picado de todo tipo de síntomas desde el primer día de embarazo. Llegué a olvidarme que era afectada. Por aquel entonces lo que yo notaba más agudo era un síndrome de colon irritable asociado, alteraciones de sueño, trazos de fibroneblina y sensibilidad sensorial extrema en según que situaciones y sobre todo en la parte superior de mi cuerpo, especialmente parte superior de la espalda y brazos. Estos últimos en ocasiones no eran míos, pesaban, dolían, no podía levantarlos y hacer el juego de cualquiera de sus articulaciones era una pesadilla.

Pero todo desapareció, todo y quedó sólo un ligero entumecimiento en muñecas. Tanto es así que yo durante mucho tiempo bromeaba comentando que no necesitaba test de embarazo: si mis síntomas bajaban, ahí estaba el test más fiable.

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Nació mi hija en 2009 y los síntomas siguieron aplacados durante la lactancia. Llegas a olvidar que esta ahí, agazapada, esperando para ocupar el hueco que cree que le pertenece.

Creo que no soy la única que trata a la enfermedad como si tuviera entidad propia, y es que afecta a  tantas facetas de tu día a día, tienes que tenerla en cuenta para todo tipo de cosas, que al final es una más en casa. Sobre todo porque no te afecta sólo a ti, afecta a todo tu entorno y el alcance que tiene es grande.

Retomando, durante la lactancia de mi hija, todo estaba en calma, más o menos, en cuanto a la Fibromialgia. Pequeños repuntes pero nada especialmente limitante.

Es entonces cuando entró el porteo en mi vida. Desde 2009 hasta el día de hoy he probado absolutamente de todo, se convirtió en eje vital y profesión, en mi pasión al tiempo que mi trabajo.

No notaba gran diferencia en el uso de uno u otro portabebés. Siempre he escogido, porque me sentía más cómoda y segura, portabebés simétricos: Fular de Tejido Rígido principalmente, el cual tuve que aprender a usar, anudar, colocar, tensar de una forma muy suave para no notar dolor o tensión en muñecas y cuidar especialmente el giro en hombros. Pero me daba más libertad que otros portabebés, me permitía ajustarlo en función de mis necesidades de ese día en concreto.

Menos segura me sentía con bandoleras o similares, portabebés con una carga de peso asimétrica. Con ellos notaba mi estabilidad más afectada y su uso lo limitaba a momentos esporádicos y concretos, o para uso doméstico.

Tras los Fulares, vinieron MeiTais y Mochilas Ergonómicas, que cumplían esa característica que yo buscaba en ese momento de aplomo, de simetría y de apoyo bien equilibrado. Buscaba siempre poder ajustar con el porteo según me notara yo a todos los niveles ese día.

Nunca me gustaron los Pouch, por ejemplo, por esa característica de falta de ajuste milimétrico. No me permitían ajustar para nada en cuanto a lo que yo necesitaba y nunca me sentí segura y cómoda en su manejo. Me daban poco margen de ajuste personal y fueron rápidamente descartados.

Todo esto se mantuvo así hasta el destete de Sira. Con tres años y medio decidió que había llegado nuestra última toma y justo ahí se desato la madre de todas las batallas.

El repunte de síntomas fue brutal, aunque en realidad lo peor estaba por llegar pero en ese momento no lo sabía y me parecía que ésa era la gran pesadilla.

Todos los síntomas se descontrolaron, subieron, aparecieron nuevos síntomas y justo entonces decidí buscar un diagnóstico oficial y firme.

Aún recuerdo a mi médica de cabecera diciéndome que dado todo lo que yo le contaba, me agarrara bien porque estaba bastante más que claro.

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Un mes y  medio después salía de una consulta de reumatología con un papel que ponía lo que yo ya sabía. Temblando como una hoja, era una afectada más de una enfermedad poco conocida y aún menos reconocida o tenida en cuenta. Sólo por verlo escrito en un informe me sentí mucho peor, no era lo que yo buscaba. Pensé que sentiría alivio y por el contrario me sentía condenada. Me duró  unas semanas esa fase de duelo intenso.

Pero lo capeé como hago con todo,  con dosis de paciencia y buen humor y ver hasta donde podía estirar los limites. En este tema no entiendo de zonas de confort y no le permito que me ate a mi casa o mi cama. Me gusta pensar que soy ese tipo de personas que a todo lo negro le saca blancos o matices de grises brillantes.

En cuanto al porteo que es lo que nos trae hasta aquí, se reafirmó mi experiencia anterior, sólo que me costaba bastante más anudar las tiras de un MeiTai y me ayudaba más una mochila. La niña ya tenía por entonces tres años y medio y durante un tiempo me limité a usar un par de buenas mochilas ergonómicas  adaptadas a su edad y envergadura, y poco más. Con el tiempo, fui volviendo a mis queridos fulares, poco a poco, pero cambiando nudos o posiciones que fuesen menos exigentes para mis articulaciones y me, dieran al mismo tiempo, un sostén más solido a nivel confort. Nudos con fulares de mezclas más estudiadas, linos gruesos o cáñamos, o fulares de algodón con un grosor superior, evitando todos aquellos que se clavaran por poco que fuera.

Buscando sobre todo posiciones en espalda, bien asentadas, con varias capas y bien estructurados, evitando presión en cintura o torso. Por esos momentos mi nudo fetiche era un canguro a la espalda, reforzado y con acabado tibetano, siempre el mismo, con los mismos pasos estudiados y las tensiones compensadas o una buena doble hamaca bien compensada y ajustada.

Para brotes muy fuertes, en los que no me fiaba de mi propia estabilidad y por seguridad de ambas, opté por una silla de paseo muy ligera que fue una gran aliada en ocasiones. Fue necesaria y reconozco que me costó hacerle hueco en el día a día, pero era una cuestión simple de salud y seguridad. Algunos días no podía y no debía portear a la pequeña, por ella y por mí.

Durante esa época probé un poco de todo. Tenía un tratamiento farmacológico que casi acaba antes de tiempo con nuestra lactancia por falta de información de los médicos. Una vez más la red de madres y comadres funcionó y decidí dejar de forma paulatina  la medicación porque no me permitía vivir como yo quería.

Casi a la vez que el  diagnóstico llegaron las ausencias y una fibroneblina muy intensa, hasta el punto de no saber dónde estaba en mi propia casa. Duraban minutos y tenían una frecuencia de una o dos cada quince días. Fue subiendo y subiendo su frecuencia hasta producirse hasta siete u ocho en un solo día. Y ahí me di cuenta que le había soltado las riendas y volví a sujetarlas cortas. Pasamos unos meses haciendo más pruebas y estaba claro que esas «ausencias» eran puramente tensionales, era una olla a presión. Mi hija las detectaba con facilidad y me avisaba que me «había ido de viaje», me daba mucha rabia que ella me cuidara en esos momentos, porque tenía apenas cuatro años.

Acupuntura, reflexología, masajes, yoga, en mi caso todo funciona relativamente bien durante un tiempo, hasta que dejaba de hacerlo, sin más.

Pasé mucho tiempo sin ningún tipo de tratamiento salvo analgésicos fuertes cuando estaba en brote muy fuerte. Brotes incapacitantes que veía venir desde días antes y que me tumbaban varios días. De nuevo una buena red de comadres ayudó y mucho.

Hace poco más de un año tuve una nueva pérdida en un tercer embarazo, de nuevo en torno a la semana siete. La subida de síntomas en este caso, el repunte que sufrí, fue brutal. Hasta el punto de pensar que le había perdido por completo el control y nunca más lo retomaría. Llegué a estar fuertemente medicada, casi no era yo misma. Cualquier pequeño cambio de temperatura ambiental se convirtió en un tormento. Aparecieron en mi casa los bastones y el miedo a salir a la calle a la mínima brisa o cambio climático. Pero no fue así: amordazar a la bestia en ocasiones depende mucho de una misma. Llevó un tiempo pero la amordazamos de nuevo.

Mi pequeña se “desporteó” este verano pasado tras cumplir los cinco años. Lo añoro tremendamente. Aún pide de cuando en cuando que la suba en mis piernas, sentadas las dos, arropadas por un fular, y es nuestro ratito de paz. Para nosotras el porteo ha sido vida. En muchas ocasiones no hubiese podido tomarla en brazos sin esa ayuda extra, es una niña muy intensa y el porteo es justo lo que necesitaba, lo que necesitábamos la dos.

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Actualmente estoy embarazada, en agosto de 2015 nacerá mi pequeño. La bajada de síntomas en esta ocasión no fue tan acusada como las veces anteriores. Esta ahí aletargada, enseñándome cosas nuevas de mí misma.

Llevo sin medicación de ningún tipo desde enero de 2015, cuidando mucho la alimentación, tendiendo a una alimentación con más base vegetariana y procurando controlar todo tipo de excesos.

Los síntomas han bajado a un nivel suficiente para sentir la tentación de olvidar que esta ahí, con una diferencia: ahora no quiero olvidarlo, ahora quiero tenerlo más presente que nunca y por eso nació el Primer Estudio Relacional Porteo-Fibromialgia. Porque desde mi experiencia personal y profesional creo que puedo ser de ayuda y no sería lícito o ético no hacerlo.

Esta es a grandes rasgos mi historia ¿Nos cuentas la tuya? ¿Quieres participar y aportar tu experiencia en el estudio?. Puedes hacerlo leyendo este post y completando el cuestionario, al que tienes acceso pinchando aquí.

Yo no tengo papá

Yo no tengo papá

El pasado domingo celebrábamos, aquí en España al menos, el Día de la Madre. Ese invento de las grandes superficies para incentivar el consumo por el consumo. Somos muchos, cada vez más, los que pensamos que el Día de la Madre son todos los días, desde el minuto en que sientes, por primera vez el irrefrenable deseo de ser madre, hasta que exhalas el último aliento, deseando que tus hijos sepan sobrevivir sin ti.

Yo hoy querría hacer mi propio homenaje a las madres, y muy especialmente a todas aquellas mujeres que deciden emprender sus maternidades en solitario, como uno de los actos de amor y generosidad más grandes que conozco. Madres por reproducción asistida, por adopción o de acogida, madres que luchan por salir adelante, por enfrentar los duros tratamientos, los gastos indecibles, los profundos miedos y los prejuicios de los demás, aún sabiendo que no hay nadie con quien compartir responsabilidades.

Madres intrépidas, seguras, conscientes… madres felices de niños afortunados…

madres solas documentalOs comparto el documental que Cambio 16 emitió, precisamente el pasado domingo, para dar luz a la realidad de las Madres Solas  (Una producción de 93 Metros para Cambio16). Creo que es una buena aproximación, una breve pincelada para visibilizar el complejo universo de estas mujeres valientes y su andadura hacia la maternidad.

¡Espero que lo disfrutéis!

 

 

Asesoras Continuum
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