8 consejos para practicar el #BePositiveMyFriend

8 consejos para practicar el #BePositiveMyFriend

Hoy he amanecido con noticias de una amiga a la que criticaban y juzgaban en su práctica profesional. Viviendo en el mundo competitivo y feroz en que vivimos, no debería llamarme la atención, lo sé, aunque conociéndome, es normal que me haya removido, después de todo, aún sigo siendo sensible a las injusticias, y me indigno cuando el ser humano, capaz siempre de la más alta nobleza, se comporta con bajeza.

Mi primera reacción ha sido obviamente la de animarla, y recordarle aquello consabido del «Ladran, luego cabalgamos…», de que está en el camino correcto si la critican y de que, sobretodo no desfallezca, que no va a ser fácil pero es porque vale la pena… y bla bla bla… Pero después me dio rabia de mi misma, porque me di cuenta de que estamos tan programadas en el juicio y en que lo bueno y lo que vale la pena ha de ser difícil, en aquello de que «la fama cuesta» que ya lo esperamos, y hasta nos preparamos para ello. Y no debería ser así. Pero esta sociedad vapulea a la mujer que triunfa una y otra vez, por salir del redil y dar la nota, y nosotras aún jaleamos.

  • ¿Porqué una mujer no puede sentir el deseo de hacer aquello que la hace feliz?
  • ¿Porqué una mujer no puede formarse y ser una experta y un referente?
  • ¿porqué una mujer que trabaja por y para otros en tareas de cuidado y acompañamiento debe entregarse feliz y sumisa a la causa sin emitir queja alguna ni expresar cansancio o desazón?
  • ¿porque vemos tan mal que una mujer emprenda, que trabaje, que prospere, y aún peor, que quiera cobrar por ello?

Isabelle ArsenaultEstoy harta de ver en estos entornos maternales, envidias, rencillas, pullitas, puñaladas traperas por la espalda, y hasta problemas graves derivados de otros, y especialmente de otras mujeres, madres y colegas. Y no puedo por menos que preguntarme ¿qué hicieron con nosotras mientras se daba la clase de inteligencia emocional? nos mandaron a por tizas y fuimos raudas y veloces con tal de agradar al maestro?

¿Porqué perdemos tanto tiempo, y tanta energía en criticar, en juzgar, en zaherir, en ofender, y en sembrar falsos testimonios sobre otras mujeres?

¿Porqué tanto empeño en reprobar todo lo que no va con nosotras, lo que hacen las demás? ¿No será a caso que nos duele el efecto espejo, que nos muestra a dónde querríamos llegar y no tenemos el valor ni tan siquiera de acercarnos?

¿Porqué esa necesidad de murmurar en cuanto otra cruza el umbral? ¿Acaso estamos nosotras exentas de correr la misma suerte media hora después?

Si estás leyendo esto te pido que te hagas y me hagas un favor. Aprende a contar hasta 10 antes de abrir la boca. Y hazlo sólo si lo que vas a decir suma. Si las palabras que vas a lanzar al universo y van a programar nuestro futuro común, van a traer más cosas buenas que malas. Si no es así, mejor cállate y recapacita. Piensa bien de dónde nace esa actitud tuya, tu odio, tu rencor, tu rabia, toda esa pena profunda que te llena las tripas… respira profundo.. y cuando te calmes escucha estos consejos que te traigo hoy:

1. Quiérete más.

¡Mucho más! Como dice mi madre: «desde que te levantes hasta que te acuestes y aún en sueños». Pondría la mano en el fuego y sin quemarme si te digo que debes ser tú la persona más dura y cruel contigo misma. ¿A que si? Anda, ¡Perdónate alguna vez!. Nada, absolutamente nada es tan grave como para que le dediques más tiempo que el de prepararte un buen café.

2. Cuestiónate.

Te parecerá un ejercicio difícil, pero te aseguro que en tu mano está desprogramar aquello de tu manera de ser que no te gusta, y el primer paso es darte cuenta de dónde viene. Si es algo heredado, educacional, una costumbre, un mal hábito, una excusa, una manera de llamar la atención. ¡Puedes lograrlo! Identifícalo y pregúntate ¿qué te aporta? o si te hace feliz. Como te decía antes, lo que no suma resta así que, neutralízalo, déjalo ir y se esfumará en un santiamén. Te lo prometo.

3. Disfruta del silencio.

¿No os ha pasado nunca que soltáis algo y de pronto pensáis: «¡Uupps, en mi cabeza sonaba mejor!»?. Pues eso. Sed comedidas en vuestras expresiones públicas. La mujeres, en general, tendemos al cotorreo y solemos ser luego esclavas de nuestros excesos de verborrea y parlanchinismo. Cada vez que te surjan ganas de soltar un exabrupto a deshora o un pensamiento negativo, plantéate qué podrías hacer para traducirlo a este nuevo lenguaje del #bepositivemyfriend, y si no lo consigues, mejor no digas nada. En estos casos, tu sonrisa es tu mejor aliada.

4. Sé asertiva.

Esta es sin duda la tarea más difícil. Porque nadie nos ha enseñado a comunicarnos de manera no violenta y somos sin duda alguna la sociedad más violenta que puebla la Tierra. La evolución de nuestro cerebro y el poder del lenguaje nos ha hecho un flaco favor y la educación patriarcal también (pero eso para otro post 😉 ). Somos el mamífero más capaz, en lo que a comunicación se refiere, y sin embargo ese don, muy a menudo nos juega a la contra. Nuestro patrimonio verbal debería usarse desde el yo, y no contra/hacia el vosotros, esperando una reacción externa que nos haga sentir mejor. Si aprendes a expresar desde ti misma, de manera clara pero concisa, con respeto a ti misma, pero siendo tolerante con el otro, sin duda disfrutarás de relaciones más saludables.

5. Vive sin límites.

No constriñas tus sueños ni los de los tuyos. Si vives tu vida dispuesta a que puedan pasar cosas maravillosas, pasarán. Debes vencer el miedo al fracaso. Aprende de los niños. ellos tienen claro que sin chichón no hay gateo, ni pasos, ni carreras… Confía más en ti misma, en tu entorno, en tus hijos, en la capacidad de cada cual para autogestionar su propia felicidad. Si cedes un poquito de control y sueltas lastre, vas a viajar más ligera y descubrirás nuevos puertos que ahora ni te imaginas.

7. Responsabilízate!

Este punto es verdaderamente importante, si de verdad quieres formar parte del cambio que necesitamos como sociedad. Cada palabra y cada paso cuenta. Todo lo que hagas, digas, sientas, y hasta pienses puede ser, y debes vivirlo como algo transcendental: llévalo a cabo siempre por un fin mayor. Ver tus pequeñeces diarias desde otra magnitud de miras va a darte motivos suficientes para enfrentarte a ti misma y a vencer todos tus miedos sin excusas.

8. Empodérate!

Apóyate en otras mujeres. Aprende a amar su esencia. Aprende de sus diferencias. Nútrete de sus caricias, sus palabras y sus silencios. Bríndales una sonrisa sincera, un abrazo cálido y un hombro siempre. Busca tu tribu, rodéate de comadres, de amigas, y sobretodo de AMIGAS, serán pocas, no te voy a engañar, sobran dedos de una mano, con suerte de las dos, pero esas, las de verdad, las incondicionales, te enseñarán sus secretos, darán alas a tus sueños, te rescatarán de tus naufragios, te mostrarán el camino de regreso, te robarán una sonrisa en los días grises y se alegrarán por ti cuando todas las demás, estén verdes de envidia.

Criar contracorriente

Criar contracorriente

Después de hablarte de la necesidad del proceso de duelo para sanar las heridas tras un aborto , y de tratar de desmontar falsos mitos del porteo, esta vez me acerco hasta aquí con la intención de rendir un homenaje.

Hoy quiero centrar mi atención en los cientos de madres convencidas de que existe otra forma de criar. Seguras de que el contacto y el respeto

son la base para lograr una sociedad tolerante, empática y feliz.

A esas madres que, con el propósito firme de criar niños libres y con confianza en sí mismos, luchan cada día a pesar de los obstáculos. Esas que crían en contra de la corriente.

Porque no descubro nada cuando digo que son / somos muchas las que sorteamos a diario todo tipo de críticas por la manera en la que hemos decidido afrontar la crianza de nuestros hijos.

 

Nadar en contra

 

  •  Criamos en contra de una sociedad que dice defender la maternidad, pero que a la primera de cambio nos recuerda que somos lo que producimos, y que del tren de la maternidad hay que apearse cuanto antes, porque si te da por querer disfrutar del viaje, ni te molestes en bajarte que ya no habrá sitio para ti.
  • Criamos en contra de nuestras propias madres. Aquellas que, con la mejor de las intenciones, tratan de advertirnos de los «peligros» del exceso de mimos. Las mismas que nos previenen de que nuestra leche es de mala calidad, y que nos ahorraríamos un disgusto si nos olvidáramos de dar el pecho y comenzáramos cuanto antes con el biberón.
  • Criamos en contra de nuestro círculo de amigos, que abogan por una maternidad externalizada y no entiende que sigamos compartiendo habitación y cama con nuestro hijo, o que prefiramos postergar al máximo su incorporación al cole.
  • Criamos en contra de algunos profesionales que insisten en despojarnos del título de mamífera, y ya puestos del de adulta.
  • Criamos en contra de algunos feminismos mal entendidos. Aquellos para los que si elegimos (sí, elegir, optar, escoger) de un modo consciente e informado utilizar nuestro cuerpo para alimentar a nuestros hijos, nos abroncan e insinúan que hemos sido abducidas por el patriarcado, estamos siendo manipuladas y que no sabemos lo que significa el progreso.

Y así suma y sigue…

 

Criar_contra_corriente

 

El enemigo en casa

 

Nadar constantemente en contra desgasta, desgasta mucho. Pero lo más extenuante, lo que más consume nuestras fuerzas, mina nuestra moral y nos agota física y mentalmente, es criar en contra del peor enemigo posible: nosotras mismas.

 

Tropezamos frontalmente contra nosotras, porque cómo concebimos la crianza de nuestros hijos choca radicalmente con cómo vivimos la nuestra propia.

 

Muchas pertenecemos a la generación del «porque sí», «porque yo lo digo» , «aquí mando yo», los castigos y las collejas, y hacemos un esfuerzo hercúleo por alejarnos de eso, por cambiar ese chip con el que crecimos y que tenemos grabado a fuego en el fondo de nuestro cerebro.

Nos hallamos a diario contando hasta diez y repitiendo en voz baja “El adulto soy yo, el adulto soy yo” como un mantra para templar los nervios. Nos miramos al espejo con la certeza de que nosotras somos el verdadero espejo desde donde nuestros hijos aprenden. Tratamos de ayudarles a poner voz a sus emociones, a respetarlas y a estar alerta por si algo falla.

 

Hemos aprendido a desaprender, a sanar heridas del pasado para acompañar a nuestros hijos.

 

Y aún así, dudamos, sufrimos momentos de flaqueza y nos cuestionamos: ¿estaremos andando por el camino correcto? ¿nos estaremos equivocando?

Y de repente nos traiciona nuestro pasado y nos sorprendemos a nosotras mismas gritando y repitiendo todas esa frases manidas que oíamos en casa. Y entramos en pánico porque nuestro ayer está aún hoy demasiado presente, y tal vez sea momento de claudicar.

Pero rectificamos, pedimos perdón y volvemos a la casilla de salida. A intentarlo de nuevo, pegándonos de bruces contra lo que haga falta.
Así que, cuando te sientas exhausta, agotada, y la rutina o las críticas no te dejen ver con perspectiva, no te rindas, recuerda al salmón, cuya tenacidad e instinto le dan fuerzas para seguir en los momentos más duros.

Y por encima de todo, no olvides que nuestro hijos merecen aprender aquello por lo que vale la pena luchar, porque ellos serán el germen de esta revolución.

 

[Tweet «No olvides que nuestro hijos merecen aprender aquello por lo que vale la pena luchar, ellos serán el germen de esta revolución. #AContinuum»]

Salirse de la manada

Salirse de la manada

Las once y media de la noche y mis hijos dándose un chapuzón en la playa. Qué locura, qué divertido, cómo se te ocurre, se van a poner malos, qué irresponsable, esos son los momentos que van a recordar de mayores…. Cualquiera de estos comentarios serían normales según  nuestras vivencias personales, según nuestras creencias o lo que nos quede de ellas.

Cuando nos convertimos en familias tendemos a repetir modelos, a hacer lo que hemos aprendido, a criar como nos criaron nuestros padres y éstos a la vez como lo hicieron nuestros abuelos.

¿Pero, qué ocurre cuando cambiamos nuestro modelo?

A veces el cambio es mínimo e imperceptible, otras es moderado, y otras totalmente radical.

Ocurre que algunas veces, la familia, el entorno más cercano se sienten cuestionados porque no estamos repitiendo lo que ellos hicieron, no estamos haciendo lo que esperaban de nosotros. Para ellos es como si lo hubiesen hecho mal como padres, como abuelos.

¿Cómo es posible que mi hijo lo haga diferente con lo bien que yo lo he criado? Y tienen razón, ellos han criado lo mejor que han sabido con las herramientas que han tenido en su momento.

La cuestión es que nos cuesta salirnos de lo establecido, de lo que hace la mayoría, de lo común. En la crianza como en la vida es muy difícil nadar contra corriente, y por lo general se hace muy duro tener que enfrentarte a lo establecido por la sociedad, por el entorno o como queramos llamarlo.

Ya de por si crear una familia donde la suelen componer dos adultos con creencias diferentes, con distintos modelos de crianza es complicado llegar a un consenso, aún más si le añadimos el tener que seguir a la manada cuando no estamos de acuerdo con algunas maneras de actuar de la misma.

La (p)maternidad viene cargada de miedos propios y ajenos, de crecimientos y de infantilizaciones.

Según en contexto sociocultural en el que vivamos tenderemos a criar de una forma u otra, a vestir de determinada manera, a escolarizar a cierta edad.  Aunque en España la edad obligatoria para la escolarización es a partir de los seis años lo hacemos desde los tres, si viviéramos en Finlandia a pocas familias se les ocurriría hacerlo antes de los seis.

Lo que en un sitio es «normal» en otros puede ser una auténtica locura. 

Las cosas no se hacen ni mejor ni peor, cada familia debe buscar lo mejor que se adapte a su modo de vida, a sus creencias, a sus necesidades y como no, al bienestar de los hijos.

Que lo haga la gran mayoría no significa que tenga que ser lo correcto.

Seguir a la manada te da la seguridad y el confort de pertenecer al grupo,  salirte de ella te abre a nuevas posibilidades.

 

 

 

 

¡¡Que se pare el mundo, que necesito información!!

¡¡Que se pare el mundo, que necesito información!!

Llevo una semana dándole vueltas a ver que escribo, viendo que se me acerca el día y nada, ¡¡y no será porque no tengo ideas!! porque me bulle la cabeza, jjjjjj. Al final, me he dado cuenta, de que llevo días pensando en lo mismo. En la gente, y su forma de buscar información.

En mi caso, soy de la religión de San Google y de las bibliotecas aunque  luego se me olvida entregar los libros y acabo castigada. En fin, a lo que iba, que yo, busco, rebusco, doy mil vueltas a todo, contrasto información, guardo, rechazo, pregunto y una de dos, o me aclaro o me lío del todo, pero al menos, me formo una opinión para luego ir a la persona o personas que se, que me pueden desenredar el follón que tenga, pero ya estaré encaminada en algo, aunque sea equivocada, pero algo es algo.

 

3

 

¿Y esto a qué viene? pues a varias cosas, aunque la que más me ha hecho pensar, es la conversación que tuve el otro día con mi amiga y compañera Esmeralda Solís de Siriñadas, que me dijo:

 «mucha gente se informa más para comprar una lavadora, que para tener un hijo». ….

y ahora muchos diréis que la matrona o la doula os informa, que os compráis las revistas semanales o quincenales , que os leéis toda la información que viene en las cajitas que regalan en el curso de preparto, que os metéis en Internet, veis vídeos o leéis de todo…

Vale, eso lo hemos hecho todos, pero siempre hay un porcentaje de gente que le pilla el tren o que ve que la realidad es otra a la que se imagina, y ahí entran los consejos que os voy a dar

1.-Preguntar, informarse, comparar información, es lo mejor y lo más inteligente, pero si después de mirar en páginas webs diferentes, preguntar en un grupo y que te contesten 23 personas, preguntar en otro y otras tantas personas. ¿Cuándo pretendes parar? ¿estás haciendo alguna estadística y hay que llegar a las 100 personas con la misma opinión. Hazte un favor y no te líes más o acabarás como el anuncio ese de una página de viajes comparando precios y al final tendrás un cacao mental

Foto cogida de un anuncio de Trivago

Foto cogida de un anuncio de Trivago

 

 

2.-Cuando estás perdida y no tienes ni idea de por donde empezar, entra en un grupo o foro y lee o que ya hay escrito, sobre todo, las preguntas frecuentes o las últimas entradas.  Averigua quién te puede dar información fiable. Para mi primera lactancia, tuve de aliado el foro de la Asociación Española de Pediatría, donde veía a las madres preguntar mil y una vez la misma pregunta todos los días. Luego descubrí a mi querida Eloisa y su blog  o Red Canguro y muchas webs , grupos muy fiables o acércate al grupo de crianza más cercano.

Un ejemplo: las preguntas sobre incorporación al trabajo y lactancia, cómo se congela la leche materna, cómo se regula la emeibaby, ¿ cómo se pone una bandolera o si se puede portear a un recién nacido…… Y podría seguir…..

capture-20150717-014233

 

3.- Existen 3 grupos de asesoras: Las que cobran, las que no o las mixtas. En este POST, os explica genial el tema del pago Nohemí. En las asociaciones de crianza, suele haber asesoras que te pueden ayudar gratis, o en las de porteo, pero eso no significa, que estén las 24 horas disponibles. Tú acuérdate de los informáticos, en cuanto les ven, siempre alguien le pide ayuda con algún virus. Pues esto es igual. Es decir, si contratas asesorías, las tendrás en exclusiva para ti, si no contratas nada, ellas tienen familia y trabajo, no te pongas nerviosa, que te contestarán cuando puedan. Evidentemente si contratas una Continuum acertarás jjjjjjjjjjjjjjjjjjjj.

Es decir, crea tu tribu, rodéate de gente que sabe o que al menos te respeta, pregunta, siempre pregunta, pero primero lee, compara, escucha y una vez hecho esto, suelta todas tus dudas

 

 

Los hijos: nuestros maestros

Los hijos: nuestros maestros

Parece como si los bebés vinieran al mundo para enseñarnos lo que nos está costando aprender.

Lo veo en muchas mujeres.

He visto a mujeres exitosas y eficientes disfrutar de la inactividad, de los rodeos, de la pérdida de tiempo…

He visto a mujeres fuertes y exigentes descubrir la ternura que hay tras lo vulnerable.

He visto a mujeres activas y ansiosas aprender a tener paciencia y a ser comprensivas.

He visto a mujeres frías quitarse la coraza y volver a conectar con una sensibilidad que parecía dormida.

He visto a mujeres que se habían masculinizado para adaptarse a un mundo de hombres reconciliarse con su parte femenina, ¡hasta con su menstruación!

Naturalmente que todas somos capaces de crecer y de conseguir ser la mejor versión de nosotras mismas, pero es verdad que muchas de estas mujeres que lo han conseguido han tenido la suerte de que el destino pusiera en su camino un gran maestro: un bebé.

Adoro y admiro la tribu que tengo a mi alrededor. Son mujeres que han sido conscientes de ello, han dado las gracias y han comenzado un proceso de aprendizaje de la mano de su hijo.

Y las admiro porque no es fácil, porque muchas veces las mujeres nos resistimos, no vivimos la llegada del bebé como una oportunidad de mejorar sino que  vemos un ser que viene a ponernos a prueba y creemos que saldremos victoriosas del examen si conseguimos no doblegarnos.

En mi caso, tengo la sensación de que cuanto más me resista, cuanto más me empeñe en no aprender la lección, más duro se pondrá mi bebé conmigo y comenzará a intentarlo por las malas.

Hace solo unos meses que vive dentro de mí y ya me he dado en la cara con todas mis miserias. Te niegas a cuidarte como deberías, mamá, yo te voy a obligar. Te niegas a parar, yo voy a hacer que pares. Que delegues. Que descanses. Que confíes. Que te quieras.

Puedo resistirme, no hacerle caso y pagar las consecuencias (porque sé que las voy a pagar, el bebé no lo va a dejar estar…). Puedo hacer lo que me dice a regañadientes, ceder de palabra y obra, pero no de corazón, y no creceré absolutamente nada. O puedo ser inteligente y darme cuenta de que esta lección tenía que haberla aprendido hace mucho tiempo, que el bebé me está ayudando porque, después de más de treinta años, parece que yo sola no soy capaz.

Reconozco que aún me siento un poco obligada. Estoy aceptando la realidad que mi bebé ha puesto delante de mi cara, pero la estoy aceptando de manera totalmente racional y a base de fuerza de voluntad. Aún no fluyo, vale, pero ¡me siento tremendamente orgullosa de mí misma por haber comenzado este camino!

Mi bebé ha venido al mundo para vete a saber qué propósitos que yo no soy capaz ni de imaginar… Pero, además, ha venido a enseñarme un montón de cosas y a hacer que me replantee mi forma de entender la vida. Va a hacer de mí una persona mejor.

Y siempre tendré a mis otras maestras, mis amigas.
Me quedo con sus frases que os comparto:

  • “Sería una Walking Dead si no llega a aparecer él. Simplemente eso, iba camino de convertirme en una muerta en vida”. V.R.
  • “No creo que ser madre me haya cambiado gran cosa. Sí han cambiado mis prioridades. Ahora ella siempre va primero, por encima de todo y de todos. Y no es un sacrificio, es lo que me piden las entrañas”. A.B.
  • “Mi educación careció de educación emocional, de contacto. Pero con la maternidad se hizo la luz a ese respecto”. A.C.
  • “Yo no creo que los bebés vengan a enseñarnos nada. Otra cosa es que la maternidad te dé la vuelta como un calcetín, eso sí”. M.C.
  • “Es ahora, dos años después, cuando me doy cuenta de lo que le estoy mostrando de mí y me planteo qué es lo que quiero ofrecerle y mostrarle. De lo que estoy convencida es de que gracias a mi hija soy mejor persona”. M.E.
Adiós bebé, hola niño

Adiós bebé, hola niño

Adiós bebé, hola niño

 

Estar de celebración y estar de duelo… contenta pero triste… eufórica pero desanimada…  Así me siento éstos días en los que mi último bebé es cada vez menos bebé y cada vez más niño. En éste carrusel emocional en el que me digo que debería sentirme feliz porque mi pequeño crece sano y fuerte, pero mis entrañas se rebelan diciéndome que está creciendo demasiado rápido y que ya no habrá más barriga de embarazada, ni parto, ni olor a recién nacido, ni ropa minúscula, ni todas esas cosas de “bebé pequeño”.

.

No puedo quejarme, me digo a mi misma. Tengo cuatro hijos, son más de los que suele tener la mayoría. Y no quiero tener más. Aún así, mis entrañas opinan otra cosa, se revuelven cuando ven a un bebé recién nacido, siguen teniendo ansias de vida… Es como una lucha de mi cerebro contra mis instintos primarios ¿estoy completamente loca? Creo que no.

.

Pienso en los demás mamíferos. Perros, gatos, osos, caballos, monos, koalas, vacas, zorros, ballenas… ¿Conoces a alguno que tenga algo parecido a la planificación familiar? Me da la risa sólo de pensar en una pareja de ratones de campo diciendo que “ya se plantan”. También es cierto que no todos los mamíferos tienen una relación tan estrecha con sus hijos ni el grado de implicación de por vida que tenemos nosotros, pero hay un gran número que sí, y ni unos ni otros paran de tener hijos durante toda su vida reproductiva.

.

Por lo tanto, y respetando por supuesto a las mujeres que deciden no tener hijos o que tienen x y no sienten la necesidad de tener más, creo que es, hasta cierto punto, normal sentir deseos de seguir teniendo hijos, a pesar de que “ya se tienen suficientes”. Porque el “suficientes” lo pone nuestra parte racional, nuestro “nuevo cerebro” pero lo cierto es que biológicamente estamos hechas para tener descendencia durante toda nuestra vida reproductiva, como el resto de nuestras compañeras mamíferas. Es desde luego lo que nuestro cuerpo nos pide y por eso seguimos siendo fértiles mucho tiempo después de haber decidido que no vamos a tener más descendencia.

.

¿Tener un hijo detrás de otro? Eso hoy es impensable, al menos en sociedades como las nuestras. Hoy día, que criamos en la soledad de nuestras cuatro paredes. Que somos una o dos personas para criar a 1, 2, 3, 4… Una sola persona o una pareja… dónde antes había una tribu entera.

.

Mi bebé, ese con el que paso 24 horas del día y muchas de esas horas sola, ya corre, habla (a su manera), me lleva la contraria… y yo me lo miro y me pregunto ¿cuándo ha pasado esto? ¿cómo es posible que haya crecido tan rápido? Y a veces la mano se me va instintivamente al vientre, vientre que lo albergó y que no va a albergar a más bebés. Y siento tristeza… y luego siento rabia por sentir tristeza, y luego tristeza por sentir rabia…

.

Hay muchos tipos de duelo. En el caso de la maternidad los más conocidos (aunque no tan normalizados como nos gustaría) suelen ser el de no poder tener hijos o el de perder a un hijo (antes, durante o después del parto). Pero ¿existe también un duelo para la mujer que se despide de su etapa reproductiva? Y no hablo de la menopausia. Hablo de ese momento en el que te das cuenta de que ya no vas a tener más hijos. Ese momento en el que te dices que deberías dejar de girarte cada vez que ves pasar un carrito de bebé. Ese momento en el que te dices que deberías dejar de comprar portabebés porque tu hijo ya apenas quiere ser porteado. Ese momento en el que tu corazón deja de latir por un momento y sientes como si te faltara el aire, como si estuvieras en el fondo de un abismo, ese momento en el que cae una estrella, se hace el silencio y sí, te das cuenta de que ha acabado una etapa y empieza otra.

.

Yo estoy en ese momento ahora mismo… y trato de disfrutar cada segundo que mi bebé “grande” me otorga, olerle, mirarle, portearle, darle el pecho… porque sé que esto se acaba… y quiero y no quiero que se acabe.

Porque llegará el día en el que ya no querrá ir aúpa… ¿os suena esa frase de “se acostumbran a los brazos”? Bien, pues es mentira… tarde o temprano, queramos o no queramos, abren sus alas y echan a volar…

.

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=U1ZoEubNTCo]

 

Y aquí estaremos para ver cómo emprenden el vuelo.

Restaurar la maternidad

Restaurar la maternidad

Hace unos días conversando con una mamá con su bebé al pecho, hablábamos de sus primeros inconvenientes de su lactancia y salió dentro de la conversación lo poco visible que es el amamantamiento en la sociedad, no vemos amamantar a mujeres en la calle y tampoco en nuestro entorno, y ella me dice: como algo tan natural en el ser humano, como lo es andar, conversar, sociabilizar, es tan poco visto, siendo que es la etapa más importante del ser humano, la base de nuestra  alimentación.

Desde esa reflexión es que podemos decir, que es cierto, la lactancia no es visible en la sociedad, pero no sólo la lactancia, sino que la misma maternidad, casi nuestro primer contacto con ella son nuestros propios hijos y llegamos a ellos sin experiencia, pero con mucha información de nuestro entorno, ya sea de familiares, servicios de salud, amigos, vecinos, televisión, medios de comunicación, etc. Llegamos a nuestra maternidad y/o paternidad, con muchas historias contadas, muchas vivencias externas, muchos mitos, mucho de todo, pero muy poco de lo que realmente queremos y sentimos, entonces es el momento donde llegan las dudas y los miedos.

Desde la concepción, gestación, pasando por el parto, la lactancia y hasta la crianza pasamos por distintas situaciones, y sobre todas estas etapas tenemos imágenes e historias ya pre-fabricadas en nuestra mente y muchos de estos escenarios, pueden ser mucho más sencillos de lo nos hacen creer.

 

maternidad

 

Pensemos en el parto,  nuestros cuerpos están preparados para parir a nuestros bebés, si dejamos que nuestros procesos fisiológicos fluyan como deben ser, podemos ver como nuestro cuerpo va cambiando y preparándose para parir, muchas veces en los sistemas de salud y la misma sociedad, ve a la mujer parturienta, como si estuviera padeciendo una enfermedad, se habla de síntomas de parto, se habla de pacientes, siendo que estamos pasando por un proceso natural, el parto es un proceso fisiológico dinámico, que pasa por varias fases, las cuales poseen distintas características, ritmos y tiempos los cuales pueden variar de mujer a mujer, de un parto a otro, es importante conocer estas etapas porque de esa forma la podremos transitar con mayor seguridad y tranquilidad.

Luego del parto, hay una fase critica, la transición la cual es muy importante para inicial la lactancia materna, el bebé recién nacido, posee el programa perfecto para activar a la madre y establecer el amamantamiento, es por ello que no debe existir separación, ese contacto entre la diada no debe ser interrumpido, sin embargo, apenas nacemos somos separados, tocados por otras manos, cargados por otros brazos, bañados, pinchados, medidos, pesados, y si tenemos suerte a la hora recién ya estamos de nuevo sobre nuestra madre, para el recién nacido lo más importante en ese momento es estar en su hábitat, sobre el cuerpo de su madre. Aquí un ejemplo de lo que puede hacer un bebé recién nacido, arrastrarse por si sólo hasta el pecho de su madre.

 

 

Si observamos y vamos conociendo estos procesos, nos vamos dando cuenta que todo puede ser mucho más sencillo, un mujer gestante saludable, puede parir sin problemas, sin complicaciones, pero debe haber un cambio, una restauración de la maternidad en todos sus ámbitos, podemos tener una lactancia exitosa, podemos no dejar llorar al bebé, podemos tomarlo en brazos las veces que queramos, todo el día si queremos, nuestro bebé lo necesita, nos necesita.

Hay tanto que des-aprender, un comportamiento tan natural como es el piel con piel, para bebés prematuros y nacidos a término, tenga que ser válido para el sistema de salud, sólo después de múltiples investigaciones, es porque algo pasa, es porque tenemos que recuperar, recuperar el paradigma original, como nos dice Nils Bergman.

Cuando tengas dudas, te invito a parar, respira y reflexionar sobre tu propio cuerpo, piensa como funciona, siéntelo, siente a tu bebé, en ti y en él puedes encontrar las respuestas.

Madres contra madres, madres contra padres, padres contra madres…

Madres contra madres, madres contra padres, padres contra madres…

Si  eres habitual  de las redes sociales   y/o de la blogosfera maternal seguro que has leído a menudo sobre las guerras entre madres.

Al parecer hay que estar en algún bando.

Hay muchos donde escoger y todas pertenecemos, sabiéndolo o no, a alguno:

.

  • Teta o biberón
  • Estivill o González
  • Colecho o Supernanny
  • Trabajar fuera de casa o quedarse a criar a los hijos
  • Carrito o Porteo
  • Porteadoras con lo básico o coleccionistas de fulares
  • Papillas o sólidos
  • Libertad o límites
  • Escuelas o Homeschooling
  • Y así hasta el infinito…

 

Parece que necesitamos reafirmar lo que hacemos o no hacemos en contraposición con el resto. Es como si siguiésemos en la etapa de la reafirmación desde el No que tienen los niños pequeños.

Personalmente hace tiempo que me hastían los debates en ese tono, tanto las defensas como los ataques. Entre madres me refiero, cuando se trata del ámbito profesional aún mantengo el radicalismo que me da la, hasta el momento,  evidencia científica.

Pero estoy convencida de que el juicio entre madres nunca va a dar nada positivo.

Primero porque a nadie le gusta que otro le enmiende la plana y le diga que lo que hace se debe mejorar, ¡sobre todo si no han preguntado! Y segundo porque en demasiadas ocasiones el juicio no aparece para mejorar la situación del juzgado sino para reafirmar la posición de superioridad de quien juzga.

En ambos casos si lo que se espera es eso: el mayor bienestar de un tercero ( el bebé) el enfrentamiento con su progenitor y/o cuidador,  no es la vía más inteligente.

Como escribía el oro día mi compañera Elena López, el transfondo siempre es la culpa que planea sobre las madres como los buitres sobre los cadáveres que devoran los leones… esperando su parte del pastel.

Culpas, miedos, juicios y castigos

Hemos crecido con la culpa como compañera de viaje, sobre todo las mujeres. Imagino que porque es un medio fantástico de  controlar. El miedo ha sido la herramienta de control por antonomasia, y si no, miremos la historia de la política y las religiones. Si no quieres hacer algo de motu propio, ya se encargaba alguna autoridad de meterte miedo para que lo hicieras aun sin querer.

Conseguir infundir más miedo al castigo que yo te infrinjo si no haces lo que quiero, 

que el que le tendrías a la consecuencia natural de no hacerlo.

Y no hay que irse a la Edad Media ni pensar en el infierno en llamas.
Seguimos viviendo en la tiranía del miedo.
Otros miedos, otros castigos, que al final lo que hacen es quitarnos la capacidad de analizar las consecuencias de nuestras decisiones y la responsabilidad de vivir aceptándolas.

La culpa funciona de forma parecida al miedo con un agravante: nos juzgamos, castigamos y sometemos nosotros mismos, con un criterio que nos viene de fuera, que muchas veces no es real.

Y esa culpa nos muestra una visión de nosotros mismos que es dura de ver por lo que escogemos mirar a otro lado. Y en demasiadas ocasiones por no juzgarnos nosotros, juzgamos a los demás.

Y como el tuerto en el reino de los ciegos, intentamos ver que los demás están o son peores. Como si eso en realidad nos curara nuestra ceguera por muy parcial que sea.
Si no veo de un ojo no me va a devolver la vista que tú no veas de ninguno.

 

Desde la culpa no se construye, en mi opinión, nada duradero. Ser madres ha supuesto para muchas deconstruir muchas de las bases, creencias y principios sobre lo que se asentaba nuestra forma de ver y entender lal vida. Y sin suelo firme donde pisar sólo nos quedó  construir otro nuevo. Hacerlo desde la culpa es poner un mal cimiento.

 

Pongo un ejemplo: Si no he dado la teta sólo me corresponde a mí plantearme, si quiero panteármelo, por qué o por qué no lo hice. Soy adulta, tomé una decisión y soy responsable de vivir con las consecuencias. Y parte de esas consecuncias puede ser aceptar que he influido en la salud de mi hijo y en la propia. Por supuesto tengo derecho a sentir que tomé la mejor decisión posible en  mis circunstacias personales y particulares, o que me faltó información y ayuda. Y tengo derecho incluso a pensar en que me equivoqué. A todo eso tengo derecho. Pero cuando me molesta ver a la que da teta, incluso a la que presume de ello,  y siento en su decisión un ataque hacia mí, no me juzga ella, me estoy juzgando yo. Porque en algún lugar recóndito siento que me tengo que justificar por haber violado alguna ley superior que me dice que tendría que haberlo hecho. Quien ha hecho el trabajo de vivir con responsabilidad no carga contra otros por sus propias decisiones.

 

He puesto ese ejemplo porque es el tema que más ampollas levanta, porque es quizás, el tema que a mí más me ha hecho cambiar mi forma de ver a las madres, los juicios, las culpas y los egos. Porque es precisamente en ese campo en el que más herida he visto y no sólo por dar o no dar teta, sino por sentirse juzgada desde dentro y desde fuera.

 

Y en esta marea de debates y clubs de buenas y malas madres, en el que los requisitos para ser de uno u otro son tan arbitrarios como los propios juicios, aparecen los padres y dicen que quieren entrar en el juego.

Y se crea otro debate  con infinitos debates internos. Y el panorama se convierte en un circo de 3 pistas donde se ven reflejadas las mismas actitudes que en el resto de la sociedad, pero eso sí, envueltas de términos como “consciente” “natural” “responsable” y etiquetados casi a  la fuerza con todo tipo de “ismos”.
Y lo que debería ser una oportunidad de conocimiento y crecimiento para todos, se convierte en un foro y no precisamente de debate, sino de discusión en la peor acepción de la palabra.

 

  • Padres que se sienten fuera porque su mujer da teta y colecha
  • Madres que se sienten incapaces de criar a un marido inmaduro que tiene celos de sus propios hijos
  • Padres que se sienten mal porque quieren que su mujer sea la madre que ellos quieren que sea
  • Madres que no quieren que los hombres entren a opinar sobre maternidad
  • Padres que se sienten molestos porque su mujer decide sobre su maternidad sin tenerles en cuenta
  • Padres que confunden paternidad con maternidad
  • Madres que confunden maternidad con paternidad
  • Padres que confunden maternidad con ataques a la paternidad
  • Madres que confunden paternidad con ataques a la maternidad
  • Madres y padres que confunden maternidad y maternidad con machismo y/o feminismo
  • Padres buscando un espacio propio para entenderse y entendernos
  • Madres que quieren invitar a los padres a sus espacios y vivencias
  • Padres que a falta de espacio propio invaden el ajeno
  • Madres que no quieren invitar a los padres a sus espacios y vivencias
  • Padres y Madres con más ego que sentido común
  • Padres y madres juzgando que los demás tienen más ego que sentido común
  • Madres y padres que escribimos sobre las vivencias de otras madres y otros padres

 

Y digo yo, que soy madre, que estoy divorciada del padre de mis hijos, que he vivido cómo afectan los hijos a la vida de pareja, que vivo la compeljidad de afrontar una nueva relación de pareja cuando tienes hijos que te demandan atención casi exclusiva, que tengo un hijo varón que seguramente algún día será pareja de alguien y/o  padre, que tengo una hija que a lo mejor será madre, con o sin pareja… ¿qué mensaje quiero  transmitirles?

 

Tengo claro el que no quiero:

No quiero que mis hijos crezcan en un mundo de luchas entre bandos.
No quiero que escojan si quieren más a mamá o a papá.
Si mamá y papá siquiera plantean esa pregunta, son mamá y papá quienes necesitan crecer y madurar.

 

Creo en la capacidad de cada ser humano para tomar sus propias decisiones, en el derecho a equivocarse y en el derecho a cambiar de idea.

Soy la madre que puedo llegar a ser dentro de mi objetivo de ser la madre que quiero ser. Con mis incongruencias y mis limitaciones. Y le reconozco el mismo derecho a cada madre y padre que me rodea.

 

No tolero la violencia, ese es el límite de mi capacidad de respeto. Pero tampoco quiero defender ese derecho siendo violenta yo.
Tarea difícil, lo sé, pero en eso estamos. Y como  Martin Luther King, yo también sueño:

 

Sueño hijos criados

 

 

El espejo mágico en la crianza de nuestros hijos

El espejo mágico en la crianza de nuestros hijos

Como la reina malvada de los cuentos yo también he encontrado un «espejito mágico», uno que no siempre refleja lo que yo quiero, aunque es muy fiel a la verdad.

Cada vez que miro a mi hija de 4 años me devuelve una imagen muy real de lo que soy y de lo que hago.

 

Nunca he sido de mirarme mucho al espejo, no necesitaba ver mi reflejo para conocerme y mi aspecto nunca ha sido taaaaan importante como perder horas con él.

 

Sin embargo ahora mi imagen me persigue hecha niña :

 

– Cuando ella se enfada y se calla, pero golpea algo, su silencio es profundo pero te mira y se  va… como yo.

– Cuando su hermana hace algo que no le gusta, después de intentar que la deje tranquila varias veces le gritacomo yo a ella tantas veces.

– Cuando quiere algo «ronronea» a tu alrededor, te busca silenciosa y te hace un poco «la pelota» antes de decírtelo… como yo.

– Cuando algo no le cuadra pone cara de extrañada y se calla hasta que lo analiza y encuentra una respuesta… como yo.

– Cuando no sabe muy bien que le pasa se pone seria y de mal humor… como yo.

– Cuando algo le interesa se eclipsa, se abstrae y ni oye si le hablas… como yo.

– Cuando esta feliz la cara le cambia y se le ve a la legua… como yo.

– … COMO YO.

 

En ocasiones es duro y difícil.

Te hace ver todo aquello de ti que no te gusta, te hace consciente de reacciones que no sabías que tenías, hace que te preguntes: «¿por qué hace esto?» y que encuentres la respuesta: «porque me ve a mi».

 

También es capaz de alegrar tus días y sacarte la sonrisa.

Cuando ves su dulzura, su intensidad, sus ganas de hacerlo bien por sus propios medios, esa manera sutil de ser cabezota. Y vuelves a preguntarte:  «¿por qué hace esto?»,  «porque me ve a mi».

 

hacer lo que tú haces

 

Ser consciente de esto te hace asumir una gran responsabilidad frente a tus hijos, cambia la forma en que ves la crianza.

Te han dicho una y mil veces que no importa lo que les digas a tus hijos, lo «sabes», pero no te lo crees del todo hasta que lo vives. Ellos te ven y hacen lo que tú, tus palabras pierden fuerza frente a tus actos:

 

«Haré lo que tú hagas, no lo que tú me digas»

 

No puedes decirles: «No grites» si se lo dices gritando.

No puedes decirles: «No se lanzan las cosas» si tú las lanzas cuando te enfadas.

No puedes decirles: «No te levantes de la mesa» si tú te levantas cinco veces en cada comida.

No puedes decirles: «No te distraigas» si tú miras el móvil cada 5 minutos sea lo que sea lo que estas haciendo.

No puedes decirles: «Mírame cuando me hablas» si cuando te esta contando algo levantas la vista de sus ojos para mirar la televisión.

No puedes decirles: «Es hora de comer» cuando tú comes un día a las 4 y otro a las 1.

 

Nos empeñamos en poner normas y enseñar a los niños rutinas que nosotros somos incapaces de cumplir.

Nos empeñamos en que aprendan a ser todo aquello que nosotros no somos.

Nos empeñamos en que hagan «bien» todo aquello que nosotros hacemos «mal».

Nos empeñamos en que sean todo aquello que nos gustaría ser, pero que no somos.

 

Dejemos a los niños ser libres.

Dejemos a los niños jugar como niños.

Dejemos a los niños ser como son.

Pero sobretodo dejemos que los niños aprendan cada día, respetando su personalidad, a ser las personas que serán como adultos dándoles el ejemplo adecuado, siendo conscientes de que aprenden de nosotros, mejorando cada día lo que somos, esforzándonos por ser cada día la mejor versión de nosotros mismos.

 

Tendremos aciertos y también fallos.

Enseñémosles a aceptarlos, enseñémoles que no existe la perfección más allá de aceptarnos como somos.

Enseñémosles  que se puede fallar y avanzar.

Enseñémosles  a apoyarse en las personas que merecen la pena, que no hace falta caminar solos.

 

Enseñémosles que nuestro amor por ellos va más allá de todo eso y hagámoslo de la manera que ellos aprenden:

Queriéndoles sin condiciones, con hechos y sin palabras vacías

 

Para educar a nuestros hijos quizás debamos dejar de ser TAN exigentes con ellos y empezar a ser más exigentes con nosotros mismos, sin culpas y sin agobios pero conscientes de que ahora nuestros actos son ejemplo para los más pequeños de la casa y es de ellos de donde realmente aprenden y no de lo que nos empeñamos en repetir una y otra vez de forma hueca.

 

Y tranquilos, si lo olvidamos nuestro espejo mágico estará ahí para recordarnos como somos y como actuamos con el reflejo más fiel y más real, el que nos devuelve nuestra imagen al natural y sin filtros, y cargada de infinito amor y paciencia.

 

Gracias a mis dos hijas que me enseñan cada día cosas nuevas y me crean la necesidad de ser un poco mejor para poder ser el mejor ejemplo y me enfrentan a lo que no quiero mirar de mi para poder cambiarlo.

Si te a gustado no olvides compartir y si te sientes identificada, o no, deja tu comentario para que podamos enriquecernos y crecer un poco más con el debate.

 

Puedes encontrarme en nuestro facebook y en nuestro correo: creciendosinprisa@gmail.com

Portabebés: Sobrevivir en tres aeropuertos.

Portabebés: Sobrevivir en tres aeropuertos.

Como ya os conté en mi post del mes pasado «Mis hijos necesitan a su padre, no necesitan terminar el curso», estaba a punto de marcharme a Nueva Zelanda a vivir. Tras una larga espera, y cuatro meses estando mi marido en el otro lado del mundo y yo en España con nuestros hijos, por fin llegó el momento y nos reencontramos en las antípodas.

 

 

Hoy os quiero contar como ha sido mi experiencia del viaje con dos niños, Adriana de cinco años y medio y Yago de tres y medio.

Decir que fue un viaje fácil sería mentir, porque Nueva Zelanda son las antípodas de España.

Vamos, que si haces un agujero en Madrid y excavas atravesando todo el mundo llegas hasta ahí, a Nueva Zelanda, tierra de hobbits. Fui consciente de lo lejos que viajaba cuando cogí una bola del mundo e intenté alejarme más de España a partir de Nueva Zelanda, y lo único que conseguía era acercarme.

Y, como es lógico, volar hasta allí es toda una odisea:

  • Primer vuelo, Madrid-Dubai, siete horas.
  • Segundo vuelo, Dubai-Bangkok, otras siete horas.
  • Tercer vuelo, Bangkok-Sidney, ocho horas.
  • Y, por último, Sidney-Wellington en tres horas.

En total treinta horas de viaje que, con los cambios horarios que se van produciendo según atraviesas el mundo, se convierten en dos días enteros de viaje.

Las escalas fueron de una hora y media la más larga y, teniendo en cuenta que desde que aterrizas hasta que sales del avión suelen pasar casi 15 minutos y que hay que embarcar unos 40 minutos antes, pues os podéis imaginar mis carreras por los aeropuertos.

En todos los aeropuertos te ofrecen un carrito nada más salir del avión para poder llevar a los niños pero, empujando un carro, arrastrando una trolley y llevando a una niña de la mano, nunca lo habría conseguido.

Mi gran salvación: MOCHILA EMEIBABY TODDLER y toda la colaboración del mundo por parte de mis hijos.

 

 

 

 

Desde un principio les expliqué la importancia de salir corriendo de un avión para poder coger el siguiente y actuaron en consecuencia. De cada uno de los aviones ya salía con Yago con el portabebé a la espalda, Adriana de una mano y de la otra una gran trolley de cabina con ropa de cambio, pinturas, cuentos, tablet y una bandolera por si en un momento dado tenía que llevar a los dos en brazos.

Yago,  el pequeño, fue el más porteado, pero en el penúltimo vuelo Adriana no quiso dormir nada, así que en la última escala no podía con su alma y fue su turno.  Antes de embarcar ya estaba dormida a mi espalda.

No puedo imaginarme como habría cambiado la historia si no hubiera tenido mis portabebés.

Primero la tensión de tener que tirar de dos niños, por la presión del poco tiempo en las escalas, estrés no solo para mí sino también para ellos, que se va acumulando vuelo tras vuelo y escala tras escala.

Es como cuando te empeñas que tus hijos coman lo que tú quieres y la cantidad que tú quieres y ellos se revelan.

Eso provoca que la hora de la cena sea un infierno y sea un momento que no quieres que llegue nunca pero que tiene que llegar sí o sí inevitablemente. Esta situación me hizo sufrir mucho en su momento, ya la superé hace tiempo pero aún recuerdo ese sentir tan horrible.

Creo que la sensación de “no quiero que aterrice nunca este avión por lo que me espera” habría sido muy similar a “no quiero que llegue nunca la hora de la cena”.

Por otro lado se me ponen los pelos de punta solo de pensar en la última escala con Adriana necesitando dormir y yo obligándole a ir andando o llevándole en brazos a pulso.

Así que, como decía al principio, no puedo decir que un viaje a las antípodas sola con dos niños sea fácil, pero realmente y en gran parte gracias a los portabebés, no es tan difícil. A mi no me ha dejado un mal sabor de boca, así que eso no será lo que frene mis visitas a España.

También me gustaría compartir que entre avión y avión, me ha dado tiempo a observar un poquito como se manejaban otras mamás.

Una mamá viajaba sola con dos mellizas de 3 años y un carrito gemelar y cuando le dijeron que tenía que dejar en la puerta de embarque su silla le cambió la cara, no se veía capaz de controlar a las dos niñas y llevar las bolsas a la vez. ¿Se habría evitado un disgusto con un portabebé? ¡Por supuesto que sí!

Me crucé también con muchas mochilas. Con la grata sorpresa que casi todas eran ergonómicas, aunque el porteo no fuera del todo correcto.

Vi muchas con reductores y recién nacidos, que personalmente no recomiendo porque considero que es un apaño, porque la mochila en sí no está preparada ni diseñada para el porteo de un bebé tan pequeño. También vi alguna exageradamente baja y poco ajustada.

Al facturar en Madrid en la cola vi una chica con un bebé en una «colgona» cara al mundo. Ella, muy contenta, aunque totalmente en diagonal hacia atrás recayendo todo el peso sobre sus riñones. Cuando embarcamos ya llevaba a su bebé en brazos sin mochila, en una postura posiblemente más cómoda que la inicial. No pude evitar que en mi cara se dibujara una pequeña mueca en forma de sonrisa maligna mientras que mi cabeza pensaba “normal, así no podía aguantar demasiado”.

Independientemente de si los portabebés que vi eran o no los más adecuados me quedó claro que es una opción bastante generalizada a la hora de viajar con niños.

¿A vosotros os han ayudado tanto como a mi en algún viaje?

 

viaje nueva zelanda

 

Asesoras Continuum
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.