Cualquiera de estas palabras nos incitan a pensar en el placer, placer producido por un buen masaje, por tener contacto, por demostrar afecto mediante una caricia. O también en el placer como algo pecaminoso, prohibido.
Vivimos en la cultura de que hay que sufrir para conseguir algo, que hay que sudar la gota gorda para llegar a ser alguien, que el trabajo es una obligación, que el contacto cuanto menos mejor y del afecto no digo nada porque tenemos que ser duros, que la vida en sí es un sufrimiento y resignación, y tenemos esto tan grabado a fuego que nos olvidamos que merecemos cosas buenas y placenteras.
El placer por placer no es pecado
¿ A quién no le gustaría darse un masaje en este momento?,¿ Quién no disfrutaría de una hora embadurnándose en crema, aceites y dejándose llevar por uno de los placeres más antiguos del mundo?
Hay personas a las que no les gusta, son las menos y no me atrevo a aventurar cuál podría ser el origen de esa extrañeza. Pero de lo que si estoy segura es de que la gran mayoría diría que si.
De sobra es conocido que el contacto genera placer, que libera oxitocina, que relaja, libera tensión, descontractura y que es un gustazo darse un buen masaje.
Pero, ¿nos hemos fijado alguna vez conscientemente, en qué beneficios obtiene nuestro cuerpo y nuestra mente en un masaje relajante?
En el sistema neuroendocrino se produce el aumento de los niveles de varias hormonas:
Suben los niveles de dopamina, por lo que aumenta la capacidad de atención, el estado de ánimo, la capacidad de concentración y también influye en la actividad motriz.
Aumentan los niveles de serotonina, que modula los ciclos de sueño y vigilia.
Aumentan los niveles de endorfinas, algunos les llaman moléculas de la felicidad, ayudan a mitigar el dolor, tanto físico como mental.
Aumentan los niveles de la oxitocina, la hormona del amor. Cuando actúa esta hormona bajan los niveles de cortisól, que produce el efecto contrario, aumentando los niveles de estrés. El cortisól elevado está implicado en enfermedades inmunes, cefaleas, en la alteración del sueño y en el agotamiento continuo entre otras cosas.
[Tweet «Hace poco fui a darme un masaje relajante y lo que sentí me va a costar explicarlo con palabras:»]
Sentí una desconexión total de mi misma, mi cuerpo y mi mente eran dos partes separadas y a la vez conectadas.
Me dejé llevar y dejé sentir a mi cuerpo y afloraron tantos sentimientos que en un momento dado me liberé y lloré, algo se soltó en mi pecho que me sentí libre y tranquila.
Fue tanta la relajación, que llegué a sentir que no era yo la que estaba en la camilla, me veía desde fuera de mi cuerpo, era capaz de verme desde otra perspectiva, de saber quién soy y hacia donde voy. Este punto puede parecer algo místico, pero nada más lejos de la realidad, me subió tanto el nivel de dopamina que sentí una felicidad plena y gozosa, y mi mente pudo pensar con claridad algunos conflictos que tengo conmigo misma, y de ahí mi estado intuitivo.
Sentí mucho placer, placer del bueno, ese que dices: que rico ojalá que no se acabe nunca.
Salí de la consulta tranquila, feliz, plena, conectada conmigo, más yo que nunca.
Les invito a que vayan a darse un masaje por placer a menudo, les invito a que se los den a sus hijos desde el nacimiento, les invito a que no se priven del placer por placer, les invito a que:
Soy Auxiliar de Enfermería. Trabajo desde hace ya unos años en pediatría en un hospital de la Seguridad Social. Y ahora también soy Asesora Continuum, bueno casi, que aún no he terminado :D.
Hace casi dos años, la madre de un bebé prematuro que conocí en el hospital, me planteó la posibilidad de realizar una formación no reglada que me ofrecía la oportunidad de formarme enporteo (que en principio no sabía lo que era), lactancia, conocer el poder y beneficios del contacto, el trato con familias…
Pero sobre todo y más importante: me iba a enseñar a conocer las necesidades de los niños y a aprender a dar voz a los que acaban de llegar a este mundo. Algo que habitualmente no se tiene muy en cuenta y de lo que ya hablé anteriormente. Asignatura pendiente: Comunicación
También aprendería a ofrecer herramientas a los padres, empoderarlos y hacerles ver que sólo comunicándose con sus hijos, serían capaces de tomar decisiones sin tener que delegar más que en sus sentimientos, necesidades y sentido común.
Ah, se me olvidaba, y cómo no, un módulo de emprendimiento. Ese que iba a darme el empujón para desarrollarme profesionalmente fuera del hospital. Ese que iba a hacer que dejase a un lado “ mi mentalidad de funcionario “ y me iba a presentar un mundo diferente al que conocía hasta ahora. Ese módulo que me ha traído de cabeza, pero que ha hecho que nazca un nuevo proyecto dedicado y pensado por y para las familias…
Gracias a Asesoras Continuum Te cuido con-tacto poco a poco está viendo la luz… Este va ser mi granito de arena.
Con mi título de Auxiliar de enfermería, no encajaba en casi ninguna formación reglada relacionada con los temas que me interesaban, ya que todas van dirigidas a personal con titulación superior: enfermeras, matronas, pediatras…
Y a las que sí he podido acceder, que no han sido muchas, siempre se les da un punto de vista muy “técnico” y poco cercano.
A mi modo de ver son formaciones dirigidas a profesionales que tratan con enfermos, no a personas que tratan con personas.
Por lo general en las formaciones que se ofrecen al personal sanitario, “el lado humano“, el lado de las emociones, es fácil que quede en segundo plano, me explico:
– Puedo recibir un curso estupendo sobre lactancia materna, ofrecerme una teoría completísima y explicarme cómo solucionar una obstrucción, una mastitis…
– Pero rara vez me van a enseñar a ir más allá…a buscar el “por qué emocional ” a investigar qué conlleva esa mastitis para una madre agobiada, que posiblemente lo que necesite principalmente, es que la escuchen…
El mundo dentro de un hospital es un mundo aparte, un mundo que quien no lo vive, es imposible que se ponga en nuestro lugar, es un mundo en el que te tienes que hacer fuerte y no implicarte demasiado porque vemos tantas cosas, tanto sufrimiento, que o pones una barrera, o puedes pasarlo muy mal (Esto hay que decir que también supone un aprendizaje).
Es un mundo en el que las emociones, para todos, juegan un papel muy importante.
Pero sigo pensando, que una cosa no quita la otra y nunca debemos dejar de lado el lado humano.
[Tweet » Empatizar no nos hace vulnerables, simplemente nos hace más cercanos.»]
En mi caso, trabajar con niños muy enfermos es muy duro… La relación con las familias que pasan procesos complicados en muchos casos es difícil y agotadora y nadie nos prepara para aprender a llevarlo, ni disponemos de apoyo psicológico en caso de necesitarlo. Así que cada uno lo gestiona como buenamente puede, sabe o quiere.
Este curso suponía para mi un reto personal y por qué no decirlo, realizar un desembolso económico importante, a cambio sólo de conocimientos. No me iban a dar título, ni puntos, ni créditos…
Dentro del microclima hospitalario he aprendido muchas cosas. Dar vueltas por varios hospitales y servicios (entre ellos servicios muy especiales como son neonatología, cuidados intensivos, urgencias…) te da tablas, muchas… Y aprendes y ves muchas cosas, sobre todo desgracias que ocurren en la vida de otros y su sufrimiento…
También vivimos muy buenos momentos y es gratificante, pero esas emociones todos sabemos gestionarlas…
Es una profesión también en la que todos los días se aprende algo y en la que no sabes quién te lo va a enseñar. Es también una profesión que me encanta y disfruto día a día.
Darme cuenta que quien más te enseña es el paciente, a mí en particular, los niños y sus familias, es algo que me ha costado asumir, pero creo que de momento ha sido de las mejores enseñanzas que me ha dado la vida.
Escuchar einterpretar necesidades es algo que desde el punto de vista puramente profesional nunca me había planteado.
Siempre me he limitado a cubrir esas necesidades, siempre las mismas para todo el mundo, generalizando, con protocolos… Nunca me había cuestionado por qué lo hacía, era mi trabajo y punto…
Ahora puedo decir que me siento mejor profesional ejerciendo el mismo trabajo.
Por eso para mí, Asesoras Continuum es LA FORMACIÓN, la formación que me ha abierto los ojos y me ha dado la oportunidad de darme cuenta de que es fundamental conocer y tratar a las personas de manera individual, aprender a valorar sus necesidades y por qué no, a anticiparme siempre que sea posible.
Ser Asesora Continuum y ser personal sanitario no está reñido, es más, creo que esta formación debería ser una asignatura más .
Ser Asesora Continuum le ha dado voz a los niños con los que trabajo.
Ser Asesora Continuum es no sentirme el ombligo del mundo dentro del hospital, de cara a las familias, sólo por llevar un pijama de muñecos.
Ser Asesora Continuum ha dado sentido y sensibilidad a muchas situaciones del día a día.
Ser Asesora Continuum me ha hecho mejor profesional y mejor persona.
Ser Asesora Continuum es saber respetar.
Ser Asesora Continuum es dejar decidir
Ser Asesora Continuum es no juzgar.
[Tweet «Si alguien me dice hace un año que ser Asesora Continuum era todo esto, nunca lo hubiese creído. «]
-«Su bebé tiene displasia de cadera, debe llevarla al traumatólogo, aquí tiene una recomendación, no se preocupe todo está bien, nos vemos al siguiente control». Salía de la consulta del pediatra llena de pena y miles de preguntas, ¿qué pasará ahora?, ¿qué debo hacer?, ¿qué le pasa a mi hija?, ¿qué hice mal? Lo recuerdo claramente, me sentía muy mal, sentía que todo era culpa mía.
Llegué a casa y llamé a mi pareja y a mis padres, recuerdo que lloré en todas las llamadas, de verdad no tenía idea de que se trataba, y aún menos sabía que yo también había tenido displasia de cadera cuando era un bebé.
Y desde ese punto comenzó mi búsqueda insaciable por internet.
Poco a poco mi búsqueda me llevó a miles de respuestas y artefactos varios para tratar la displasia, uno de ellos era mi amado fular, un nuevo beneficio para mi amado porteo, sería nuestro gran aliado en esta nueva aventura juntas. Fue un descubrimiento maravilloso, porque porteabamos desde sus 10 días de nacida, no de la mejor forma, pero esto sería una invitación para seguir probando y practicando nuevas formas de portear.
Llegó la hora del traumatólogo y partimos en nuestro fular, el doctor nos miró bien raro al vernos con una tela envueltas, pero no dijo absolutamente nada. Revisó a mi pequeña y miro los rayos, nos explicó detalladamente de que se trataba y el tratamiento que íbamos a seguir. Si todo iba bien, seguíamos sus indicaciones, a los 5 – 6 meses ya no seguiría usando las correas de pavlik. Ya en la segunda consulta mi pequeña comenzó con su tratamiento.
Era extraño verla así, movía muchos sus piernas jugando con ellas, su cara seguía siendo de felicidad.
A pesar de todos los miedos que sentía, mi pequeña se estaba adaptando mucho mejor que yo a esta nueva aventura.
Pasamos por muchas cosas durante su tratamiento, me agobiaba en ocasiones, pensando que ella se sintiera muy limitada en sus movimientos, y la verdad es que nunca se quejaba, además que el movimiento se lo entregaba en mayor parte yo, porque la porteaba casi todo el día.
Recuerdo que una de las recomendaciones del traumatólogo, fue cargarla a la cadera y fue cuando comencé a practicar nudos en mi fular a la cadera y me hice mi primera bandolera. Cabe mencionar que el porteo a la cadera es la alternativa más recomendada en casos de displasiaaquí la información.
Esta aventura sin duda, me acercó mucho más al porteo a descubrir nuevos nudos, más información y nuevos portabebés , también fue un empujón más para mi emprendimiento, con la información que iba recopilando podía dar a conocer con más propiedad los beneficios del porteo en cuanto a la displasia de caderas. Y entre las madres con quien conversaba sobre porteo y displasia conocí a una gran amiga y mi hija igual a su mejor amiga.
Esta gran aventura ya casi 5 años, recuerdo con ternura los primeros meses, fueron de cultivar mucho mi paciencia, sobre todo por tener que sacar y colocar en cada muda las correas, los sentimientos de culpa que no nos abandonan fácilmente en este camino de maternidad, también como iba con mucha ilusión a cada consulta médica esperando que me dijera por fin ya se las puedes sacar, pasamos alrededor de 5 meses con el tratamiento, pasamos de usarlas día y noche a sólo la noche, hasta que finalmente ya no las utilizamos más.
Esta experiencia sin duda nos entregó grandes momentos y sobre todo contacto mucho contacto, no estaba cómoda en la cama o en una sillita, aún no se sentaba, así que el lugar más cómodo para ambas siempre fue en brazos, fueron meses de mucha observación, de mucho contacto, de comunicación , la mayor parte del tiempo estaba sobre mí, en mis caderas, con y sin portabebés, con y sin teta.
[Tweet » El porteo fue nuestro gran aliado, nos embarcó juntas en esa bella aventura, de sanar y estimular de forma continua #PorteoSanadorContinuum.»]
El mes pasado vimos como portear delante de forma no hiperpresiva con fular. ¿has practicado estos nudos? ¿Qué te parecen? ¿Has notado diferencia con otros que usabas habitualmente?
Hoy seguimos la dinámica del porteo no hiperpresivo pero ahora vamos a por los nudos a la cadera con fular también.
Estos nudos suelen ser no hiperpresivos, aunque no lo son todos, te voy a mostrar los que SI lo son.
Simple a la cadera: Puedes ver como se hace aquí con la ayuda de Elena López
Rocío López, de Acercarme a Ti. Asesora de Porteo De Monitos y Risas, nos muestra como queda este nudo.
Popins a la cadera: Sigue estas instrucciones para hacerlo. Por Elena López
Esmeralda Solís directora de Siriñadas, Asesora Continuum de la 1ª promoción y actualmente profesora de Asesoras Continuum nos enseña el Popping a la Cadera
Rebozo a la cadera: Aquí podrás seguir los pasos uno a uno por Elena López.
Ana Cotarelo de Roxoninos, Asesora de Porteo Mimos y teta y en formación como Asesora de Porteo Monitos y Risas luce este nudo estupendamente.
Canguro a la cadera: En este video Elena López lo explica muy bien.
Manuela Casado de «Creciendo sin prisa», Asesora de porteo Mimos y Teta y Asesora Continuum de la 2ª promoción nos muestra el Canguro a la Cadera
Bucle a la cadera: Este nudo se puede terminar dando un rodeo a la cintura o debajo del culete del pequeño, si elegimos esta segunda opción tendremos un nudo acorde con lo que estamos hablando. Nohemí Hervada nos explica en este post cómo hacerlo.
Fayna Clavijo (yo) Asesora Continuum y Asesora de Porteo Mimos y teta (en formación ambas) directora de ¡Qué Tierno!
Pero esto no acaba aquí, próximamente veremos más nudos y más porteo NO HIPERPRESIVO®.
Hablamos, hablamos, hablamos… pero ¿escuchamos de verdad?
Preguntas, preguntas y más preguntas… pero ¿de verdad queremos oír la respuesta o sólo preguntamos para poder dar luego nuestra opinión o para obtener un beneficio propio?
Últimamente las circunstancias me han obligado a abrir un poco más los oídos que de costumbre. No quiere decir que antes no escuchara, sino que me he parado a analizar un poco más la forma de escuchar que tenía.
Todo eso me ha llevado a reflexionar sobre la forma que tenemos de dirigirnos a los niños y la forma que tenemos de escucharles.
Siempre he intentado que mi hija se comunique conmigo. Cuando la he visto triste o apagada la he preguntado: “¿Estás triste? ¿Por qué? ¿Es porque… bla bla bla?” Exponiéndole yo el por qué creo que esta triste. Así pensaba que estaba ayudándola a identificar los sentimientos y pensaba que se sentiría comprendida.
Me he dado cuenta que muchas veces damos por sentado que se sienten de una forma determinada, que les pasa lo que nosotros creemos que les pasa, pero realmente no les dejamos expresarse o no les escuchamos correctamente.
Mi hija Adriana, de casi 6 años, está experimentando muchos cambios de golpe. Nos hemos ido a vivir lejos de la familia y de los amigos. Cambio total de país, entorno y de idioma. Para una niña sociable y muy expresiva, empezar en un colegio nuevo sin conocer el idioma y en un país en el que hasta el lenguaje corporal es distinto, está claro que cuanto menos implica una adaptación nada fácil.
Todo esto ha afectado en su comportamiento y yo creo saber cómo se siente. Pero:
¿se lo he preguntado o he dado por hecho que se siente de una manera determinada?
A pesar de querer ayudarla a identificar los sentimientos muchas veces les asignamos el sentimiento que nosotros creemos.
¡ERROR!
Cuando me he percatado del error que estaba cometiendo con ella he decidido hacer un juego:
LA RULETA DE LOS SENTIMIENTOS.
Hemos pintado un círculo y lo hemos dividido por quesitos, como en el Trivial. Juntas hemos ido haciendo una lista de sentimientos, positivos y negativos, y coloreando cada quesito de un color con tres intensidades distintas. En el vértice clarito, en el medio un poco más oscuro y la parte exterior más oscuro. Ella ha asignado a cada sentimiento un color y lo hemos coloreado juntas. Cuanto más intenso es el color mas intenso es el sentimiento.
De esta forma ya no la pregunto si está contenta o si está triste, sino que la pregunto con la ruleta delante:
“¿Cómo estás?”
Cuando se le ocurre un sentimiento distinto vamos poniéndolo en otro círculo para ir completándolo. Yo intervengo cuando me dice que no es ninguno de los sentimientos que tenemos escritos y entonces juntas buscamos el que se corresponde.
¿Os habéis percatado en alguna ocasión la conversación telefónica que puedan mantener un niño y un adulto? Al niño le suele gustar hacer muecas, dice “mira” como si a través del auricular se pudiera ver, y pregunta «¿dónde estás? ¿qué haces?». Pero el adulto suele empeñarse en no escuchar y preguntar él. Un bombardeo de preguntas sin escuchar lo que realmente quiere decir el niño.
A los niños también les gusta preguntar y que les contesten, que les cuenten a ellos. No solemos darles tiempo, preguntar y esperar a que contesten, interesándonos de verdad en ellos.
Cuando preguntamos a un niño: “¿Qué tal?” normalmente ya sabemos la respuesta y simplemente lo hacemos porque es muy gracioso ver como interactúa un niño. Si de verdad queremos saber cómo está un niño le preguntamos a la madre, como si lo que dijera el pequeño no tuviera tanto valor.
Sin embargo dale el teléfono a dos niños y son capaces de jugar, de divertirse, y de repente se cuentan sus cosas, lo que han hecho y donde han ido. Tranquilamente. Justo lo que esperamos escuchar los adultos cuando estamos al otro lado de la línea.
Pido disculpas a tantos niños con los que yo he actuado así. Es lo habitual, lo normal, pero no lo más respetuoso.
A todos nos encanta escuchar a un niño contarnos lo que sea, pero ese «lo que sea» para el niño no es cualquier cosa. Son aquellas cosas que para él son importantes: sus vivencias, sus experiencias, sus sentimientos…
Imaginaos que os preguntan qué tal en el trabajo y, cuando empiezas a contar, te das cuenta que da igual lo que digas, que en el fondo no les interesa lo que cuentas sino que sólo les parece entrañable o gracioso tu forma de contar las cosas.
¿Cómo te sentirías?
[Tweet «Hablamos, hablamos, hablamos… pero ¿escuchamos de verdad? #AContinuum»]
Mujeres y parto. Si hay algo que me ha apasionado estos últimos años, es leer relatos de partos. Leer historias de mujeres reales que han recorrido todo un camino hasta tener a su bebé en brazos.
Algunas de estas historias cuentan concretamente lo que acontece al parto y nacimiento, otras se van más allá en el tiempo y cuentan su búsqueda hasta el embarazo, para algunas un recorrido que lleva años y años. Y sentimientos como tristeza, alegría, paz, esperanza, resignación, felicidad, inundan el texto y lo traspasan, y me llegan, y se me hacen carne.
De tantos relatos que llevo leídos durante años, retengo palabras, sensaciones, colores, olores y sentimientos. De muchos me quedan frases. De muchos me quedan situaciones. De todos me queda la sensación extraordinaria de ser espectadora de un momento único y sublime.
Leo relatos para sentir que comparto con otras mujeres, como yo. Leo relatos porque me apasiona estar del otro lado palpitando un proceso cuyo final ya conozco. Leo relatos porque en este universo, el del nacimiento industrial, siento que las palabras hay que socializarlas, para darles la entidad de experiencias únicas e irrepetibles, que es lo que son. Y finalmente, leo relatos porque aprendo. Aprendo de la experiencia ajena y aprendo del hacer ajeno. Aprendo de las situaciones únicas, que también se pueden repetir luego en otros partos, para tratar de que si suceden en el mío, no me agarren desprevenida. Tomo distancia por momentos y analizo si ese hubiese sido mi actuar de estar en el misma situación. Analizo el actuar de quienes acompañan.
Para mi parto tuve que hacer todo un recorrido personal, de preguntarme, indagar, y volver a repensar. Mi partera y mi doula, fueron los pilares principales para ese cuestionarme. Y es que mi parto no iba a ser sencillo; querer parir después de dos cesáreas es toda una odisea, un atrevimiento.
Iban pasando los días y mi parto no se desencadenaba. Así que para liberar mi mente y ocupar mi tiempo, me puse a trabajar en mi “altar de parto”.
Para él fui juntando y armando distintas cosas que quería me acompañasen, objetos, imágenes y frases. Pinté algunos dibujitos, porque aunque las artes plásticas no son lo mío, pintar me relaja. Y una de los dibujos que pinté, fue el Árbol de las Mujeres de mi Parto.
En este dibujo, hice un árbol, donde en cada hojita escribí luego el nombre de una mujer, compañera, amiga y otras, mujeres desconocidas, cuyo relato, experiencia y amistad, me había acompañado en todos estos años de buscar parir. No fui supersticiosa, y en el dibujo, así como estuvieron presentes mujeres cuyos partos habían sido experiencias envidiables, también tuvieron su lugar compañeras que habían tenido pérdidas gestacionales, partos traumáticos, partos dolorosos, separaciones tempranas con su bebé, cesáreas. El camino de parir es uno, pero el transcurrir es infinito. Quería sentirme empapada de todas las experiencias, porque eran experiencias de otras mujeres, mujeres amadas por haber parido con el cuerpo, con el alma, y muchas veces, con el dolor.
Y así fue como al comenzar el trabajo de parto, a mi mente venían frases ya leídas, ya escuchadas, ya pasadas por el corazón, de mujeres que habían atravesado la experiencia de parir antes que yo, mujeres que me habían precedido y así, abierto camino. Y a mi corazón vinieron tantas, tantas, tantas mujeres amorosas a acompañarme, que finalmente, parí sola en el baño de mi casa, sola acompañada por mi marido porque no dí tiempo a llegar a mi partera.
Parí sola, acompañada de miles de mujeres que estaban ahí conmigo.
En estos últimos días, donde la noticia de nuevos bebés que se van haciendo lugar en el útero de mujeres amigas, donde nuevos bebés llegan a este mundo rodeados de amor, no puedo dejar de recordar a las mujeres de mi parto, deseando yo también estar un poquito en aquellos partos de mujeres que aprecio, en nacimientos llenos de ilusión, amor y oxitocina.
Cuando nacen nuestros bebés son como pequeños desconocidos que entran en nuestras vidas. No siempre sabemos cómo reaccionar a su llanto, qué es lo que necesita, ni siquiera si necesita algo, ¿se habrá hecho pis?, ¿tendrá hambre? ¿necesita contacto? Conectar con nuestro bebé nos ayudará mucho más de lo que creemos y es mucho más fácil de lo que crees.
Estas son tres cosas que te ayudarán a conectar más y mejor con tu bebe:
1. Portea a tu bebé.Portear no sólo proporciona una gran oportunidad de unión para ti y tu bebé. Además, los bebés porteados tienden a llorar menos y a nosotras nos devolverá una actividad más parecida a la que teníamos antes de nacer nuestros bebés que nos valoriza y reconforta en nuestro papel de mujeres y madres. Puedes hacer cosas y ocuparte a la vez de tu bebé, pegado a ti. Además favorece el establecimiento de la lactancia.
2. Observa sus gestos. El bebé es capaz de expresarse mediante los gestos si somos capaces de diferenciar esos gestos. Al principio no somos capaces que gesto significa qué ni que tipo de gestos hace. observándole llegarás a saber que cuando guiña el ojo hace un pis, o que cuando hace esa mueca tan divertida ha hecho caca.
Para eso tenemos que observarle a menudo y todo lo que podamos. Gracias al porteo estarás en lugar privilegiado para hacerlo. Disfruta de mirarle, pronto habrá crecido y cambiado.
Conocer sus gestos también puede ayudarnos en momentos de estrés del bebé facilitando nuestra reacción de manera adecuada y acompañarle mucho mejor.
3. Haz piel con piel. Portear y hacer piel con piel no es lo mismo, aunque sin duda, se parecen. Cuando estés en casa procúrate momentos exclusivos para tí y para él. Deja a tu bebé sólo con el pañal, y tú o papá sin camiseta o por lo menos con el pecho lo más descubierto posible y poneros pegaditos piel con piel.
Verás como la sensación para los dos es increíble, querrás repetir una y otra vez. Huele a tu bebé. No necesitáis más estímulo que el agradable contacto y calor humano del cariño.
Si la temperatura de la habitación es menor de 22º cubre sus pies o cubríos ambos con una mantita, sábana o tela manteniendo el calor entre vosotros mediante el contacto.
Y por último algo que no siempre hacemos y que es mucho más importante de lo que nos creemos comunícate con tu bebé,háblale. Cuéntale lo qué váis a hacer juntos y lo que no. Qué es lo que vas a hacer, antes de hacerlo. cuéntale a tu bebé todo lo que ocurre, va a ocurrir o ha ocurrido ya. Esto es especialmente importante si habéis sufrido separación tras el nacimiento.
Tu bebé no necesita entender, necesita sentirse acompañado, saber que estás y que tú le cuentas todo y poco a poco verás que te entiende perfectamente, y que se siente acompañado. Además esto tiene el poder de relajarte también a ti y ayudarte a exteriorizar tus inquietudes sabiendo que él también sabe, porque ya lo sentía aunque tú no se lo contarás.
Hoy me gustaría poder compartir con vosotras cómo el porteo ha influido en mi vida. Cómo sin él no habría podido volver cuanto antes a hacer lo que más me gusta: Bailar.
Soy bailarina profesional de tribal fusión, pionera en introducir esta danza en Valencia y una de las pocas profesoras de este estilo en Valencia. Tengo la gran suerte de tener como profesión mi vocación y mi pasión.
Desde que tengo uso de razón he bailado. La danza ha sido mi forma de expresarme y de vivir mi vida. Las pocas y contadas épocas en las que no hubo danza fueron épocas difíciles y hasta que no volví a poner la danza en mi vida no volví a ser yo misma.
Cuando tuve a mi primera hija, Marina, era muy joven, tenía 18 años, y aunque mis padres me apoyaron y me ayudaron en todo lo que pudieron, fue muy duro. No hubo danza, ni lactancia, ni colecho, y por supuesto no hubo porteo. Crié a mi hija lo mejor que supe pero me dejé llevar por aquella crianza que me impusieron mis padres, ya que vivíamos con ellos, y en mi desinformación me dejé llevar.
No me imaginaba que las cosas se podían hacer tan diferentes a como me las enseñaron, que sí se podía criar como mi instinto me dictó, pero que yo reprimí porque contradecía lo que mis padres, pediatras, y cualquier persona con más edad que la mía me decían que debía ser. Así que cuando me volví a quedar embarazada no lo dudé ni un segundo, esta vez todo sería diferente, todo se haría a mi manera.
Doce años después llegó mi segunda oportunidad, estaba embarazada de nuevo. Así que durante el embarazo bailé, bailé acunando en mi útero a mi pequeño, sentía cómo cuando bailaba él se quedaba quieto, sintiendo el movimiento que se generaba entre ambos, sintiendo cómo nos compenetrábamos, cómo se relajaba y lo bien que me sentía cuando nos mecíamos juntos entre la música.
Bailé hasta pocas semanas antes de que mi pequeño naciera, aunque a nivel profesional mi última actuación fue estando de 30 semanas. Bailé con mis compañeras una fusión con flamenco y así mi hijo bailó dentro de mi ante el público que se maravillaba de que bailase con semejante barriga.
A las semanas de nacer Lucas fue cuando empecé a portear, con el fular comprobé lo cómodo que era poder llevar a mi pequeño junto a mi todo el rato, podía darle de mamar en cualquier momento, en cualquier lugar y sin apenas hacer nada, un pequeño cambio en el fular o bandolera y ya está.
Todo un mundo de posibilidades se abría ante mi
Poco a poco, en casa, me empecé a poner a Lucas en el fular, bailaba suavecito y él encantado, parecía que recordaba el baile, le tranquilizaba, le dormía. Qué gozada era poder volver a bailar y poder hacerlo sin despegarme de mi pequeño. Gracias a la ayuda de Red Canguro aprendí como ponerme a mi pequeño a la espalda, pues tenía una idea en la cabeza: actuar con mi niño.
Llegó el día en que me sentí suficientemente segura como para poder bailar con él en la espalda y ante un público. Así que me fui a la quedada de Red Canguro con una pregunta más: “ ¿Podéis enseñarme acabados bonitos para que me quede el fular apañado para bailar?” Y casi como si se lo hubieran preparado las chicas saltaron: “ ¡¡El Pindonga!!” jaja. Ahora es mi nudo estrella.
Y llegó el 1 de Noviembre de 2013 y fue el momento en el que sentí que todo estaba bien, que el niño quería, y yo lo deseaba y junto a mis compañeras volví a poner un pié en el escenario con mi pequeño.
Mil emociones me invadían, después de tantos años de actuar volvía a estar nerviosa antes de salir, pero esta vez mi preocupación era si Lucas estaría a gusto mientras bailábamos. Y cuando empezamos a bailar no podía contener mi sonrisa de lo emocionaba que estaba, de sentir a mi pequeño tranquilo y dormido en mi espalda, de sentir cómo todo cuadraba. Era tal y como tenía que ser.
Aquí os dejo el video de ese momento tan bonito de mi vida que me gustaría compartir con vosotras y que sin el porteo no habría sido posible. Y con esto te animo a que no dejes de hacer las actividades que más te gustan, ¡mejorarlas en compañía de tu bebé! porque es mucho más bonito y se disfruta mucho más.
Lo confieso: hace tres años, un mes y un día que nuestro hijo nació por cesárea y desde entonces… uso bragas de abuela.
Poco se habla del cuerpo post-maternidad, de las cicatrices físicas y emocionales y sus consecuencias en el día a día por lo que hoy me he animado a contaros mi realidad, y seguramente la de más de una mujer.
Vivimos un auténtico tormento en el nacimiento de nuestro hijo, pero eso es otra historia, hoy solo me preocupa el final: cesárea. Esa cicatriz que va de lado a lado en la línea del bikini, si ese lugar donde yo solía llevar bragas y tangas bonitos, se ha convertido en la zona «0» de mi cuerpo.
Tres años, un mes y un día después, todavía hoy me molesta incluso a la tarde-noche, duele, la cicatriz si hay algo encima. Es decir, si llevo bragas o pantalones que queden justo ahí, necesito arrancarlos de cuajo para dejar de sufrir. Porque las cicatrices, señoras y señores, duran toda la vida. Algunas, solo se notarán a la vista, y otras, molestarán casi todos los días, o de vez en cuando, o se harán notar al adelgazar o engordar, o al envejecer, o en un nuevo embarazo… quién sabe.
Por lo que tras muchas pruebas de distinta ropa interior y pantalones, hace ya bastante tiempo que desistí y me pasé a las bragas de abuela. Llevo bragas altas, altísimas para que la cicatriz no se queje, sin costuras, de esas que te hacen sentir de todo menos una mujer joven y sexy, y en cuanto puedo… fuera ropa interior, porque aunque lleve de esas bragas, por el atardecer ya empieza a molestar, a oprimir.
Mujer, de 28 años lleva bragas de abuela… y parece que será para siempre.
A veces me topo en el cajón con la poca ropa interior especial que me resisto a tirar, fantaseando que algún día esa zona no molestará… incluso me la pongo y aguanto un rato, me miró al espejo y busco la mujer que era antes de esa cicatriz. Alguna vez me he comprado algo más sexy pensando en que podré utilizarlo aunque sea un rato… y ahí se quedan, en la parte de atrás del cajón…
Porque muchas veces, esas cirugías mayores que nos describen como “40 minutos y ya está” duran toda la vida, y no solo en nuestro corazón, en la herida emocional y psicológica que pueden llegar a crear, si no que la marca que queda en el cuerpo, puede resentirse toda la vida, y no solo delante del espejo, si no en todo.
Yo llevo bragas de abuela por una cesárea. Muchas otras por episiotomias, …
Y a ti… ¿la maternidad te cambió la forma de vestir?
Ayer fue fiesta en mi pueblo. Día de procesión. Es el día en el que empieza todo y como ya había ganas de jaleo también era día de aglomeración.
Como un pueblo pequeño como el mío, las fiestas patronales de verano suelen esperarse con muchas ganas. Es tiempo de estar en la calle, de reencontrarse con la familia y los amigos, con la gente a la que solo ves esos días en el año…
Pero claro, como todos pensamos lo mismo al final nos vemos en medio de un tumulto de gente donde no siempre es fácil moverse, y menos aun con niños.
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Por eso hoy quiero contarte mis 8 motivos para portear en las fiestas del pueblo.
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1.Evita el traqueteo en las calles empedradas. Las calles del centro, donde se desarrollan principalmente las actividades, están empedradas y muchas son bastante empinadas. Mi pueblo es precioso y las calles así contribuyen a ello, aunque esta preciosidad no hace precisamente cómodo andar con un carrito. Portear te ahorra el traqueteo.
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Plaza de Santa María con el típico empedrado de las calles y plazas de Arjona.
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2. Evita barreras arquitectónicas. Al ser un pueblo con historia sus calles estrechas y retorcidas que normalmente no son demasiado fáciles de transitar se hacen casi imposibles al llenarse de puestos callejeros de venta ambulante, las aceras desaparecen y las barreras arquitectónicas aumentan. Dejar el carro en casa es una buena opción.
3. Te facilita moverte en las aglomeraciones. Cuando hay algún acto importante a todos nos gusta participar por lo que muy fácilmente se forman aglomeraciones, mucha gente en espacios relativamente pequeños, cuanto menos espacio ocupes más fácil es moverte. El volumen de un carro dificulta considerablemente acudir a estos actos. El porteo te facilita poder ir a todas partes y moverte con facilidad.
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Plaza de Santa María durante la procesión
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4. Permite a tus hijos estar a la altura de la actividad. Los niños, siempre curiosos quieren formar parte de la novedad, enterándose de todo y participando en todo. Llevar un portabebé hace que estén a una altura que les permite interactuar con el ambiente sin necesidad de subirles en brazos, lo que es tremendamente cansado y dañino para la espalda (te lo digo yo que soy fisioterapeuta).
5. Necesitas menos espacio. Después de un acto importante toca tomarse una caña (sin alcohol si estáis con lactancia materna). Llegas a un bar con un grupo de amigos y 2, 3 ó 4 carritos, imposible encontrar una mesa con tanto espacio alrededor, si intentas coger un lugar en la barra es aún peor. La solución es de nuevo un portabebé ergonómico que ademas de ahorrar espacio facilita que tengas a los más pequeños controlados sin necesidad de agacharte constantemente a ver si están bien.
6. Puedes dar el pecho en cualquier lugar. Claro que con tanto ajetreo a tu peque le ha dado hambre, buscar un lugar donde sentarte, cogerle en brazos y darle el pecho… ¡Ah no! si no es necesario, reajusta un poco el portabebé bajando al niño y podrás darle el pecho cómodamente sin moverte del sitio. El porteo ha vuelto a salvar tu vida social.
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Amamantar en portabebé es posible en cualquier lugar
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7. Puedes atender a más de un niño a la vez. Si tienes un hijo mayor al que atender, como siempre, sean fiestas o no, el porteo te ayuda dejando que tengas las manos libres y puedas atender al mayor sin tener que dejar al pequeño en otro lugar.
8. Si los peques se duermen… Y ahora llega la pregunta estrella: «¿Y si se duerme?» Pues si se duerme simplemente sujetale la cabeza, si es que no la llevaba sujeta ya. Con la capucha del portabebé o simplemente subiendo un poco la tela ligeramente por encima de su oreja.. y listo, continua disfrutando con lo que estabas haciendo.
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Estas son algunas razones por las que portear en fiestas hace más fácil tu vida con un bebé, ademas de los beneficios que habitualmente tiene el porteo que puedes ver aquí.
Recuerda que para que el porteo sea respetuoso con tu cuerpo ademas de ser seguro para el bebé debe ser porteo no hiperpresivo, algunas compañeras te han hablado de ello aquí y también nuestras formadoras lo han hecho aquí.
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Si en estas fiestas quieres portear y disfrutar estos días especiales de otra manera, con tus hijos, no olvides que puedes encontrarme en nuestro facebook y en nuestro correo: CreciendoSinPrisa@gmail.com
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Y con permiso de todos los que no sois arjoneros: ¡ FELIZ FIESTASANTOS !
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